Un caldo de cultivo para el terrorismo

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28 de diciembre de 2009  

LAGOS, Nigeria (Reuters).- En agosto pasado, durante una visita al país, la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, advirtió que Nigeria podría convertirse en un nuevo bastión para Al-Qaeda. Tal vez por eso nadie se sorprendió cuando se supo que el joven que intentó volar el avión de Northwest era nigeriano.

Nigeria, el país más poblado de Africa y el mayor productor de petróleo del continente, está divido casi equitativamente entre cristianos y musulmanes. Como el resto de Africa occidental, el país tiene una fuerte tradición de un islam sufí moderado, cuyos practicantes son conocidos por su tolerancia.

En los últimos años, insurgentes salafistas de Argelia, clérigos tablighi de Paquistán y misioneros wahhabistas de Arabia Saudita han intentado aumentar su influencia en la región, aunque sus ideologías han sido rechazadas por la mayoría de la población.

Aún no hay evidencia determinante sobre la presencia de Al-Qaeda en Nigeria, pero, al igual que Clinton, muchos diplomáticos occidentales han advertido que por su gran población, su pobreza y su importancia estratégica como proveedor de petróleo podría convertirse en un objetivo de grupos radicales islámicos.

En julio pasado, cerca de 800 personas murieron cuando las fuerzas de seguridad se enfrentaron con la secta Boko Haram, considerados los talibanes nigerianos, que buscan imponer la sharia en el país.

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