Reunir a los pueblos rusos, la apuesta a largo plazo de Putin

Christian Lowe
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22 de abril de 2014  

MOSCÚ.- La decisión rusa de la semana pasada de firmar un acuerdo de paz sobre Ucrania no significa que el Kremlin esté dando marcha atrás, sino más bien que Vladimir Putin está dispuesto a ser paciente para alcanzar su objetivo último.

Ese objetivo, según parecen indicar sus propias palabras y las de sus allegados, es lograr reunir, algún día y en un mismo hogar común, a todos los pueblos rusohablantes, incluidos los que viven dentro de las fronteras de Ucrania.

Putin es un hábil estratega que sabe que tirar demasiado de la cuerda podría perjudicar a Rusia, como quedó demostrado con la amenaza de Occidente de aplicarle severas sanciones y la rapidez con que los europeos empezaron a reemplazar el gas ruso.

Con la firma del acuerdo cuatripartito sobre Ucrania sellado en Ginebra la semana pasada, Rusia demostró ante Occidente su voluntad de diálogo, una inteligente movida estratégica del Kremlin.

Cuando todavía le quedan cuatro años antes de buscar la reelección y con fuertes chances de ganar otro período de seis años, Putin puede tomarse su tiempo, ya que tiene ventaja sobre sus rivales occidentales, cuyas políticas responden a imperativos de muy corto plazo.

"Ahora lo importante es mantener seca la pólvora y estar preparados para una crisis que se prolongue en el tiempo", dijo Fiodor Lukianov, editor de Rusia para Global Affairs, una publicación cuyo consejo editorial integra el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov.

"Los acuerdos se rompen y se vuelven a hacer. Rusia, esta vez, no está a la defensiva, está avanzando. Eso significa que no tiene razones para inquietarse y que puede mirarse el ombligo", añadió Lukianov.

El juego a largo plazo de Putin implica que es poco probable, en lo inmediato, que Rusia busque involucrarse en un conflicto armado por Ucrania. Pero también supone que los Estados europeos tendrán que adaptarse a un escenario a largo plazo cuando la persistencia de las sanciones complica sus relaciones comerciales y con la amenaza rusa de cortarles el suministro de gas pendiendo sobre sus cabezas.

Las intenciones oficiales del Kremlin en Ucrania son acotadas: proteger la seguridad de Rusia, contrarrestar la expansión de la OTAN y ayudar a los rusohablantes de Ucrania si son objeto de persecución. Rusia niega oficialmente cualquier plan de invasión.

La semana pasada, en el hotel InterContinental de Ginebra, altos diplomáticos de Rusia, la Unión Europea, Estados Unidos y Ucrania firmaron un documento para llamar a los grupos armados ilegales de Ucrania -incluidos los separatistas prorrusos que ocupan más de una decena de edificios públicos- a deponer las armas y volverse a sus casas.

Ya anteayer el acuerdo comenzó a demostrar su fragilidad, cuando varias personas murieron en un tiroteo que se produjo en un puesto de control manejado por separatistas. Rusia acusó al gobierno de Kiev de no respetar la Convención de Ginebra.

Sin embargo, fuentes cercanas a las negociaciones resaltaron los resultados, en especial porque fue la primera vez, tras múltiples intentos, que el canciller Lavrov se sentaba a discutir el tema de Ucrania con la orden de sellar un acuerdo.

Pero un diplomático europeo manifestó su escepticismo, y dijo que el acuerdo es una farsa de Moscú.

Al demostrar su disposición al diálogo -dijo el diplomático-, el Kremlin alivió la presión internacional que se estaba generando y ganó un poco de tiempo antes de que se le apliquen sanciones más duras.

"El diálogo y las concesiones son sólo parte de la estrategia de Putin", dijo el mismo diplomático, quien habló bajo condición de anonimato, y recalcó que sólo hablaba a título personal. "Él [Putin] quiere quedarse con Ucrania", agregó.

La voluntad de ceder de Rusia podría profundizar las divisiones dentro de la coalición occidental aliada contra el Kremlin, algo que sólo puede beneficiar a Moscú.

De hecho, ya existen diferencias entre Estados Unidos, propenso a las sanciones duras, y la más cautelosa Europa, donde muchos países están decididos a evitar un oneroso conflicto.

Tras esa línea oficial del Kremlin sobre sus objetivos en Ucrania emergen evidencias de objetivos expansionistas, sobre todo cuando Putin o sus allegados dejan entrever el verdadero pensamiento del presidente ruso.

El jueves, durante una sesión de preguntas y respuestas con la gente televisada en vivo, en determinado momento Putin se refirió a la historia del período zarista, cuando una gran parte del este y el sur de Ucrania pertenecían a Rusia y ese territorio se lo conocía como Novorossiya, literalmente "Nueva Rusia".

"Todos ésos eran territorios que fueron entregados a Ucrania en la década de 1920 por el gobierno soviético. Sólo Dios sabe por qué hicimos eso", dijo Putin.

Esos comentarios fueron un breve interludio en un programa que duró un poco menos de cuatro horas y que cubrió decenas de temas. Pero para quienes siguen de cerca la política del Kremlin, fueron palabras muy significativas.

"Ahora el objetivo es Novorossiya", escribió en su blog el ex asesor económico de Putin y actual opositor Andrei Illarionov, que dejó sentada su opinión sobre las intenciones del Kremlin. "Es la misión histórica de reunir a los pueblos rusos", aseguró el disidente.

La idea de una nación rusa dividida por fronteras nacionales artificiales es una tesis desarrollada por gente cercana al pensamiento de Putin, entre ellos altas figuras de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Putin dejó ver su cercanía con el clero el sábado por la noche, cuando asistió a un servicio pascual en la iglesia moscovita de Cristo Salvador y recibió una bendición personal del patriarca Kirill, primado de la Iglesia Ortodoxa Rusa.

Traducción de Jaime Arrambide

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