Un "dreamer" argentino, ante el día en el que se decide su futuro

M.D. dejó, junto con sus padres, el país en 2001 y hoy vive en Florida sin papeles; espera las elecciones con ansiedad
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28 de octubre de 2012  

Hace 11 años, cuando tenía siete años, M.D. corría, enojado, a meterse debajo de su cama en su casa de Castelar cada vez que le decían alguna frase en inglés para intentar familiarizarlo con el idioma. Ni siquiera la promesa de que podría conocer Disneyworld le hacía atractiva la idea de dejar la Argentina para radicarse en Miami.

Eran tiempos en los que no se requería visa, y sólo con el pasaporte argentino M.D. viajó finalmente con sus padres a Estados Unidos, en busca de un horizonte más atractivo que el que podía tener su papá como cuentapropista aquí, en 2001.

Hoy, a los 18 años, M.D. se siente más cómodo hablando en inglés que en español y, en diálogo telefónico con LA NACION desde Miami, saca cuentas con nostalgia: "Tengo pasaporte argentino, pero la mayor parte de mi vida la viví en Estados Unidos... Y nunca pudimos volver a Buenos Aires".

En Miami su padre hace arreglos y reparaciones en viviendas y su madre trabaja en limpieza de casas, lo que les permite un buen ingreso.

Pero, como indocumentados, viven con el permanente temor de ser arrestados por el Servicio de Inmigraciones y luego deportados. Toda la familia sabe de memoria qué zonas debe evitar para no toparse con la policía, y nunca se acercan a lugares "sensibles" como aeropuertos, puertos ni edificios federales.

La educación, sin embargo, no es un derecho que se niegue a los indocumentados. Y M.D., cuyo nombre completo no es publicado por precaución, tomó su formación académica como el compromiso que podía aportar al esfuerzo familiar.

Así, en junio pasado, se graduó cum laude en el colegio secundario, fue incorporado a la Sociedad Nacional de Honores de Matemáticas Mu Alpha Theta, y formó parte del equipo que ganó el campeonato intercolegial de vóleibol masculino de su barrio.

Su desempeño lo convierte en un excelente candidato para acogerse al Dream Act (los posibles beneficiarios son llamados "dreamers") impulsada por el Partido Demócrata hace más de una década, que concede una serie de beneficios a los jóvenes indocumentados. En caso de ser aprobada, unos 800.000 chicos inmigrantes como M.D. obtendrán la residencia legal y permiso de trabajo. Además, podrán tener acceso a préstamos federales y, en el caso de M.D., dejar de pagar los 1400 dólares que le cuesta ahora cada materia cuatrimestral de la universidad.

En junio pasado, el presidente Barack Obama lanzó una solución transitoria, un decreto llamado Acción Diferida, que no tuvo gran adhesión. Mientras tanto, el Dream Act sigue varado en el Congreso.

Y aunque, obviamente, no vota en estos comicios, M.D. siente que el 6 de noviembre se juega su futuro.

"Si llega a ganar Mitt Romney es muy poco probable que avance esta ley. Él es muy voluble. Un día dice una cosa y al otro día cambia.

"Con Obama la cosa parece distinta. Algunos opinan que lanzó esta iniciativa sólo para ganarse el voto hispano, pero con él tengo más confianza en que finalmente se va a aprobar", agrega.

La vida de un chico indocumentado en los Estados Unidos es muy compleja. La cuestión de los papeles es, por ejemplo, un tema tabú.

"Creo que no tengo amigos sin documentos. Pero la verdad es que no lo sé. Nunca me atrevería a preguntarle algo así a nadie", dice M.D.

Sin embargo, recuerda algo muy frecuente. Cuando hay fiestas, apenas ven acercarse un patrullero, sin dar mayores explicaciones, muchos jóvenes se retiran.

Otro aspecto que lo preocupa es que, si se pone en marcha el Dream Act, no está claro qué sucederá con los padres de los beneficiarios.

Una de las preguntas que deben responder los jóvenes al completar el formulario es quién los llevó de manera ilegal a los Estados Unidos. Y por el momento no está prevista ninguna amnistía para los adultos.

De todas formas, frente a la compleja decisión de qué hacer si él obtiene la residencia legal y sus padres son deportados, M.D. ya tiene una decisión tomada. "Yo tengo decidido quedarme a vivir en Estados Unidos, aunque sea solo. No puedo tirar a la basura tantos años de esfuerzos de mis padres. Y, con todo el dolor que tendría una separación, sé que esto es también lo que ellos quieren."

La lucha de un joven

Está indocumentado, pero se graduó con honores

  • M.D.

    Estudiante

    Cuando tenía siete años, en plena crisis de 2001, sus padres se radicaron ilegalmente en EE.UU. Hoy es un joven exitoso que va a la universidad y aspira a obtener la residencia legal
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