Sharon y Arafat, entre la ira israelí y el odio palestino

Ambos enfrentan gran presión interna El líder palestino debe dar claras muestras de que combate el terrorismo Al premier israelí le exigen drásticas medidas contra la Autoridad Palestina
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3 de diciembre de 2001  

JERUSALEN.– La serie de ataques contra Israel de las últimas horas presenta al dirigente palestino Yasser Arafat con una difícil decisión: actuar rápidamente contra los extremistas violentos que florecieron durante los últimos 14 meses de intifada o convertirse en blanco de la ira de los israelíes.

Enfrentar a los grupos Hamas y Jihad Islámica requeriría arrestar a cientos de militantes y podría causar una ruptura entre los sectores leales a Arafat y los activistas, que cuentan con un número creciente de simpatizantes, así como con elementos del cada vez más radicalizado movimiento Al-Fatah, del propio Arafat.

Funcionarios palestinos insisten en que Arafat planea regresar a las conversaciones de paz y que busca negociar un cese del fuego. Pero hasta el momento se ha negado a emprender una campaña total contra los activistas palestinos y rechazó las afirmaciones de Israel, de las cuales se hizo eco ayer el presidente estadounidense George W. Bush, de que los palestinos tienen que hacer algo más que simplemente hablar.

Ola de arrestos

Los palestinos anunciaron anoche que arrestaron a decenas de personas y que se preparan para detener a muchas más.

Y mientras Israel considera que libra una guerra legítima contra el terrorismo, los palestinos dicen que el ciclo de violencia fue causado por la ocupación israelí, desde hace 34 años, de la Franja de Gaza y Cisjordania, y sus esfuerzos por poblarlas con colonos judíos. Asimismo, destacan que desde septiembre de 2000 han muerto más palestinos que israelíes, 784 de los primeros, contra 231 de los segundos.

En Israel, ayer, hubo exhortaciones por una acción rápida, como la expulsión de Arafat o la destrucción de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), creada hace siete años. Incluso un miembro moderado del gabinete israelí, Matan Vilnai, dijo que el conflicto ha llegado a “un punto de inflexión”.

Pero Ronnie Daniel, analista de asuntos militares del canal 2 de la televisión israelí, dijo que la presencia en la región del enviado estadounidense Anthony Zinni, que emitió un llamado claro a Arafat para que actuara, podría darle una última oportunidad al dirigente palestino.

Y aunque todo parecía indicar anoche en Israel que la represalia será durísima, Daniel añadió que será necesario también moderación por parte de Israel. “Arafat está, sin duda, en uno de sus momentos más difíciles, y un gesto de moderación por parte de Israel podría permitirle tomar las medidas serias contra Hamas y los demás grupos terroristas”, afirmó.

Otro factor que podría resultar en beneficio de Arafat, y evitar al mismo tiempo un incremento en la violencia, es la falta de propuestas por parte de los israelíes.

Desde el inicio de los combates, Israel ha invadido las zonas autónomas palestinas, sellado los poblados palestinos, causado la muerte de decenas de activistas, como parte de su política de “eliminación selectiva” de terroristas, y atacado instalaciones de la Autoridad Nacional Palestina. Además, según los críticos, le ha permitido a su ejército atacar a civiles palestinos.

Sin embargo, el gobierno de Sharon no ha declarado formalmente a Arafat como un enemigo, una medida que significaría admitir que está dispuesto a desmantelar, cuando menos en parte, la Autoridad Palestina.

Recientes incursiones en media docena de poblados palestinos se detuvieron, en la mayoría de los casos, en sus afueras. Pero ahora Sharon está bajo presión para ir más lejos y tomar los bastiones de grupos militantes, como Jenin y Nablus, a fin de detenerlos a todos y cerrar sus fábricas de bombas.

Ese camino pondría en riesgo a las fuerzas de ocupación y significaría el regreso de la poco popular y costosa política de ocupación militar de los territorios palestinos, la misma a la que se buscó poner fin con el proceso de paz de la década de 1990.

Ello también significaría el fin del gobierno de unidad de Sharon, una alianza con el pacifista Partido Laborista.

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