Un estallido de furia contenida por 10 años

Fulya Ozerkan
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3 de junio de 2013  

ANKARA.- Las protestas en Estambul y en decenas de ciudades turcas, originadas por un pequeño grupo de militantes, reflejan el enojo de una población harta del poder autoritario que desde hace diez años ejerce el gobierno islamista conservador de Recep Tayyip Erdogan.

Desde la extrema izquierda a la derecha nacionalista, todo el espectro político unió en los últimos días para invadir plazas al grito de "¡Dictador dimisión!". Todos expresaron la ira acumulada contra la política del gobierno, exacerbada además por la violenta represión policial.

"Estas manifestaciones no son obra de un puñado de militantes o de una organización, sino la expresión de una generalizada frustración de gente de todas las corrientes políticas", explicó el politólogo Ilter Turan, de la universidad privada Bilgi, de Estambul.

"Es un movimiento popular sin precedente, súbito, (...) producto de la frustración y la decepción de los sectores laicos de la sociedad, que carecen de influencia sobre la vida pública desde hace 10 años", agregó Sinan Ulgen, analista de la fundación Carnegie Europe.

El islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) llegó al poder en 2002 en una Turquía exhausta por una crisis financiera y por la inestabilidad política generada por las intervenciones de los militares en la vida pública. Su gobierno multiplicó por tres el ingreso por habitante gracias a un crecimiento que superó el 8% en 2010 y 2011, generalizó el acceso a la educación y la salud, y relegó al ejército a los cuarteles.

Pero también hizo ingresar la religión en el espacio público, ante la inquietud de los defensores de la república laica. El velo islámico fue autorizado en algunas universidades. El virtuoso pianista Fazil Say fue condenado por blasfemia por una serie de tuits en los que ironizaba sobre la religión. La semana pasada, el gobierno hizo votar una ley que prohíbe la venta de alcohol cerca de las mezquitas y las escuelas. La lista es larga, sin contar con los intentos por limitar el derecho al aborto o prohibir el adulterio. Muchos manifestantes expresaron su hartazgo ante un poder que, dicen, quiere "imponerles una forma de vivir". Por su parte, la izquierda y la extrema izquierda también denunciaron la represión ejercida por las autoridades, bajo pretexto de la lucha contra el terrorismo, con miles de personas detenidas.

Todos acusan a un poder cada vez más autoritario, amparado por sus éxitos electorales. Frente a una oposición totalmente superada, el partido de Erdogan ganó las elecciones generales de 2007 y 2011, con 47 y 50% de los votos, respectivamente.

Obligado por las normas del AKP a renunciar a la jefatura de gobierno en 2015, Erdogan no esconde su ambición de aspirar el próximo año al cargo de presidente, que será electo por primera vez mediante sufragio universal.

"La ola de protestas en la plaza Taksim ha afectado por primera vez la imagen todopoderosa del primer ministro", escribió ayer el editorialista Murat Yeykin, del Hürriyet Dailynews.

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