Un conflicto a fuego lento en la frontera

Drogas y minería ilegal, el botín detrás de la violencia armada
Sara España
Ana Marcos
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14 de abril de 2018  

GUAYAQUIL.- Mientras que Colombia trata de cerrar medio siglo de guerra con la ya exinsurgencia de las FARC, Ecuador se estrena en el narcoterrorismo. En menos de tres meses, el país latinoamericano ha sufrido el asesinato de cuatro militares, medio centenar de heridos y la ejecución de tres periodistas.

El sobresalto de ocho ataques en la zona fronteriza con coches bomba y explosiones ha atravesado a las fuerzas de seguridad y al gobierno ecuatoriano como una sacudida eléctrica de realidad. Ecuador se prepara para un escenario militar desconocido: la guerra de guerrillas que los grupos armados ilegales practican para asegurarse el narcotráfico, el contrabando y la explotación de recursos en ambos territorios.

Aunque para las autoridades el recrudecimiento de la violencia en el lado ecuatoriano sea un nuevo problema, para los militares experimentados es más bien la "crónica de un conflicto muy anunciado", particularmente en la selvática provincia de Esmeraldas, que linda al norte con el departamento colombiano de Nariño.

El sur del país se convirtió en la retaguardia de las FARC, donde la exinsurgencia llegó a tener más de 2000 combatientes. Pero el 1° de diciembre de 2016, tras el acuerdo de paz con Bogotá, empezó el vacío de poder en muchas regiones de Colombia. En ese momento, el ELN, las disidencias de las FARC y el narco ocuparon los espacios dejados por la guerrilla.

El botín es suculento: minería ilegal, cultivos de coca, trata de personas, tráfico de órganos, de armas y contrabando de todo tipo, aprovechando la dolarización de la economía ecuatoriana que facilita el lavado de dinero y las transacciones internacionales.

Solo en Tumaco, en el departamento de Nariño que linda con Ecuador, hay 23.000 hectáreas de cultivos de coca.

En el departamento del Putumayo se producen 100 toneladas de cocaína al año. En esta zona, los disidentes de las FARC mantienen los negocios ilegales de coca, marihuana y tráfico de madera para exportarlos a través de Ecuador.

Esta tesis es la misma que manejaban los servicios de inteligencia de Ecuador desde 2014, sin que se tomaran medidas disuasorias efectivas. Un informe de inteligencia advertía que la insurgencia y bandas criminales tenían acuerdos con el Cartel de Sinaloa para despachar cocaína a México. Se detectaron además, 40 pasos ilegales en los 720 km de frontera.

"Vivíamos una paz en la que se permitía que la droga transitara por nuestro territorio", ha dicho Moreno, muy crítico con la gestión de su predecesor Rafael Correa, al que considera "permisivo" con los grupos irregulares que operaban en la frontera.

En 2013, Correa renunció unilateralmente a los beneficios arancelarios que concedía Estados Unidos a Ecuador por la lucha contra el narcotráfico, alegando defensa de la soberanía nacional. Años antes, en 2008, ese distanciamiento ya se había materializado tras el bombardeo de Colombia en Angostura, región selvática ecuatoriana donde se escondía uno de los máximos dirigentes de las FARC.

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