Tres colosos en debate

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5 de diciembre de 2001  

En esta hora de especialización de los conocimientos, son pocos los pensadores que se atreven a ofrecer una visión global de este mundo que ha sufrido dos conmociones radicales en los últimos doce años. En 1989 terminó la Guerra Fría. El 11 de septiembre se inició la guerra contra el terrorismo internacional.

En 1989 nació un nuevo mundo. ¿Ha nacido otro en 2001? Estas son las cuestiones que pocos colosos se atreven a abordar. Son pocos los que aspiran nada menos que a sostener el mundo sobre las anchas espaldas de una idea.

Lo cual no quiere decir que necesariamente aciertan. El hecho de que debatan ardientemente entre ellos muestra, por lo pronto, que sus tesis no son incuestionables.

Visiones en conflicto

El primero que se animó a describir el mundo que surgía del fin de la Guerra Fría fue el japonés-norteamericano Francis Fukuyama. De acuerdo con su tesis, el derrumbe de la Unión Soviética abría el paso a una nueva civilización universal democrático-capitalista, moderna, occidental. Con el triunfo final de esta civilización, concluía la historia.

Otro norteamericano, Samuel Huntington, sostuvo al contrario que no hay una sino varias civilizaciones. La occidental es sólo una de ellas. Otras civilizaciones, como la china y la islámica, compiten con ella. Lejos de concluir como suponía Fukuyama, la historia nos anuncia "el choque de las civilizaciones".

Cuando Ben Laden agredió a los Estados Unidos en nombre del islam, la tesis de Huntington pareció confirmarse. Pero Fukuyama acaba de publicar un artículo en LA NACION el pasado 27 de noviembre, bajo el título "No hay choque de civilizaciones", donde carga frontalmente contra Huntington.

A la inversa de Huntington, que supone la difícil coexistencia entre varias civilizaciones, Fukuyama sostiene que lo que intentan Ben Laden y los suyos es apenas una desesperada acción de retaguardia contra la inexorable universalización de la civilización occidental. Pero ella, ¿en qué consiste? Básicamente en la "modernización", en el rechazo de las concepciones teocráticas en nombre de la ciencia y de la tolerancia entre las diversas religiones.

Esto, según Fukuyama, fue lo que pasó en Occidente a partir del siglo XVII, cuando Europa se cansó de desangrarse por el fanatismo religioso de católicos y protestantes. Este paso del fanatismo tradicional a la racionalidad moderna es el mismo que debe atravesar ahora el islam. También en él siempre hubo modernizadoras a partir de Averroes. Es contra ellos que Ben Laden y el fundamentalismo libran su último combate, el mismo que libró y perdió, en Occidente, la Inquisición.

Pero el propio Huntington acaba de decir hace unos días ante la asamblea de IDEA, en Mar del Plata, que el ataque de Ben Laden no es civilizado sino bárbaro. El islam, en cambio, es una orgullosa civilización. Cuando escribió su tesis, Huntington no supuso que el choque que anunciaba exigiría el despliegue de la barbarie incivilizada sino algo mucho más ordenado y profundo, ya que al hablar de "civilizaciones" como el islam y China, las veía habitadas por altos valores que los occidentales podemos no compartir pero tenemos por estimables.

Tercero en discordia

En un artículo que publicó LA NACION el 28 de noviembre, el indo-británico Amartya Sen, premio Nobel de Economía, criticó a su vez a Huntington por reduccionista porque, a su juicio, es demasiado simple dividir al mundo en "civilizaciones". Las naciones de hoy están cruzadas por un sinfín de categorías no sólo religiosas sino también políticas, económicas, lingüísticas e históricas como para meterlas en el lecho de Procusto de una sola idea rectora.

La crítica pluralista de Sen también alcanza a Fukuyama, puesto que tampoco la división entre el tradicionalismo religioso y la modernización bastaría por sí sola para dar cuenta de nuestro mundo. Sen no desdeña por su parte una clasificación "económica" de las naciones. ¿Es posible ignorar acaso la valla que separa el desarrollo del subdesarrollo?

Civilizaciones versus civilizaciones, modernización versus teocracia, desarrollo o subdesarrollo, son las tres grandes clasificaciones que atraen a estos colosos del pensamiento. El debate entre ellos recién comienza.

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