"¡Renunciá, Macron"!, el grito que inundó a una París fantasmal

Miles de manifestantes descargaron su ira contra el presidente; la protesta alteró por completo la rutina en la capital
Miles de manifestantes descargaron su ira contra el presidente; la protesta alteró por completo la rutina en la capital Fuente: AFP - Crédito: Abdul Abeissa
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9 de diciembre de 2018  

PARÍS.- "¡Renunciá, Macron !", gritaban miles de "chalecos amarillos" llegados a París desde toda Francia para "hacerse oír", en una ciudad cuyos lugares turísticos estaban tomados por la policía, con los comercios cerrados para dejarlos a salvo del vandalismo de los más radicalizados y de los enfrentamientos.

"¡El objetivo es ir al Elíseo!", la sede de la presidencia, clamaba Denis, un manifestante de 30 años que viajó desde Caen (noroeste) para la marcha de ayer en la capital, epicentro de una jornada que sacudió a las grandes ciudades del país. "Hago esto por el futuro de mi hijo. No puedo permitir que viva en un país en el que otros se enriquecen a costa nuestra".

"Quieren que nos dispersemos pero nos encierran en los Campos Elíseos", protestaban otros emplazados en la avenida más famosa de la ciudad, mientras los envolvía el humo de gases lacrimógenos lanzados por la policía.

Las fuerzas de seguridad intentaban impedirles salir de la avenida por una calle paralela cercana al Arco del Triunfo. "Es como una jaula a cielo abierto", dijo un joven llegado de un suburbio de París.

Pero otros se sentían en su salsa en el enfrentamiento con los policías. "¡Queremos más, nos gusta!", gritaban desafiantes. Otros lanzaban proyectiles y petardos. "¡Macron, vamos a buscarte a casa!", entonaban, en referencia al presidente francés, eje de los reclamos de los "chalecos amarillos".

Tim Viteau, un desempleado de 29 años, fue a las manifestaciones por tercer sábado consecutivo, y en ningún momento perdió de vista las razones de su bronca: el creciente costo de vida. Él y su pareja se vieron obligados a volver a la casa de sus padres porque no podían pagar el alquiler. "¿Cómo vamos a tener hijos? Yo también quiero chicos", lamentó, en medio de las protestas.

Marie-Josée Chapuis, otra manifestante contrariada por el alto costo de vida, culpó de sus penurias y de los bolsillos flacos de trabajadores y desempleados a "las élites desconectadas" y a "demasiada inmigración" en Francia.

Las razones de las marchas fueron varias, según expresaron los manifestantes: contra los impuestos desmedidos, la brecha entre ricos y pobres, y los magros resultados de la política económica de Macron. Pero no todos estaban de acuerdo con los métodos. Incluso entre quienes avalaban el vandalismo como sistema, existía cierta selección que consentía pegarles a los símbolos del poder, pero repudiaba el daño a los comercios modestos.

"Que destruyan los bancos, las multinacionales, no me importa. Pero los pequeños comercios, es algo totalmente estúpido", expresó Anthony, un manifestante de 23 años. "Es absurdo", añadió su pareja, enojada con los que fueron "solo a destruir". Ambos desacreditaron el movimiento.

En la Plaza de la Bastilla, en otro sector de París, algunos abuchearon a la policía. "¡El dinero está en las arcas de la patronal!", gritaban. En el frente de un banco, un grafiti decía "Macron ladrón".

También había cientos de "chalecos amarillos" en las autopistas de los alrededores de la ciudad. "Hace tres semanas que estamos en las rotondas, vine para hacernos oír más", dijo un hombre de 25 años equipado con rodilleras y protección para los codos, por si debía tirarse al suelo para enfrentar los gases lacrimógenos o se veía obligado a hacer otras maniobras bruscas.

Ajeno al clima de insurrección, Gérard, un parisino de 69 años, salió como cada sábado a tomar un café. "Parece como si estuviéramos en guerra. Nunca pensé que un día viviría algo así, sobre todo en París", comentó, al ver el dispositivo policial. La mayoría de los cafés de la capital estaban cerrados, otra imagen desconocida en una ciudad repleta de esos locales. Por una vez, a su pesar, Gérard debió cambiar de hábitos.

El efecto contagio

  • Bélgica: Inspirado en las protestas de los "chalecos amarillos" en la vecina Francia, un movimiento en Bélgica alzó la voz contra el elevado costo de vida y exige la salida del gobierno de coalición de centroderecha
  • Holanda: En las ciudades de Rotterdam, La Haya, Maastricht, Eindhoven y Groninga, cientos de holandeses protestaron ayer contra la creciente brecha salarial y exigieron la renuncia del primer ministro Mark Rutte
  • Hungría: El Partido Socialista Húngaro (MSZP) pidió que se utilizaran chalecos amarillos en la protesta de ayer en contra de un plan del gobierno que permitiría extender las horas extras, que pasarían de 250 a 400 al año
  • Alemania: En varias ciudades hubo protestas en las que los manifestantes usaron chalecos amarillos; en este caso, estuvieron vinculadas a grupos de ultraderecha (el partido AfD declaró su apoyo al movimiento francés)
  • Serbia: Un miembro de la oposición en Serbia se puso un chaleco amarillo en el Parlamento en protesta por el alza del combustible; "queremos precios normales o tendrán ‘chalecos amarillos’", advirtió

Agencias AFP y ANSA

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