Reencuentro: vendido por EI, un chico yazidi recuperó su familia

Ayman estaba en poder del grupo jihadista y fue comprado por US$ 500 por unos musulmanes; el ejército lo devolvió a uno de sus tíos
Ayman estaba en poder del grupo jihadista y fue comprado por US$ 500 por unos musulmanes; el ejército lo devolvió a uno de sus tíos
Isabel Coles
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3 de febrero de 2017  

Ayman, junto a su abuela tras regresar con su familia, en Irak
Ayman, junto a su abuela tras regresar con su familia, en Irak Fuente: Reuters - Crédito: Muhammed Hamed

RASHIDIYA, Irak.- Su nombre era Ayman, pero la pareja que llevó al chico de regreso a su aldea iraquí de origen tras pagar 500 dólares por él decidió llamarlo Ahmed.

Las milicias de Estado Islámico (EI) habían asesinado o esclavizado a los padres de Ayman durante su purga de la minoría religiosa yazidi, a la que pertenecía la familia, y luego vendieron al chico de cuatro años a una pareja de musulmanes llamados Umm y Abu Ahmed.

Durante los 18 meses que el chico vivió con la pareja, sus parientes lo dieron por muerto, uno de los miles de yazidis desaparecidos desde que los extremistas arrasaron con sus hogares, hecho calificado de "genocidio" por Naciones Unidas.

La semana pasada, cuando las fuerzas iraquíes recuperaron el este de Mosul y los alrededores, encontraron a Ayman y se lo restituyeron a lo que quedaba de su familia. Y si bien el reencuentro fue motivo de alegría, romper el vínculo de Ayman con sus padres adoptivos también trajo un dolor nuevo.

En su hogar de Rashidiya, al norte de Mosul, Abu Ahmed muestra las fotos del chico que conserva en su celular: "Acá está andando en bicicleta, y acá en el living de casa. Ese era su juguete preferido". La idea de adoptar al chico fue de Umm Ahmed. La pareja no tenía hijos y la mujer había escuchado que EI vendía huérfanos en la ciudad de Tel Afar, a unos 40 kilómetros.

Su esposo, empleado público, se oponía a la idea, pero no logró disuadir a su esposa, que fue sola a buscar al chico a un orfanato manejado por las milicias y les pagó con los ahorros de su sueldo de maestra.

Aunque al principio el chico no quería acompañarla, de a poco se acostumbró a sus padre adoptivos, que le enseñaron árabe, en vez del dialecto kurdo hablado por los yazidis. A los vecinos les dijeron que era un sobrino, y lo anotaron en la escuela local con el nombre de Ahmed Shareef. No querían que olvidara de dónde venía y lo alentaban a contarles sobre su vida en la aldea de Hardan, pero según cuenta Umm Ahmed, siempre le advirtieron que no le contara a nadie que era yazidi.

A veces, Ayman preguntaba por el resto de su familia, pero Umm no sabía qué había sido de ellos, salvo por una hermana adolescente que había sido tomada como esclava por un miliciano de Tel Afar. El miliciano la llevó a visitar a su hermano varias veces, pero hoy se desconoce el paradero de la chica, como tampoco se sabe nada de otro medio hermano que fue vendido en el mismo orfanato antes de Ayman.

A medida que la campaña liderada por Estados Unidos para expulsar a EI de Mosul ganó terreno y el ejército iraquí llegó a Rashidiya, para Umm y Abu Ahmed las cosas empezaron a complicarse. Al ingresar en la aldea, un comandante recibió el dato de que había un niño yazidi cautivo, y despachó a un grupo de soldados a rescatarlo. La pareja no tuvo más remedio que entregarlo.

Las imágenes en video muestran la desgarradora escena de la despedida, con Ayman con lágrimas aferrado a Umm Ahmed.

Los padres de Ayman y la mayoría de sus familiares siguen desaparecidos, pero su abuela y su tío viven en los bordes de uno de los campos a los que fue desplazada en masa la comunidad yazidi, a unos 50 kilómetros de Rashidiya.

Samir Khalaf, tío de Ayman, dice estar agradecido con Umm y Abu Ahmed por haber cuidado a su sobrino, y está contento de que no fue entrenado en el uso de armas, destino de muchos yazidis secuestrados por EI. Pero les reprocha no haber intentado transmitirle a la familia que el chico estaba a salvo. Umm Ahmed está segura de que Ayman nunca los olvidará, como ellos tampoco a su fugaz hijo adoptivo. "Yo espero que vuelva", dice la mujer.

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