Un desastre previsible tras años de descontrol

Pablo Ferri
Pablo Ferri MEDIO: El País
(0)
20 de enero de 2019  

CIUDAD DE MÉXICO.- Las explosiones en ductos de Pemex son relativamente comunes en México, la mayoría por tomas clandestinas defectuosas. En noviembre pasado, cuatro personas murieron en Tabasco por una explosión. Y en diciembre, en Guanajuato sacaron de sus casas a 2000 personas por un derrame. Hace apenas unos días trascendió un video de una fuga de un ducto a la altura de Acambay (estado de México), en el que se veía a decenas de vecinos alistando sus bidones, preparados para guardar todo el combustible posible antes de que llegara la policía.

No ocurría nada parecido a lo de anteanoche desde diciembre de 2010, cuando una explosión por una toma clandestina en Puebla provocó 29 muertes. Fue en San Martín Texmelucan, uno de los puntos rojos del "huachicol" en el país. Según datos de la Secretaría de la Defensa, solo en 2018 ubicaron 228 conexiones ilegales al ducto en este municipio, una de las cifras más altas del país.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador está en plena ofensiva contra el robo de combustible. Hace diez días, el presidente anunció el cierre parcial de varios ductos, tratando de evitar así el robo. La decisión generó polémica por el desabastecimiento que provocó en algunas ciudades, entre ellas la capital, Querétaro o Guadalajara. Con tal de evitar el robo, el combustible, en vez de ductos, viaja en camiones cisterna. López Obrador anunció la compra de 500 camiones para transportar combustible. Este anuncio podría indicar que los cierres parciales de los ductos van para largo.

El "huachicol" es un problema antiguo. El robo de combustible creció exponencialmente durante el sexenio de Felipe Calderón y se disparó en el de Enrique Peña Nieto en todo el país.

Solo en Hidalgo, las autoridades ubicaron 1064 tomas clandestinas en 2017. Al año siguiente fueron 1726, solo por detrás de Puebla. En total, en el último año fueron 12.581 en todo el país, un máximo histórico. Hace apenas unos días, López Obrador cifraba en 3000 millones de dólares las pérdidas anuales por culpa del "huachicol".

El mandatario no dudó en señalar a Pemex como origen y causa del robo de combustible. Y a sus antecesores en la presidencia como muñecos de trapo que avalaban un robo constante y multimillonario. La semana pasada, el mandatario apuntó a Peña Nieto, Calderón y Vicente Fox, por hacer caso omiso del problema. "Era una especie de tolerancia, estaba pactado o se daba por hecho", dijo.

Se sabía y no se hacía nada para evitarlo. Y no era solo que Pemex supiera dónde se hacía una toma clandestina y cuándo. Es que la misma empresa amparaba el robo en sus instalaciones.

A nadie extraña que Pemex estuviera involucrado a todos los niveles en el robo. El gobierno informó que el jefe de seguridad de la empresa, el general Eduardo León Trauwitz, está bajo investigación por colaborar con las maniobras.

El dueño de una estación contó días atrás que los mismos choferes de la compañía le ofrecían nafta robada. Se la vendían más barata que las terminales de Pemex, pero no le daban factura. El jefe de policía de uno de los pueblos del triángulo del "huachicol" de Puebla explicó que los ladrones aprendieron a hacer tomas clandestinas de trabajadores de Pemex.

Diario El País

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.