Uganda: creen que la secta mató a varios de sus adeptos

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21 de marzo de 2000  

KAMPALA.- La policía de Uganda sospecha que muchos de los casi 500 muertos de una secta mesiánica, que el viernes último fueron encontrados carbonizados en el interior de una iglesia, no perdieron la vida en un suicidio colectivo, sino que fueron asesinados por los líderes religiosos.

Las fuerzas de seguridad descubrieron que las puertas y ventanas del templo del Movimiento para la Restauración de los Diez Mandamientos habían sido tapiadas con clavos para impedir eventuales fugas, antes de que el edificio comenzara a arder bajo las llamas.

Las autoridades ugandesas creen que muchos de los adeptos desconocían el plan macabro de los líderes sectarios y que los niños fueron engañados. Afirmaron, incluso, que algunas personas pudieron haber sido estranguladas o envenenadas.

Los jefes del grupo mesiánico eran el autoproclamado "profeta" Joseph Kibweteere y varios ex sacerdotes católicos y monjas excomulgados.

En el macabro recuento, la policía registró hasta ahora 330 cadáveres, 78 de los cuales son niños, pero resulta imposible identificar otros cuerpos entre los restos hallados en la iglesia devorada por las llamas.

Kibweteere, de 68 años de edad, era un antiguo dirigente opositor que fundó la secta hace trece años, tras haber sido testigo -según afirmaba- de un diálogo entre la Virgen María y Jesús. La supuesta conversación fue grabada por él en una cinta magnetofónica, que desde entonces se convirtió en la base de las creencias del movimiento.

Descartando una hipotética huida del país, la policía local presume que los líderes de este culto habrían perecido en el interior del templo.

Abuso y secuestro de niños

Por otra parte, ayer se supo que la secta religiosa apocalíptica estaba siendo investigada por las autoridades de Uganda por abuso y secuestro de niños, según la prensa de ese país africano.

Los padres de algunos de los menores acusaron a Kibweteere y a sus colaboradores más cercanos de causar daños físicos a sus hijos.

El presidente ugandés, Yoweri Museveni, dijo ayer que aunque su gobierno defiende la libertad religiosa tiene la obligación de proteger a sus ciudadanos de "líderes religiosos peligrosos y oportunistas".

En Uganda hay antecedentes de grupos de extracción cristiana que degeneraron en cultos fanáticos. Tal fue el caso del Movimiento del Espíritu Santo, que apareció en el norte del país a fines de la década del 80 y cuyos miembros se creían invulnerables a las balas de la policía.

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