Un conflicto entre el autoritarismo y quienes buscan detenerlo

Moisés Naím
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14 de mayo de 2014  

WASHINGTON.- Primera postal: "Moisés Guánchez tiene 19 años y trabajaba como mozo en un restaurante en las afueras de Caracas. El 5 de marzo, al salir del trabajo, se encontró atrapado junto con otras 40 personas en un estacionamiento. Efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana que reprimían una protesta en esa zona comenzaron a lanzar bombas lacrimógenas y a disparar perdigones de goma contra el grupo donde estaba Guánchez. Al intentar salir del lugar, un miembro de la Guardia Nacional se lo impidió, disparándole a la cara perdigones de goma. A pesar de que no ofreció resistencia, dos guardias se turnaron para golpearlo, al tiempo que un tercero se acercó y le disparó a quemarropa en la pelvis. Guánchez tuvo que ser intervenido quirúrgicamente en los brazos, la pierna y un testículo".

Segunda: "José Romero, de 17 años, fue detenido el 18 de marzo al salir de una estación de subte en Caracas. Un guardia nacional le pidió su identificación, y cuando Romero se la entregó, el guardia le dio una cachetada y lo detuvo sin mayor explicación. Fue trasladado a un lugar desconocido donde estuvo incomunicado, amenazado de muerte y golpeado. Fue obligado a permanecer de rodillas durante 12 horas sin agua, comida o la posibilidad de ir al baño. Durante la noche, los guardias le dijeron que lo iban a violar y uno de ellos le levantó la camisa y lo quemó tres veces".

Tercera: "El 21 de marzo, en Valencia, Daniela Rodríguez estaba filmando con su celular una marcha que se tornó violenta. Rodríguez corrió a su casa y cerró la puerta con llave. Treinta miembros de la policía y del servicio de inteligencia entraron por la fuerza en la casa y la arrestaron a ella y a su hermano Luis".

Cuarta: "El 13 de febrero, Juan Manuel Carrasco, de 21 años, y dos amigos corrieron para alejarse de choques violentos entre la Guardia Nacional y manifestantes en Valencia. Subieron a un auto, pero fueron rodeados por 15 guardias en motos. Los obligaron a salir, los golpearon, les quitaron sus celulares y otras pertenencias y luego incendiaron el auto. De allí los llevaron a un parque donde los obligaron a permanecer acostados, mientras continuaban golpeándolos y pisoteándoles la cara con sus botas. Uno de los guardias le puso un fusil en el cuello a Carrasco, y fue bajando el cañón del arma por la espalda, le bajó la ropa interior y le penetró el recto con el arma, causándole una hemorragia. A los otros los obligaron a yacer boca arriba mientras un guardia pasaba tres veces con una moto sobre sus piernas".

Estos son sólo cuatro de un largo inventario de horrores recopilado por la organización internacional Human Rights Watch (HRW) durante una visita a Venezuela en marzo. La lectura del informe (disponible en Internet) es tan escalofriante como obligatoria. Cada incidente está documentado con evidencias que no dejan lugar a dudas sobre la veracidad de lo que allí se relata.

Los expertos de HRW visitaron Caracas y tres estados venezolanos, llevaron a cabo más de 90 entrevistas con víctimas, los médicos que los atendieron, testigos, periodistas y organizaciones de defensa de los derechos humanos. Recabaron centenares de fotos, videos, informes médicos y documentos legales.

En palabras de José Miguel Vivanco, el director de HRW para América: "La magnitud de las violaciones de derechos humanos que documentamos en Venezuela, y la participación de miembros de las fuerzas de seguridad y funcionarios judiciales en estos delitos, demuestra que no se trata de incidentes aislados ni de excesos de algunos agentes insubordinados. Por el contrario, forman parte de un patrón alarmante de abusos que representa la crisis más grave que hemos presenciado en Venezuela en años".

El informe de HRW prueba que el gobierno de Nicolás Maduro hace un uso ilegal de la fuerza contra manifestantes desarmados e incluso contra simples transeúntes. Las severas palizas; el empleo indiscriminado de balas reales; perdigones de goma y gas lacrimógeno, y los disparos a quemarropa contra personas que están bajo custodia son actos rutinarios.

También se comprobó el maltrato continuo y sistemático de los detenidos, que en algunos casos puede considerarse como tortura.

El principal conflicto en la Venezuela de estos tiempos no es entre quienes promueven el socialismo y quienes creen en el capitalismo; entre ricos y pobres o entre quienes simpatizan con Estados Unidos y quienes repudian a la superpotencia. Es entre quienes defienden a un gobierno que utiliza la violación de los derechos humanos como política de Estado y quienes están dispuestos a sacrificarse para impedirlo.

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