Trump y Macron siguen su juego de seducción, ahora en Washington

Trump y Macron plantan a la par un roble en los jardines de la Casa Blanca
Trump y Macron plantan a la par un roble en los jardines de la Casa Blanca Fuente: AFP - Crédito: Jim Watson
EE.UU. La del presidente francés es la primera gran visita de Estado que organiza el magnate; tienen grandes diferencias en temas clave
Rafael Mathus Ruiz
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24 de abril de 2018  

WASHINGTON.- Su primer apretón de manos duró seis segundos que se volvieron virales. El segundo, el año anterior, en París, en el Día de la Bastilla, se estiró a 29 segundos y devino en una suerte de pulseada. El tercero, en las Naciones Unidas, fue el más corto, pero hubo dos. El cuarto apretón llegó ayer, en la puerta de la Casa Blanca. Esta vez, con abrazo incluido y doble beso francés.

El efusivo encuentro entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su par francés, Emmanuel Macron, dejó a vista de todos la "fuerte relación personal", en palabras del francés, o la "gran amistad", en las de la Casa Blanca, que ambos mandatarios han forjado durante el último año, pese a sus sabidas diferencias.

Ese vínculo será puesto a prueba en varios frentes espinosos: las disputas comerciales, la política de Occidente en Siria y el futuro del acuerdo nuclear de Irán, otra construcción multilateral a la cual Trump tiene en la mira y que Europa quiere preservar.

Trump recibió ayer a Macron, quien aterrizó en Washington acompañado de su esposa, Brigitte Macron, como el emisario europeo para una pomposa -y crucial- visita de Estado de tres días. Macron es el primer mandatario al que Trump le otorgó ese honor desde que asumió la presidencia.

"Es un gran honor y una visita muy importante", dijo Macron, apenas bajó de su avión, en la base aérea Andrews. Ahí mismo dejó el primer mensaje a su anfitrión: "Estados Unidos y Francia tienen una responsabilidad particular. Somos los garantes del multilateralismo contemporáneo", afirmó.

La agenda de la visita irá, de hecho, más allá de las fronteras de la relación bilateral, la más antigua en la historia de Estados Unidos.

Macron, el mandatario europeo que mejor parece leer a Trump, intentará convencerlo de que no tire por la borda el acuerdo nuclear con Irán y de que mantenga tropas en Siria, aun después de que termine la lucha contra Estado Islámico. Es, en los papeles, una misión difícil. Trump ha criticado el acuerdo nuclear y se ha mostrado renuente a involucrarse en cualquier misión que se asemeje a reconstruir una nación.

Ningún otro mandatario ha hecho tantos esfuerzos para seducir a Trump como Macron. Tienen una "fuerte relación personal", dijo el francés. La vocera presidencial, Sarah Sanders, dijo que "se respetan mucho" y tienen una "gran amistad". Macron y Trump están en las antípodas ideológicas, pertenecen a generaciones distintas y encarnan fuerzas antagónicas: el globalismo y el nacionalismo. Pero han sabido trabajar juntos. Macron espera poder capitalizar ese vínculo. Trump le brindó ayer otro gesto atípico: le cedió toda la atención mediática.

La actividad dura comenzará hoy. Ambos mandatarios se reunirán en el Salón Oval de la Casa Blanca y mantendrán una reunión bilateral con sus colaboradores. Luego habrá una conferencia de prensa. Por la noche, habrá cena de honor en la Casa Blanca, y mañana Macron irá al Capitolio a dar un discurso, justo el día en el que se cumplirán 58 años del mensaje que brindó, ante ambas cámaras del Congreso, en 1960, Charles de Gaulle.

El primer día de los Macron en Washington fue descontracturado. Apenas se instalaron en la Casa Blair, frente a la residencia oficial, fueron a pie a visitar el monumento a Abraham Lincoln. "Vamos a dar un paseo. Diez minutos", le dijo Macron a Brigitte.

Trump y Melania Trump los recibieron unas horas después. Lo primero que hicieron fue plantar un roble albar en el jardín sur de la Casa Blanca, que los Macron trajeron de regalo desde Francia. Tras un breve tour al Salón Oval, ambos matrimonios volaron en el helicóptero presidencial y cruzaron el Potomac a Mount Vernon, a la casa estival de George Washington, donde cenaron en la intimidad.

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