"Un cerco que ha salvado vidas"

Elie Wiesel, premio Nobel de la Paz, defiende la barrera
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25 de febrero de 2004  

NUEVA YORK.- "Francamente, no logro comprender tanto ruido por nada. Lo que se construyó en Israel no es un muro, sino un cerco para proteger al país de los ataques suicidas de los kamikazes. Se intenta cumplir esa función, que por otro lado es provisoria e indiscutible."

El que habla es Elie Wiesel, autorizado escritor y premio Nobel de la Paz, que escapó de Auschwitz y que se dice contrario al "proceso" iniciado anteayer en la Corte Internacional de Justicia de La Haya para discutir la legitimidad del muro que Israel construye en Cisjordania.

"Pienso que cada nación soberana y cada gobierno civil tienen el derecho-deber de defender a sus propios ciudadanos como mejor puedan -explica Wiesel-. Ciertamente no es tarea del tribunal de la ONU inmiscuirse en este asunto, ordenando a Israel no defender a sus propias mujeres, ancianos y niños. ¿Quizá ese tribunal esté dispuesto a proteger a los inocentes que son asesinados todos los días por los terroristas? Si la respuesta es sí, entonces podemos hablar de derribar ese cerco."

-Para los palestinos, es un instrumento de segregación que los afecta gravemente.

-Gracias a esa barrera, poquísimos terroristas han logrado entrar en el país, y así se salvaron muchas vidas, no sólo israelíes, sino también palestinas, ya que luego de cada atentado suicida la respuesta del Estado [israelí] provoca nuevas víctimas entre los palestinos. No olvidemos que esta medida no ha sido inspirada por una decisión política, sino por la seguridad nacional: si se llega a un acuerdo de paz entre las partes, serán suficientes unos pocos días para derribarlo.

-¿Piensa que los palestinos están ganando la guerra de los medios de comunicación?

-Israel está luchando por su propia existencia y su prioridad absoluta es salvar vidas y defender la dignidad de las personas que desean vivir. Explicar al mundo sus razones y complacer a la opinión pública no puede por lo tanto estar más que en segundo lugar.

-Sin embargo, hasta la administración Bush ha expresado no pocas reservas en las discusiones sobre el muro.

-Insisto, es un problema de lenguaje. Jamás se lo debería llamar muro, porque esa palabra tiene extrañas connotaciones que despiertan viejos fantasmas, desde el muro de Varsovia, al muro de Berlín, y estimulan al entorno de Arafat, que lo rebautizó como "el muro nazi". Pero es por lo menos ofensivo y repugnante comparar cualquier cosa que suceda en Israel con el pasado trágico de sus habitantes.

La única salida de esta espiral de odio es retomar el diálogo. Esto sólo se podrá realizar cuando ambas partes bajen el volumen y la violencia de los insultos recíprocos. Por ahora, Israel debe continuar haciendo lo que hace, defenderse con una valla que, no lo olvidemos, entre vecinos es normal.

-¿Es optimista?

-Si alguno me hubiera dicho en 1945 que viviría para participar de esta cruzada en 2004, no lo habría creído jamás. Estaba convencido de que el antisemitismo había muerto en Auschwitz, pero en cambio he debido constatar con estupor que sólo los judíos murieron en ese lugar, mientras que el antisemitismo está más sano y vigoroso que nunca. Ha sido la realidad más dolorosa que he comprobado en mi vida.

-¿Antisemitismo y cerco son caras de una misma moneda?

-Sí, pero Europa puede hacer mucho, ya que, de la inquisición a las cruzadas, y hasta los pogrom, el antisemitismo es una enfermedad europea. Jamás olvido las veces en que Europa ha abandonado a Israel. En 1973, cuando estaba por perder la guerra de Yom Kippur, que debía decidir la propia existencia, los norteamericanos comenzaron a enviar aviones, pero ni una sola nación europea permitió su aterrizaje para reabastecerse. Que recuerden bien ese triste capítulo de la historia los líderes europeos que hoy atacan al muro.

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