Renunció Rumsfeld tras la amplia victoria demócrata

La oposición tomó el control de la Cámara de Representantes y habría conquistado el Senado
Hugo Alconada Mon
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9 de noviembre de 2006  

WASHINGTON.– La marea demócrata que sacudió a Estados Unidos en las elecciones legislativas de anteayer se cobró la primera gran víctima del gobierno de George W. Bush: renunció el polémico secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, acorralado por el veredicto devastador que arrojaron las urnas sobre la marcha de la guerra en Irak. La Casa Blanca, en tanto, inicia el replanteo de sus metas hasta el final del mandato, en 2009.

En un dramático giro en el panorama político norteamericano, el Partido Demócrata ganó el control de la Cámara de Representantes, como se esperaba, y también el Senado, un resultado que sólo los opositores más optimistas podían esperar.

Los republicanos perdieron sus 6 bancas senatoriales más disputadas, según informó anoche la agencia AP, y sólo podrían revertir la debacle si los segundos recuentos en Virginia y en Montana dieran vuelta el primero y adverso conteo oficial, algo que parece improbable.

En la Cámara baja los demócratas defendieron todas sus bancas y le arrebataron 29 al oficialismo, con lo que se quedaron con la mayoría. Similar tendencia se manifestó en las contiendas para gobernador: ganaron 6 que estaban en manos republicanas, incluida Nueva York, por lo que también pasaron a dominar el club de gobernadores: 28 contra 21. En conferencia de prensa, Bush calificó ayer la derrota como un "duro golpe" y anunció el reemplazo de Rumsfeld por Robert Gates, que fue director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) con su padre, el ex presidente George H. W. Bush.

Su primera reacción, tras verificar la derrota, fue felicitar por teléfono a quien se convertirá en la mujer con el cargo electivo más alto en la historia de este país: la jefa de la bancada demócrata y futura presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi. Será, desde enero, la segunda en la línea presidencial, detrás de su vicepresidente, Dick Cheney.

"Estoy obviamente desilusionado", reconoció Bush ante la prensa. "Pensé que nos iba a ir bien ayer (por anteayer)", señaló, antes de felicitar a los demócratas por su triunfo y afirmar que trabajará con ellos ante el nuevo equilibrio del poder.

"El mensaje de las elecciones fue claro. El pueblo estadounidense quiere que sus líderes en Washington dejen a un lado sus diferencias partidarias, se comporten de manera ética y trabajen juntos para resolver los desafíos que afronta nuestra nación", planteó durante la conferencia de prensa.

Pelosi, conocida por su espíritu belicoso como líder de la oposición, también bajó sus decibeles tras una campaña notable por su agresividad. Se mostró moderada y conciliadora. "Los demócratas estamos listos para liderar, preparados para gobernar y esperando trabajar de manera bipartidaria con los republicanos en el Congreso y con el presidente", dijo en tono tranquilizador.

Bush y Pelosi dialogaron por teléfono bien temprano, casi en la madrugada de ayer, y acordaron como primer paso que almorzarán juntos hoy, en la Casa Blanca, junto a otros líderes de ambos partidos y altos funcionarios.

Nueva oportunidad

Ninguno de los dos precisó si Bush le anticipó la renuncia de Rumsfeld a Pelosi, que la celebró horas después, tras haber reclamado su caída durante toda la campaña. "Nos dará una nueva oportunidad para buscar una solución a (la guerra en) Irak, más que sólo mantener el curso", dijo.

Estoico, Bush asumió parte de la responsabilidad por la desastrosa noche republicana en las urnas y admitió que la ocupación de Irak influyó en los resultados. "Reconozco que muchos estadounidenses votaron para dejar constancia de su disgusto con la falta de progreso alcanzado (en Irak). Pero también pienso que la mayoría -como los líderes de ambos partidos aquí en Washington- comprende que no podemos aceptar una derrota", dijo.

La nueva impronta de la Casa Blanca, con el presidente ya investido de manera oficiosa como "pato rengo", quedó clara hacia el mediodía, cuando se supo que Rumsfeld salía del Pentágono después de casi seis años desgastantes y tormentosos. Apenas una semana atrás, Bush había afirmado que lo mantendría como su secretario de Defensa "hasta el final de (su) mandato", en enero de 2009.

La caída de Rumsfeld sólo se produjo después de la peor derrota electoral republicana de los últimos 12 años. En 1994, una nueva generación de jóvenes del partido, liderados por Newt Gingrich, despojó a los demócratas del control de ambas cámaras del Congreso.

Agenda novedosa

El nuevo escenario será bien distinto: los demócratas tienen ahora 229 representantes (14 más de los necesarios para alcanzar la mayoría simple) contra 196 republicanos, mientras que en el Senado quedaron con 51 legisladores frente a los 49 del oficialismo, aunque resta verificarse uno de los conteos, en Virginia. El candidato demócrata, Jim Webb, ganó por apenas 7000 votos (0,3% del total), pero dada esa brecha ínfima habrá un recuento, que comenzará en tres semanas más.

Los demócratas necesitan confirmar su triunfo para quitarles la mayoría a los republicanos ya que si quedaran empatados en 50 por lado, entonces Cheney, como presidente del Senado, podría romper el equilibrio a la hora de votar proyectos polémicos.

En la Cámara baja, Pelosi ya delineó la primera agenda de iniciativas -"Seis para 06"- que impulsará el partido. Incluye el aumento del salario mínimo; la eliminación de incentivos para que las empresas reduzcan puestos de trabajo en Estados Unidos y los creen en el exterior; reducción de las tasas de interés de los créditos que pagan los estudiantes y ampliación de las facultades del gobierno para negociar con la industria farmacéutica, en un intento por bajar el precio de los remedios (ver Pág. 6).

Más allá de esta agenda, los demócratas dejaron bien claro cuál será su objetivo cuando asuman el control legislativo en enero: cambiar el curso norteamericano en Irak. El jefe de su bancada en el Senado, Harry Reid, pidió ayer a Bush que convoque a una cumbre bipartidaria para discutir qué hacer.

Poco después, el presidente replicó que Gates aportará "una nueva visión" en el Pentágono sobre la guerra, pero también reafirmó su visión: "Quiero que las tropas regresen a casa con una victoria", definida como un Irak que "se gobierne a sí mismo, se mantenga por sí solo y se defienda por sí solo".

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