"Si no fuera por el Papa, el caso de Granada no se hubiera destapado"

El reconocido teólogo español José María Castillo dijo que la intervención de Francisco para revelar el escándalo de los curas pedófilos representa un cambio en la Iglesia
Elisabetta Piqué
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22 de noviembre de 2014  

ROMA.- "La intervención del Papa ha sido valiente, clara, firme, decidida y ejemplar, y representa un hito histórico, de cambio, para el futuro de la Iglesia." La voz en el teléfono de José María Castillo, uno de los teólogos más prestigiosos de España, no oculta su entusiasmo por el terremoto que está sacudiendo en estos días su ciudad, Granada, luego de una intervención de Francisco.

Tras recibir una carta de un joven que durante años sufrió abusos sexuales en una parroquia de esa ciudad, el Papa no sólo lo llamó por teléfono, en agosto pasado, para pedirle perdón en nombre de la Iglesia, sino que le dio impulso a una investigación en la arquidiócesis, según se informó. No satisfecho con sus resultados, en octubre volvió a llamar al joven, de 26 años, para alentarlo a presentar una denuncia ante la justicia local, que investiga ahora a 12 personas (diez sacerdotes, tres de los cuales fueron suspendidos de sus funciones). Según medios españoles, en cualquier momento tres o cuatro sacerdotes responsables de los abusos sexuales podrían ser arrestados, mientras que otros seis serían considerados cómplices por encubrimiento.

"Si no fuera por Francisco, esto no se hubiera destapado. Hubieran mandado simplemente a los sacerdotes a hacer ejercicios espirituales, pero esto no se arregla con eso. El delincuente tiene que dar cuenta ante la autoridad pública de lo que ha hecho. No estamos ante un pecado, sino ante un delito grave", dijo a LA NACION Castillo. "Cuando se violan derechos hay instituciones civiles, tiene que intervenir un juzgado civil. ¿Cómo poder hablar de caridad, amor, virtudes teologales, si no tenemos resuelto lo elemental, el tema de la justicia, del derecho, del respetar a las personas. Es como si uno se pusiera corbata y no llevara camisa", apuntó.

Castillo sostiene una visión crítica de la jerarquía eclesiástica. Doctor en Teología, teólogo de la liberación español, jesuita hasta mayo de 2007, cuando decidió abandonar la Compañía de Jesús, Castillo, de 85 años, fue profesor en la Facultad de Teología de Granada, además de profesor invitado en la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma, en la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid y en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, de El Salvador.

Ante el escándalo en Granada, donde en los últimos días salieron a la luz detalles del grupo de sacerdotes ultraconservadores pedófilos, que actuaban con lógica de secta, Castillo destacó la actitud de Francisco, totalmente distinta de esa cultura del encubrimiento que, durante décadas -antes que Benedicto XVI impusiera una línea de tolerancia cero y nuevas normas-, reinó en el Vaticano.

"En este mismo tipo de casos el Vaticano imponía el silencio. Ahora la intervención del Papa marca un giro, porque reconoce la intervención de los poderes públicos".

-¿Qué clima se respira en Granada?

-Un clima de indignación, escándalo y miedo. La gente está asustada, porque Granada es una ciudad de tradición religiosa importante, pero entre sacerdotes, religiosos y religiosas no se puede hablar del escándalo... Hay miedo, miedo al arzobispo... Y el miedo no ayuda a afrontar una situación y a resolverla. El miedo bloquea.

-¿Cree que el ahora cuestionado arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, podría ser removido?

-La gente tiene esa impresión, no va a durar mucho aquí, se dice. Además, ya tuvo algunas peripecias, su gestión económica arruinó a la diócesis. Es una persona de aceptación en reducidos grupos conservadores e integristas y es conocido que hace años más de 130 sacerdotes mandaron un informe extenso a la nunciatura y al Vaticano, en desacuerdo con el comportamiento del arzobispo en su trato con los sacerdotes, las parroquias y las diócesis.

Contra las "casas de negocio"

  • Francisco denunció ayer que algunas parroquias se conviertan en "casas de negocio" y hagan pagar por celebrar sacramentos como bautismos o bodas, durante su homilía en la misa matutina de la capilla de su residencia, la casa Santa Marta.
  • "Hay dos cosas que el pueblo de Dios no puede perdonar: un cura apegado al dinero y un cura que maltrata a la gente. Cuántas veces entramos en una iglesia, aún hoy, y vemos la lista de los precios" para el bautismo, la bendición, las intenciones para la Misa, dijo. "Y el pueblo se escandaliza", exclamó el papa argentino.

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