Un acuerdo que reconfigura el poder en Medio Oriente

Wiliam Maclean
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25 de noviembre de 2013  

DUBAI.- El acuerdo alcanzado entre Irán y las potencias, que abre la puerta a un descongelamiento de la disputa iraní-norteamericana (que duró casi tanto como la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética), causa alarma en Israel y entre gobernantes del mundo árabe, que temen una nueva hegemonía regional hostil a sus intereses.

Y no es para menos. Un acuerdo definitivo podría inclinar la balanza del poder en Medio Oriente a favor de Teherán, después de dos años de revueltas populares que debilitaron a las naciones árabes de la región.

El acuerdo para poner límites, pero no desechar, el enriquecimiento de uranio en Irán, que para Occidente siempre tuvo el fin de desarrollar una bomba, tiene implicaciones que van más allá de la proliferación de armas, en una región marcada por la guerra y crucial para el mundo por sus reservas de petróleo.

Para algunos Estados del Golfo, que consideran que Teherán es el camorrero de la región, y para Israel, que ve en Teherán una amenaza letal, el acuerdo de Ginebra implica que fracasaron en disuadir a Washington de un curso de acción que sospechan que terminará en lamentos.

Irán será más rico y fuerte gracias a la flexibilización y potencial eliminación de las sanciones que tienen jaqueada su economía, dando pie a los gobernantes islamistas para que aumenten su apoyo a sus aliados chiitas de los países árabes, según afirman quienes critican el acuerdo.

Por el contrario, los que lo apoyan dicen que el acercamiento entre dos potencias largamente enemistadas podría estabilizar una región en caos y reducir las luchas sectarias que han enfrentado sangrientamente a sunnitas y chiitas.

Como los centros históricos del poderío árabe, como Egipto, Siria e Irak, están debilitados por la insurgencia y las tensiones sectarias, un nuevo comienzo con Teherán emerge como un potencial logro alentador para un gobierno como el de Barack Obama, que busca un éxito en materia de política exterior.

Rami Khouri, de la Universidad Norteamericana de Beirut, describe el acuerdo como "algo muy bueno" que podría conducir a un acercamiento entre los gobernantes religiosos de Teherán y los líderes de los Estados árabes del Golfo, aliados de Estados Unidos.

"Si las negociaciones avanzan y las sanciones son levantadas progresivamente, la economía de Irán cobrará impulso, y también los sectores liberales. Pienso que poco a poco veremos progresos sociales y políticos en ese país", dijo Khouri.

"En el corto plazo, alienta la cooperación entre Estados Unidos e Irán para intentar negociar con Siria. Se está gestando una amenaza común: los militantes sunnitas bombardearán a los iraníes, bombardearán a Estados Unidos, como ya hemos visto, así que en este momento ellos son enemigos de todos."

Los expertos dicen que los países del Golfo intentarán consensuar una estrategia diplomática y de seguridad para reducir su vulnerabilidad frente a un Irán en resurgimiento, que ahora contempla con ansias un futuro libre de sanciones.

Por su parte, el primer ministro Benjamin Netanyahu dijo que el acuerdo provisorio era un error histórico porque "el régimen más peligroso del mundo dio un paso decisivo para obtener el arma más peligrosa del mundo". Netanyahu reafirmó la histórica amenaza de Israel de tomar acciones militares contra Irán, aunque un miembro de su gabinete de seguridad reconoció que el pacto coarta esa posibilidad.

Intromisión

En el corazón de las preocupaciones de los países del Golfo está la convicción de que los funcionarios moderados de Irán que negociaron no son los hombres fuertes que están a cargo de lo que consideran una intromisión chiita en los países sunnitas.

Los árabes del Golfo citan como ejemplo el apoyo de Irán al presidente sirio Bashar al-Assad, miembro de una secta desprendida de los chiitas, que ya lleva dos años y medio en guerra contra los rebeldes sunnitas apoyados por los árabes del Golfo.

Un alto funcionario de los países árabes cercano al pensamiento del gobierno saudita dijo que la actitud del reino sigue siendo de "sospecha", basada en los movimientos de Irán en Siria, Yemen y Bahrein.

"El arsenal atómico no es el único arsenal que tienen. El que debe preocuparnos es el arsenal escamoteado -dijo-. Ya hemos recibido muchos acuerdos y promesas de ellos en el pasado. Ahora esperamos ver alguna actitud correctiva."

La revelación de que altos funcionarios norteamericanos habían mantenido conversaciones bilaterales secretas con su contraparte iraní para preparar el acuerdo nuclear tal vez haya exacerbado los temores de los países del Golfo de que Washington pretende sellar un pacto con Irán a sus espaldas.

Muchos árabes del Golfo sospechan que los intereses comerciales que han conducido durante décadas las relaciones de Estados Unidos con ellos son los mismas que ahora llevan a Washington a negociar con Teherán. "Estados Unidos tiene sus intereses: Irán es un mercado lucrativo. Los iraníes tienen mucha infraestructura que reconstruir, lo que podría generar miles de millones de dólares para las empresas petroleras norteamericanas y británicas", dijo Abdullatif al-Mulhim, comodoro retirado de la armada saudita.

Además, algunos árabes del Golfo temen que un Estados Unidos cada vez más autosuficiente desde el punto de vista energético, gracias al shale gas que produce en casa, pierda interés en custodiar el estrecho de Ormuz, arteria por la que pasa el 40% del petróleo que se embarca.

Sami al-Faraj, asesor en seguridad del Consejo de Cooperación del Golfo (GCC), dijo que los gobiernos del Golfo ahora trabajarían diplomáticamente en un acuerdo sobre el nivel de seguridad necesario para sentirse protegidos contra cualquier ambición de dominio de Irán y dejó entrever que los árabes se sienten dejados de lado con este acuerdo.

Traducción de Jaime Arrambide

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