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Un atentado que renueva los fantasmas de la violencia terrorista

Daniel Lozano
Daniel Lozano PARA LA NACION
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18 de enero de 2019  

CARACAS.- Nada más producirse la explosión en la Escuela General Santander, la sombra del Ejército de Liberación Nacional (ELN) comenzó a planear sobre el atentado de Bogotá. El modus operandi es muy parecido al que hace un año mató a cinco policías y dejó malheridos a casi medio centenar de agentes en el cuartel del barrio de San José, en Barranquilla. Las víctimas estaban formadas en el patio cuando se accionaron dos artefactos escondidos, que destrozaron las instalaciones. Los jueces procesaron a cuatro militantes de la guerrilla.

Cuando hace dos años otra bomba hizo explosión en un baño del capitalino Centro Comercial Andino, acabando con la vida de tres mujeres, los investigadores pusieron la lupa sobre las milicias urbanas del ELN. Y acertaron.

Para poner más aún a la guerrilla en la lista provisional de sospechosos, por delante de disidentes de las FARC, el vehículo empleado para el atentado estaba matriculado en Arauca, zona fronteriza con Venezuela donde el ELN está en plena actividad.

El país se asoma así de nuevo al vértigo terrorista que nunca lo abandonó, pese a los acuerdos de paz con las FARC, convertidas hoy en partido político. Los atentados del año pasado en la costa, la detención de tres venezolanos con armas largas en diciembre y la presencia de los guerrilleros en Venezuela mantienen viva la herida, esa que tanta sangre derramó durante la guerra de Pablo Escobar.

El jefe negociador de la guerrilla, comandada durante dos décadas por el cura Pérez, aseguró desde La Habana que no se han dado instrucciones para ejecutar atentados, precisamente cuando el gobierno de Iván Duque les había dado un ultimátum tras el derribo de un helicóptero en el Catatumbo y el secuestro de sus tres ocupantes.

Pastor Alape, antiguo comandante de las FARC y hoy uno de sus dirigentes, fue más allá: "Es una provocación contra la salida política al conflicto. Busca cerrar posibilidades de acuerdo con el ELN, deslegitimar las movilizaciones sociales y favorecer a sectores guerreristas". Negociaciones que ya naufragaron el año pasado y cuya reanudación hoy parece casi imposible. En el ELN, organización terrorista para Estados Unidos y para la Unión Europea, militan todavía cerca de 2000 guerrilleros. Un mensaje publicado en su portal Insurgencia el martes pasado, firmado por Frente Urbano ELN, sirvió para aumentar las sospechas sobre la organización: "¡Algo sucederá en el calor de esta ciudad! Un estallido de hombres y mujeres que se empiezan a organizar para sacar tanta maleza de este gran jardín de flores rojas".

"Es vital investigar si la dictadura venezolana tiene responsabilidad en este atentado, puesto que está comprobado que cabecillas de grupos paramilitares de Colombia hacen vida en Venezuela con amparo de Maduro", se apresuró a denunciar Julio Borges, expresidente del Parlamento venezolano exiliado hoy en Bogotá.

La presencia del ELN es pública en la zona fronteriza con Venezuela, incluso organizaciones civiles de Táchira lo acusan de repartir comida subvencionada por el gobierno de Caracas, así como de prestar vigilancia en varias minas. El propio ejército colombiano advirtió que esta guerrilla nutría sus filas con venezolanos.

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