Tras un mes al filo del abismo, Grecia recibe ayuda financiera

La aprobación del paquete de austeridad abrió la puerta para que el Eurogrupo empezara a desbloquear fondos; el lunes reabrirán los bancos
Luisa Corradini
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17 de julio de 2015  

PARÍS.- Los griegos pudieron lanzar ayer su primer suspiro de alivio. Después de vivir durante un mes al borde del precipicio, recibieron tres noticias alentadoras: el Eurogrupo dio su acuerdo político para poder iniciar las negociaciones del tercer rescate y concederles un préstamo puente de 7000 millones de euros; el Banco Central Europeo (BCE) elevó en 900 millones la cantidad semanal que pueden solicitar las entidades de crédito y -finalmente- el presidente del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) confirmó que aportará 50.000 millones de euros de ese tercer plan de ayuda.

La llave que abrió la puerta a esa evolución fue el pronunciamiento del Parlamento griego, que aprobó el acuerdo para un tercer programa de 82.000 a 86.000 millones adoptado por la cumbre del Eurogrupo en Bruselas.

Sobre esa base, los ministros de Finanzas de la zona euro (Eurogrupo) decidieron ayer acordar un crédito puente de 7000 millones de euros al gobierno del primer ministro Alexis Tsipras. Grecia necesita ese dinero para pagar 1600 millones de euros en default con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el próximo vencimiento de 3500 millones con el BCE, previsto para el 20 de julio. El 20 de agosto debe pagar otra cuota de 3200 millones al BCE. Ahora la medida debe ser aprobada por todos los miembros del Mecanismo Europeo de Estabilidad Financiera (MEEF), pero se estima que el dinero llegará a tiempo para que Atenas pueda evitar un nuevo default.

El presidente del BCE, Mario Draghi, envió ayer una importante señal de confianza al elevar en 900 millones la cantidad semanal que pueden solicitar las entidades de crédito griegas, pero le recordó a Atenas que la liquidez de emergencia "no es incondicional".

Draghi, que desarrolló una intensa actividad de mediación para apaciguar las tensiones durante la última cumbre del euro, criticó ayer la intransigencia alemana, al afirmar que era preciso encontrar una fórmula para acordar un respiro a la carga de la deuda del país. Pero, al mismo tiempo, recordó que Grecia debe poner en marcha las reformas necesarias.

La única nube en el cielo que comienza a despejarse para Atenas fue una declaración del ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, destinada a contener la intensa presión internacional para una quita de la deuda griega o una extensión de los plazos de pago.

Una quita sería "incompatible con la pertenencia a la unión monetaria", por lo que, a su juicio, si resulta imprescindible, "tal vez el mejor camino para el país" sea una salida temporal del euro, afirmó en declaraciones a la cadena pública de radio Deutschlandfunk. "No es una obligación para Atenas ni una propuesta", se apresuró a aclarar.

Líder de la ortodoxia, Schäuble hizo esas declaraciones 24 horas antes de que el Parlamento de su país se pronuncie, hoy, sobre el plan de rescate. Varios diarios alemanes vieron en ese gesto un abierto desafío a su jefa, la canciller Angela Merkel, que aprobó el programa.

También dejó flotando su escepticismo sobre la posibilidad de que el gobierno de Alexis Tsipras cumpla con sus compromisos.

La aprobación del plan de rescate, votada en la madrugada de ayer por el Parlamento, causó alivio y fue recibida con satisfacción en el resto de la zona euro. Pero la victoria de Tsipras abrió ciertos interrogantes por las dimensiones que tuvo la rebelión dentro de Syriza, el partido de gobierno: tres miembros de su gabinete prefirieron renunciar, seis diputados sobre 149 se abstuvieron y otros 32 votaron en contra.

Es por eso, acaso, que dentro del gobierno comienza a ganar cuerpo la idea de convocar a elecciones anticipadas para septiembre u octubre. Tsipras buscará en esa consulta legitimar su mandato para poder seguir negociando en posición de fuerza con la eurozona.

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