Un año marcado por un instante trágico

Los atentados en EE.UU. fueron el dramático punto de inflexión que inauguró, con luces y sombras, el nuevo milenio
Javier Navia
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30 de diciembre de 2001  

La historia ha registrado muchos puntos de inflexión, sucesos que por su trascendencia política o social modificaron el mundo y marcaron el fin de una época y el comienzo de otra, no siempre mejor que la precedente. Pero pocas veces, tal vez nunca como el 11 de septiembre de 2001, esos acontecimientos se produjeron en cuestión de segundos, el tiempo que demora un Boeing en atravesar una estructura de acero y cristal y desatar un incendio capaz de derretir una de las mayores construcciones realizadas por el hombre, mientras todo el planeta lo observaba en vivo y en directo con la mudez que provoca el horror y la única certeza de que algo había cambiado para siempre.

Se ha repetido que aquel día cambió la historia. El futuro se encargará de confirmarlo si es así, pero nadie duda de que el tiempo registrará el 2001 como el año en que vivimos en peligro: las bombas, los aviones, el correo, el ántrax y, ahora, hasta los explosivos zapatos desgastados de demenciales terroristas.

Es difícil recordar los hechos que a lo largo de este año han sido noticia porque cualquier acontecimiento anterior al 11 de septiembre parece demasiado lejano en el tiempo. Pero el primer año del siglo XXI presentó variadas novedades, aunque muchas de ellas sólo contribuyeron a subrayar un pesimista comienzo del milenio.

* * *

Para América latina, el 2001 estuvo marcado por convulsión política y tensiones sociales. En Perú asumió Alejandro Toledo, con la intención de dejar atrás los turbulentos meses que marcaron la destitucción de Fujimori, en noviembre de 2000. El final de año vio la caída de Fernando de la Rúa, en nuestro país. En Venezuela, el autocrático poder de Hugo Chávez vio debilitar sus cimientos con una brusca caída de la popularidad del presidente, mientras que en México, su presidente, Vicente Fox, fue incapaz de cumplir con sus promesas electorales y dar solución al conflicto en Chiapas.

Haití, en tanto, volvió a demostrar su debilidad institucional con un sangriento intento de golpe; las urnas en Nicaragua le dijeron una vez más que no a Daniel Ortega; un desmayo de Fidel Castro hizo contener el aliento a ambos lados del estrecho de Florida; el cáncer obligó a renunciar a Hugo Banzer en Bolivia; Lino Oviedo recuperó su libertad en Brasil; Colombia logró albergar la Copa América de fútbol, pese a que las muertes y los secuestros no se detuvieron, y Chile asistió a un impensado arresto domiciliario de Pinochet.

Europa, por su parte, logró llevar al ex dictador yugoslavo Slobodan Milosevic ante la Corte de La Haya, aunque la violencia étnica en Macedonia continuó convulsionando los Balcanes. El resto del continente siguió, en tanto, despidiendo sus monedas propias y preparándose para la entrada en vigor del euro, al tiempo que hacían frente al recurrente "mal de la vaca loca" y a una devastadora fiebre aftosa, que asoló principalmente a Gran Bretaña y a Francia.

Italia vivió en las urnas el regreso al poder del conservador Berlusconi; en España, el flagelo del terrorismo etarra no cedió ni dio tregua; en Holanda, la reina anunció el compromiso del príncipe heredero con la argentina Máxima Zorreguieta, y una prisión londinense albergó después de 30 años al legendario Ronnie Biggs, autor del robo del siglo.

Kubrick imaginó el 2001 como el año de la odisea del espacio. Lo fue al menos para Dennis Tito, un multimillonario estadounidense que se convirtió en el primer turista en viajar al espacio, huésped del programa espacial ruso, que, sin embargo, no pudo salvar la estación Mir de la desintegración.

En Israel, la llegada al poder de Ariel Sharon sólo contribuyó a incrementar la violencia y el odio en Medio Oriente, que llevaron al conflicto a asumir, sobre el fin del año, características de guerra total, mientras el terrorismo suicida de Hamas y la Jihad Islámica sepultaba casi definitivamente el proceso de paz y mermaba la influencia de Yasser Arafat.

En Africa, la República Democrática del Congo continuó desangrándose, aunque esta vez también corrió la sangre de su presidente, Laurent Kabila, muerto en un atentado. En Zimbabwe, la ocupación de propiedades de blancos causó disturbios raciales, y en Nigeria, la persecución de cristianos provocó cientos de muertos.

La inmigración ilegal, en tanto, continuó en aumento, en especial desde Africa, Asia y América latina, y causando tragedias humanitarias como la de los inmigrantes afganos, sin patria ni refugio, abandonados a la deriva frente a las costas de Australia.

No lejos de allí, en las Filipinas, la caída del presidente Estrada y su reemplazo por una mujer, Gloria Macapagal Arroyo, aliviaron tensiones políticas, pero no frenaron las acciones guerrilleras del grupo musulmán Abu Sayyaf.

Japón, pese a la llegada al poder del liberal Koizumi, soportó el incremento de la recesión y un desempleo récord; el acercamiento entre ambas Coreas se debilitó tras la llegada de Bush al poder, y Nepal vivió un drama shakespeariano cuando un príncipe enloquecido segó con una ametralladora la vida de toda la familia real. Para terminar un año lleno de peligros, India y Paquistán, dos potencias nucleares, llevaron el conflicto de Cachemira al borde una guerra total entre ambos países.

* * *

Para Estados Unidos, el año había comenzado con la asunción de George W. Bush como presidente y el regreso de los republicanos a la Casa Blanca. Desde el comienzo, las crisis se sucedieron. Primero con la colisión de un submarino nuclear y un pesquero japonés fuera de Hawaii, luego con las revelaciones sobre el espionaje ruso en Estados Unidos, infiltrado hasta en el FBI, y finalmente con la crisis del avión espía estadounidense capturado en China, tras chocar en el aire con un caza chino cuyo piloto murió.

La recesión, entretanto, continuaba acentuándose, mientras el país no se explicaba una ola inédita de ataques de tiburones, asistía a la ejecución de Timothy McVeigh y buscaba frenéticamente a la pasante Chandra Levy, desaparecida tras una relación amorosa con el senador Gary Condit. Fue entonces cuando, el 11 de septiembre, pilotos suicidas supuestamente enviados por el terrorista saudita Osama ben Laden destruyeron las Torres Gemelas, en Nueva York, y atacaron el Pentágono, causando la muerte de más de tres mil personas y dando el más trágico comienzo al nuevo siglo.

A los mayores atentados de la historia les siguieron las muertes por el ántrax y la cruzada de Bush contra el terrorismo, que tuvo su primer escenario en Afganistán, donde los talibanes, que ya habían sido noticia a comienzos del año cuando destruyeron los budas de Bamiyán, perdieron el poder que habían tomado en 1996.

* * *

El balance del 2001 difícilmente pueda ser más negativo y tal vez sólo logre rescatarse el avance de la justicia internacional para perseguir a los culpables de crímenes contra la humanidad como un aliento para recuperar el optimismo. Un consuelo que acaso sirva para esperar que el 2002 no traiga consigo tan oscuros acontecimientos.

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