Un escándalo de masivo espionaje telefónico amenaza a Obama

Dos agencias de seguridad oficiales monitorean, desde hace años, millones de llamadas locales e internacionales; el gobierno y los republicanos defendieron el programa
Rafael Mathus Ruiz
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7 de junio de 2013  

NUEVA YORK.- Es una revelación que pone a Barack Obama a la par de su antecesor, George W. Bush, cuya política antiterrorista el actual presidente siempre criticó.

El diario británico The Guardian reveló anteayer que la Casa Blanca cuenta con un programa secreto, ícono del andamiaje de vigilancia creado con la polémica Acta Patriota, tras los ataques del 11 de Septiembre, para apoderarse de los registros telefónicos de millones de clientes de Verizon, el operador de celulares más grande del país, sin importar si son sospechosos de algún delito.

La denuncia de The Guardian creció ayer por la tarde cuando The Washington Post reveló que la NSA y el FBI también monitorean los servidores de nueve empresas de Internet, lo que les da acceso a los correos electrónicos, audios, videos y toda la actividad de sus usuarios.

La revelación del espionaje telefónico, herencia de la administración Bush y desplegado por el FBI y la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés), desató un escándalo que resucitó el debate sobre el equilibrio entre el respeto a la privacidad y las atribuciones de Washington para proteger al país de ataques terroristas.

"¿Soy solo yo o esta vigilancia secreta es obscenamente indignante?", tuiteó el ex vicepresidente demócrata Al Gore.

Por su parte, la poderosa Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) abrió una petición para reclamar que Obama "detenga de inmediato" esta práctica "totalmente inaceptable".

Una de las críticas más fuerte provino del diario The New York Times, que en una editorial posteada ayer en su sitio web, opinó: "El gobierno perdió toda su credibilidad".

A pesar de esas airadas reacciones, los funcionarios del gobierno de Obama y legisladores demócratas y republicanos estuvieron lejos de inmutarse. Incluso mostraron una inusual sintonía con una defensa cerrada del polémico espionaje de Washington.

Todos se recostaron en tres argumentos: se hace desde hace años, es legal, y es una herramienta crítica en la lucha contra el terrorismo.

"Si no lo hacemos, estamos locos", graficó el senador republicano Lindsay Graham, una de las figuras opositoras más carismáticas y notorias.

Graham, cliente de Verizon, dijo que no tenía ningún problema con la base de datos que amasó la NSA, en la cual figuran los números telefónicos de todas las llamadas locales e internacionales hechas por otros clientes como él desde Estados Unidos; el lugar desde dónde se realizó la llamada, y su hora y su duración.

El nombre del cliente, su dirección, el contenido de sus conversaciones y su información financiera no forman parte de los llamados "metadatos" que Verizon le entregó al gobierno federal, según una orden de la Corte de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA, según sus siglas en inglés), obtenida por The Guardian.

"Hasta donde yo sé, es la renovación de lo que ha estado en vigor durante los últimos siete años", matizó la senadora demócrata, Dianne Feinstein, presidenta del Comité de Inteligencia del Senado.

Durante una audiencia en el Senado, que ocurrió justo ayer, el fiscal general, Eric Holder, uno de los funcionarios más cercanos a Obama, reiteró que los legisladores sabían sobre el monitoreo interno, y aseguró que no había intenciones de "espiar a miembros del Congreso o a miembros de la Corte Suprema".

Aunque varios legisladores salieron a respaldar el espionaje y a asegurar a los estadounidenses que todo lo que se hizo "es legal", hubo voces en el Capitolio que se atrevieron a disentir. Una de las más notables fue la del republicano, Jim Sensenbrenner, autor del Acta Patriota.

"Aunque creo que el acta equilibró de manera apropiada las preocupaciones sobre la seguridad nacional y los derechos civiles, siempre me preocuparon los abusos -afirmó, en un comunicado-. Apoderarse de millones de registros telefónicos de millones de personas inocentes es excesivo y antiestadounidense".

Que un legislador republicano, autor de una de las leyes más denostadas por las voces progresistas, le haya enrostrado a Obama una crítica que Bush se cansó de escuchar, confirma que la realidad, a veces, supera a la ficción, y refleja hasta qué punto el mandatario es capaz de forzar su pragmatismo, sobre todo cuando se trata de la seguridad nacional.

El escándalo deja otra vez a Obama en una posición incómoda, tal como ocurrió cuando despuntó el espionaje a la agencia de noticias AP.

Un caso con repercusiones

El espionaje telefónico generó un fuerte impacto en EE.UU.

  • Dianne Feinstein - Senadora demócrata

    "Hasta donde yo sé, es la renovación de lo que estuvo en vigor durante los últimos siete años"
  • Jim Sensenbrenner - Autor de la "Ley patriota"

    "Apoderarse de millones de registros telefónicos de personas inocentes es excesivo"
  • Ari Fleischer - Ex secretario de Prensa de Bush

    "Ataques con drones, escuchas telefónicas... Obama lleva adelante el cuarto mandato de los Bush"
  • Del editor: qué significa:

    Pocas críticas le deben doler más a Obama que ser comparado tan de cerca con el presidente que él y el ala más progresista de los demócratas tanto rechazan.

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