Un cura uruguayo será el nuevo secretario personal del Papa

El Papa elogió el trabajo del padre Gonzalo con chicos de la calle y con adictos a las drogas
El Papa elogió el trabajo del padre Gonzalo con chicos de la calle y con adictos a las drogas Crédito: Vatican News
Elisabetta Piqué
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26 de enero de 2020  • 10:03

ROMA.- El Vaticano anunció hoy que un sacerdote uruguayo que trabajó mucho con chicos de la calle, el padre Gonzalo Aemilius, de 40 años, será el nuevo secretario privado del Papa. Ese puesto crucial se encontraba vacante desde diciembre pasado, cuando dejó esa función el padre argentino Fabián Pedacchio debido a una "ordinaria rotación".

Aemilius trabajará junto al otro secretario privado de Francisco, el padre egipcio Yoannis Lahzi Gaid, que cumple esta función "part-time" ya que también trabaja en la sección árabe de la Secretaría de Estado, como en su momento el muy discreto Pedacchio, que ahora volvió a estar "full time" en la Congregación de Obispos.

Debido al principio de rotación que impuso el Papa, que no quiere secretarios privados vitalicios con demasiado poder -como ocurrió con sus antecesores-, sino que cumplan un "servicio temporal", también el padre Gaid pronto podría dejar su puesto, según pudo saber LA NACION de fuentes vaticanas. Según observadores de cuestiones vaticanas es significativo que el nuevo secretario privado de Francisco sea uruguayo y no argentino, visto y considerando que los secretarios de todos sus antecesores siempre fueron de la misma nacionalidad del Pontífice.

Una larga amistad

Nacido el 18 de septiembre de 1979 en el seno de una familia acomodada de Montevideo, de una abuela judía y padre no creyentes, Aemilus se convirtió durante la escuela secundaria, sorprendido por la sonrisa y la alegría en el rostro de algunos sacerdotes que ayudaban a los niños de la calle, según recordó Vatican News. Fue así que "decidió hacerse sacerdote y dedicar su vida a los niños pobres y abandonados de su país", subrayó el portal del Vaticano.

Fue ordenado sacerdote el 6 de mayo de 2006 y, con gran creatividad fundó el Liceo Jubilar Juan Pablo II en Montevideo, una escuela para chicos pobres y estudió teología en Roma. Conoce al Papa desde 2006, cuando el entonces cardenal y arzobispo de Buenos Aires lo llamó porque había oído de su trabajo con los chicos de la calle y quería saber más sobre esa iniciativa.

Aemilius, más bien conocido como padre Gonzalo, saltó a la fama internacional en los primeros días del pontificado de Francisco porque, poco antes de su primera misa pública en la Iglesia de Santa Ana, en el Vaticano, el Papa lo reconoció entre la multitud que lo vivaba desde atrás de un vallado en la Puerta de Santa Ana. "¡Jorge, soy Gonzalo, estoy acá!", le gritó el padre Gonzalo y el Papa se acercó: "Vení pasá, te estuve llamando ayer y no me atendiste", le dijo. "Es que no atiendo el celular cuando es una llamada desconocida", le contestó Gonzalo, con quien se fundió en un abrazo tomado por cámaras de todo el mundo y que, al final de la misa, fue presentado públicamente por el Papa, que pidió a los presentes que rezaran por él y por su gran trabajo con los chicos de la calle y con los adictos a las drogas.

Aemilus se convirtió durante la escuela secundaria, sorprendido por la sonrisa y la alegría en el rostro de algunos sacerdotes que ayudaban a los niños de la calle

Entrevistado por diversos medios después de este increíble reencuentro, Aemilius contó que conoció al Papa siendo seminarista y que cuando él se interesó por su iniciativa con el Liceo Jubilar, se transformó para él en un "referente muy grande". "Tuve el privilegio de ser guíado por él en ese proceso", dijo. Y detalló que cuando Bergoglio se fue para el cónclave, le prometió que si era electo, algo que no esperaba para nada, viajaría a Roma. Fue así que su familia, consciente de la amistad que los une, le regaló el pasaje para ir y tuvo ese encuentro casual el 17 de marzo, que dio la vuelta al mundo.

Entrevistado por L'Osservatore Romano al día siguiente de ese episodio, padre Gonzalo contó que le había impresionado la capacidad del entonces arzobispo Bergoglio para integrar diferentes valores y canalizarlos en una sola dirección: "Experimentar esta capacidad suya fue decisivo en mi vida. Me enseñó a tomar lo mejor que hay en cada individuo, por más diferente que sea de todos los demás, y a aprovecharlo para el bien de todos".

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