Un desafío para la imaginación china.

Por Narciso Binayán
Por Narciso Binayán
(0)
20 de marzo de 2000  

Con su no discutible sagacidad, Mao Tse-tung da, a 24 años de su muerte (9 de septiembre de 1976), la lectura quizá más acertada de lo que pueden llegar a significar las elecciones presidenciales de anteayer en Taiwan: "China puede perder cien o doscientos millones de personas y seguiría siendo el país más grande del mundo. Incluso le convendría".

Porque la victoria del líder del separatismo, Chen Shui-bian (con Annette Hsien-Lien Lu como compañera de fórmula) abre una abanico de posibilidades como pocas veces se han presentado en la historia política moderna que van desde la Tercera Guerra Mundial con bomba atómica y todo, hasta que no pase nada. Todas las hipótesis se han manejado verbalmente y todas son posibles (lo cual no es lo mismo que probables).

Todo se reduce a esto: Chen planteó con realismo una salida realista a una situación real. Quiere proclamar la independencia de Taiwan, cuyo nombre sigue siendo República de China, frente a la comunista República Popular China. Desde 1949, cuando Mao derrotó al ejército nacionalista de Chiang Kai-Shek y éste, con su gobierno y sus tropas, partieron para su último baluarte, Taiwan, ha habido dos gobiernos chinos mutuamente excluyentes.

Chiang intentó mantenerse en las remotas provincias de Szechwan y Yunnan (al Sudoeste), que implicaba mantener también el control de las provincias tibetanas; en la isla de Hainán, en los archipiélagos que dominan la bahía de Hangchow, así como en la islita donde se levanta la ciudad de Amoy. No tuvo suerte y debió resignarse a Taiwan. Los Estados Unidos le dieron en cierto modo una garantía a través de las palabras del general MacArthur: "En manos de una potencia hostil podría compararse con un portaaviones insumergible y una base de submarinos" (1950). Pudo conservar también la banca en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas con derecho de veto como uno de "los cinco grandes" que habían ganado la Segunda Guerra Mundial, pero eso lo perdió en 1951.

De todos modos, la partición de China entre uno o varios gobiernos mutuamente excluyentes ha reaparecido como una constante a lo largo de los últimos dos mil años ("los tres reinos"; "la división Norte-Sur"). La última vez fue cuando la rebelión Taiping (1851-1864), que fue a la vez nacional y religiosa, y en la que se enfrentaron los conquistadores manchúes, que triunfaron desde Pekín, con el revolucionario gobierno de Nankín. Costo: 20 millones de vidas.

China, gran potencia

Al mismo tiempo ha reaparecido desde la Segunda Guerra una constante de la historia mundial, la única en realidad que es tan vieja como la civilización: China como gran potencia.

Para este dato constante basta con recordar que hasta 1900, y aun vencida en la Guerra del Opio y otras, China no admitía la paridad con otros países.La cancillería era una dependencia del Ministerio del Interior.

Ahora, en el "mundo unipolar" un informe de la comisión militar del Partido Comunista Chino sale al frente afirmando: "Hemos desarrollado una capacidad militar que puede dar respuesta a un ataque nuclear", así como su disposición "a tener muchas víctimas en la lucha", lo que no se daría -señala- en los Estados Unidos. Esto, por supuesto, si Washington interviniera en una eventual guerra (la peor variable). También puede ocurrir que se repita lo de Chechenia con Rusia y considerarlo "un asunto interno" (claro que, allá, los chechenos nada tienen de rusos, mientras que en Taiwan y en el continente todos son chinos).

La eventual declaración de independencia de Taiwan fue tomada en cuenta por Pekín con las maniobras antes de las primeras elecciones presidenciales, que incluyeron tres lanzamientos de misiles cerca de la isla (1996). Al mismo tiempo, 200 misiles están enfocados hacia Taiwan, pero no existe miedo en la isla (últimas encuestas: 51 por ciento).

La presente situación nació con la explosiva declaración del presidente saliente Lee Teng-hui: negociar con Pekín "de Estado a Estado". Y siguió con Chen (abogado, concejal, diputado y alcalde de Taipei -1994-1998): "Taiwan es un país (sic) y estoy compitiendo para su presidencia" (7/12/1999), que corrigió algo preocupado ante la reacción: "Relaciones especiales entre Estados".

Advertencias

Ahora ha ganado con el 40 por ciento de los votos, imponiéndose a los otros dos candidatos principales (cuatro por ciento más que el 36 por ciento que permitió a Allende ser presidente de Chile en 1970). Debe recordarse que no han faltado advertencias: "Si no abandona la política favorable a la independencia de Taiwan, la guerra será inevitable" (Li Jiaquan, del Instituto de Investigaciones de Taiwan en Pekín).

Triunfante, aunque no con mayoría absoluta, Chen ha anunciado su buena disposición a reunirse con las autoridades de China continental para negociar la reunificación, sea visitando él Pekín o viajando ellos a Taiwan. Pero el problema puede exceder el marco simplemente protocolar y rutinario: ¿cómo será recibido y bajo qué título? Y lo mismo vale para las autoridades del continente si van a Taiwan. ¿Serán recíprocamente gobernantes de dos países diferentes o no?

Es aquí donde la imaginación sin límites de los chinos puede encontrar una solución. Después de todo, fueron ellos los inventores de la brújula, la pólvora y la imprenta. Esa es la esperanza. Si no...

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.