Un giro que pone fin a la tolerancia de Ankara

J. Kuhlmanno
M. Schmitt
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28 de julio de 2015  

ESTAMBUL.- La incorporación oficial de Turquía a la coalición internacional que lucha contra Estado Islámico (EI) en Siria representa un giro de 180 grados en la política exterior de ese país. El gobierno turco solicitó convocar una reunión extraordinaria de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), alianza de la que es miembro, para evaluar junto con sus aliados los pasos a dar a raíz de los ataques a su seguridad nacional y de las amenazas que afronta actualmente.

Si bien hace tiempo que integra la coalición liderada por Estados Unidos, hasta el momento Turquía no había intervenido militarmente en el conflicto en Siria. Pero el viernes decidió atacar por primera vez posiciones del grupo jihadista en el vecino país, al tiempo que confirmó que participaría en los ataques aéreos de la coalición liderada por Washington y permitiría que los aviones militares usen su base en Incirlik.

El Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), del presidente Recep Tayyip Erdogan, había tolerado durante demasiado tiempo a EI en su frontera. La oposición kurda incluso llegó a acusar al partido islamista conservador de apoyar a los terroristas, lo que el gobierno siempre negó.

Turquía especulaba con que las milicias de EI también debilitarían al régimen sirio de Bashar al-Assad, algo que hasta ahora no pasó.

Durante mucho tiempo, el gobierno turco vio a EI como un contrapeso frente a las milicias kurdas Unidades de Protección Popular (YPG) en Siria, que entretanto controlan la mayor parte de la frontera con Turquía y son afines al proscripto Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). Esta organización está catalogada como terrorista por Turquía, la Unión Europea y Estados Unidos.

Ahora, Ankara teme que los éxitos militares de los kurdos en Irak y Siria puedan dar un nuevo impulso a la idea de un Estado kurdo independiente, que incluya las regiones de Turquía pobladas por kurdos.

Un posible motivo del giro en la política turca es el atentado de la semana pasada contra un centro cultural del sur del país, que dejó 32 muertos, y que el gobierno turco atribuyó al grupo jihadista. Sobre los motivos de los extremistas para atacar Turquía sólo puede especularse. La variante más probable es que con el ataque EI buscara avivar las tensiones entre el gobierno turco y los kurdos.

Suruc, donde se registró el atentado, está gobernado por el prokurdo Partido Democrático Popular (HDP). El objetivo del ataque fueron jóvenes que querían ayudar a reconstruir la ciudad sirio-kurda de Kobane, de la que EI fue expulsado por combatientes kurdos con ayuda de la fuerza aérea norteamericana.

Pero el atentado también pudo haber sido una advertencia al gobierno turco en el sentido de que todo golpe de Turquía contra EI será vengado, por lo que a Ankara le convendría mantenerse al margen.

Turquía parece haber entendido que ya no está a salvo de ataques. La apertura de la base Incirlik para que Estados Unidos pueda lanzar ataques aéreos desde allí también le permite a Turquía actuar de manera más efectiva contra EI. Aparentemente, en Washington circulan planes para establecer una zona segura para rebeldes en el norte de Siria con ayuda de tropas turcas.

Más allá de la firmeza que Turquía demuestra contra EI, también deja muy en claro que considera igualmente amenazantes al PKK y sus grupos afines.

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