Se demoran en México los cambios que prometió Fox

Sus principales proyectos se hallan estancados en el Congreso
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1 de diciembre de 2001  

El reloj de Vicente Fox parece haberse detenido. Al asumir, hace hoy un año, el presidente de México prometió arreglar "en 15 minutos" el conflicto de siete años en Chiapas. Pero Chiapas sigue en guerra, sin balas, pero guerra al fin.

El reloj de Fox -y el de la transición democrática- comenzó a funcionar el 1° de diciembre de 2000, el día en que Fox se convirtió en el mandatario que, para sorpresa del mundo, despojó al Partido Revolucionario Institucional del poder que le permitió estar 71 años al frente de la presidencia.

Ese día, como durante la campaña electoral, Fox entusiasmó a los mexicanos con la promesa de cambios y reformas. Un año después se enfrenta, por momentos paralizado, a un Congreso que traba cada una de esas reformas, a una recesión económica poco anticipada y, muy a pesar de sus dotes de "gran comunicador", a una popularidad en baja.

"La parte negativa de este primer año fue la expectativa que se generó de que los cambios -la reforma fiscal y administrativa, la lucha contra la corrupción- se iban a dar de una manera más rápida. Pero hasta el momento no hubo ninguna de las modificaciones estructurales que necesita el país", dijo Jorge Espina, presidente de la Confederación Patronal México a LA NACION.

Chiapas había sido otra de las reformas prometidas y de hecho la que más "rápidamente" se iba a solucionar. Pero el Congreso sancionó una ley de derechos indígenas que no respondía ni al proyecto de Fox ni del subcomandante Marcos y el líder zapatista se negó a firmar la paz. Primer paso en falso. Habían transcurrido poco más de tres meses de gobierno. Fox se dio cuenta así de que en una democracia también puede ocurrir que el Congreso caiga en manos de la oposición.

"La inocencia e inexperiencia de la administración hizo desperdiciar gran parte del capital político con el que llegó. Pensaban que lo podían hacer todo a través de reformas impopulares. Y no pudieron. Ahora tienen que aprender a negociar", dijo Roberto Salinas León, director de análisis de estrategias de Televisión Azteca, a LA NACION.

El capital político fueron los 15 millones de sufragios con los que Fox derrotó a Francisco Labastida, del PRI. La inocencia fue pensar que el Congreso no se atrevería a enfrentarse a un presidente con semejante caudal de votos y con semejante popularidad.

Otras reformas también se estancaron en el Congreso. Entre ellas, la reforma fiscal, por la cual Fox pretende ampliar la base de contribuyentes. Y también intenta imponer un IVA del 15% a alimentos y medicinas, una medida con la que ni siquiera algunos de sus propios seguidores del oficialista Partido Autonomista Nacional quieren ser identificado.

Para Espina, Fox y el Congreso comparten culpas por el estancamiento sobre la reforma por "no haber sabido llegar a un consenso". Pero el presidente no puede esperar mucho tiempo más para que su ley fiscal sea aprobada. "Tiene que ser sí o sí en los primeros meses de 2002", explicó Espina.

Es que a México le alcanzó ya la recesión de los Estados Unidos, máximo destinatario de sus exportaciones. Fox prometió durante su campaña un crecimiento anual del 8%y la creación de más de 1.000.000 de empleos. En cambio, unos 200.000 mexicanos perdieron su trabajo en lo que va del año y el país crecerá apenas unas décimas arriba de cero, contra más del 6% en 2000.

Coqueteo con el PRI

La reforma fiscal le aseguraría al gobierno más ingresos públicos, hoy cada vez más reducidos por la caída en picada del precio del petróleo. Fox, de hecho, comenzó a negociar con el Congreso, en los últimos meses, la aprobación. Pero para muchos, más que una negociación hubo un "coqueteo con el PRI" que implicó dejar de lado otras promesas de campaña.

"Existe la impresión de que el presidente no puso en marcha la Comisión de la Verdad para no afectar al PRI", dijo Miguel Acosta, un activista que hasta hace unos meses fue director de la Academia Mexicana de Derechos Humanos, a LA NACION.

Fox prometió, antes de ser elegido, formar una "comisión de la verdad" para investigar todos los crímenes políticos y los casos de corrupción ocurridos durante las últimas décadas de gobierno del PRI. Pero el gobierno mantuvo en el olvido a la comisión hasta mediados de octubre, cuando una de las más célebres defensoras de los derechos humanos de México fue asesinada en su departamento del Distrito Federal. La reacción de los grupos de derechos humanos no tardó en llegar y, el lunes pasado, el gobierno optó por finalmente dar luz verde a la comisión, aunque en la forma de una fiscalía especial.

"Entendió que la ruta que seguía era un camino seguro al suicidio", dijo Sergio Aguayo, titular de Alianza Cívica. Aguayo pensaba que Fox seguía el camino del presidente argentino, Fernando de la Rúa, el camino de aquellos que luchan por llegar al poder y "cuando llegan, se acalambran".

Cuando llegó a la presidencia, Fox contaba con niveles de aprobación de hasta el 90%. Esta semana, según un sondeo del diario Milenio, recibió el visto bueno del 59% de los mexicanos.

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