"Si el mundo no puede resolver Haití, no puede resolver nada"

Dante Caputo analiza el conflicto Para el ex canciller, que viajó a Haití como mediador en 1992, la decisión política de la comunidad internacional puede resolver el conflicto Las diferencias con la crisis anterior
(0)
28 de febrero de 2004  

En 1992, Dante Caputo viajó a Haití como enviado especial del secretario general de la ONU en una misión de mantenimiento de la paz. Tuvo que mediar en el conflicto desatado por el derrocamiento de Jean-Bertrand Aristide durante su primer mandato. En un diálogo con LA NACION, repasó las similitudes y diferencias de ambas crisis, y consideró que aunque aún no hay señales de una decisiva intervención internacional, todavía hay tiempo para que el actual enfrentamiento pueda resolverse sin más derramamiento de sangre.

-¿Qué papel está jugando la comunidad internacional en esta crisis?

-Los actores relevantes del mundo no parecen encontrar los mecanismos apropiados para resolver este conflicto. No sería bueno, como ya hemos visto en el pasado, que unos y otros luego se lamenten por desastres que no pudieron remediar a tiempo. Cuando participé de la misión de la ONU en 1992 existía una fortísima presión de los organismos internacionales para resolver el conflicto. Los Estados miembros, que son quienes tienen la verdadera voluntad, habían tomado la decisión de darle a Haití una solución.

De todas formas, en Haití todavía hay tiempo. Muy breve, de horas tal vez, pero siempre se puede llegar a detener la muerte de miles de personas, un sufrimiento humanamente terrible, que me ha tocado ver.

-Pero ¿qué peso real tiene la comunidad internacional para resolver el drama?

-Creo que los principales actores internacionales, que en otros momentos actuaron, tienen la fuerza y el peso suficientes como para que se haga algo mejor de lo que se está haciendo. Si pudieron antes, deberían evitar, al menos, una masacre más grave. Y deberían aprender y tener en cuenta lo que no se aprendió en 10 años.

-¿Qué es lo que no se aprendió?

-A vivir democráticamente. Hubo una incapacidad de los gobernantes de Haití para darle a su pueblo derechos políticos. No le podemos pedir a la comunidad internacional que le dé a Haití lo que más necesita: una real democratización. Haití es un país sin Estado, donde nada es de todos, donde no existe lo público. Yo lo vi: no había presupuestos, ni justicia, ni seguridad pública. Las clases altas pagaban los sueldos a los militares para que los defendieran de los rebeldes, porque el Estado no podía cumplir la función básica de garantizar la seguridad. Desde hace 200 años la historia en Haití es la misma: los mismos actores se reemplazan entre sí. Y cada vez que se da vuelta esa hoja, mueren miles de personas.

-En lo inmediato, ¿qué es lo más grave del conflicto?

-Hoy la situación es distinta de la que yo presencié. Las dos facciones opuestas tomaron el terreno y se enfrentan cara a cara, lo que señala un evidente fracaso de la gestión gubernamental. Hay también una probable vinculación entre las actuales fuerzas insurgentes con quienes gobernaban antes de que Aristide regresara. Esos grupos volvieron hace poco a la escena política. Finalmente, hoy la comunidad internacional ya no apoya a Aristide. Sus propias fallas le han quitado el aval de Estados Unidos y de Francia.

Pero lo más grave es que, independientemente de quién se pelee con quién, los que pagarán esta cuenta son los haitianos, el 90 por ciento de los cuales no tiene nada que ver con quienes tratan de tomar o están en el poder. El riesgo de una catástrofe de dimensiones es muy preocupante.

-¿Qué elementos de la misión que dirigió pueden ayudarnos a comprender la crisis actual?

-La primera etapa de la misión, instituida por el Consejo de Seguridad de la ONU, concluyó con la firma en 1993 de un acuerdo entre Aristide, el comandante de las fuerzas armadas, Raoul Cédras, y la ONU, que fijaba un calendario para consolidar las instituciones y una condición fundamental: crear el ambiente propicio para el retorno de Aristide. Sin embargo, eso no sucedió. La Fraph, fuerza militar que respondía a Cédras, dirigida por Emmanuel Constant, profundizó la violencia cometiendo asesinatos diariamente. Eso y otros acontecimientos impidieron que el plan de transición pacífica de la ONU, que implicaba cascos azules, se ejecutara. Ante ese fracaso, en la segunda etapa se llegó a una opción inicialmente no deseada: una intervención militar multinacional, autorizada por el Consejo de Seguridad. En ese momento renuncié.

La ONU logró detener las matanzas, pero no se crearon las condiciones convenientes para que el proceso democrático tuviera raíces profundas, lo cual tiene hoy sus claras consecuencias.

-Entonces, ¿qué se podría hacer hoy para solucionar la crisis?

-Mire: ayudar a un país a salir de una crisis no es algo teórico. No depende de decisiones morales, sino de fuertes voluntades políticas. Es un ejercicio que hay que practicar. Si el mundo no puede resolver Haití, no puede resolver nada.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.