Un líder cada vez más aislado y más alejado de la gente

Guy Faulconbride
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26 de diciembre de 2011  

MOSCU.- El primer ministro Vladimir Putin parece cada vez más alejado de la gente, ahora que la oposición ha logrado hacer salir a las calles de Moscú, por segunda vez en dos semanas, a decenas de miles de manifestantes que exigen que se vuelvan a realizar las elecciones parlamentarias.

Los manifestantes dicen estar cansados de su control sobre Rusia después de ocho años como presidente y ahora cuatro como primer ministro, y sospechan que las elecciones del 4 de diciembre, que le dieron la victoria al partido Rusia Unida, fueron fraudulentas.

Putin primero desestimó a los manifestantes al considerarlos "monos charlatanes financiados desde el extranjero", después apoyó la propuesta del presidente Dimitri Medvedev de introducir una reforma política gradual y luego el líder de 59 años de edad hizo que designaran a un ex espía de la KGB jefe de gabinete del Kremlin.

El abismo entre Putin y gran parte de su pueblo ha convencido a muchos de que ha perdido su influencia popular y se niega a tomar a los manifestantes con la misma seriedad que muchos de sus aliados más cercanos, mientras se dispone a volver a la presidencia en las elecciones de marzo próximo.

"Ellos no lo entienden", dijo un funcionario cercano a Putin y Medvedev. "Uno es débil y el otro no quiere escuchar", añadió.

No es un pronóstico alentador para la estabilidad del país más grande del mundo y el mayor productor de energía.

Los opositores dicen que el círculo íntimo de Putin es un pequeño grupo de ex espías de la KGB, empresarios y funcionarios del Kremlin que tienen poca empatía con la generación más joven de rusos urbanos adeptos a Internet que ha ganado las calles este mes. Pero la imagen que transmite Putin de los manifestantes de peones financiados por una potencia extranjera también ha contrastado con las conclusiones de algunos de los otros miembros de su corte.

El vicejefe de gabinete del Kremlin, Vladislav Surkov, que ayudó a Putin a estructurar su sistema político estrechamente controlado, advirtió el viernes que algunos enemigos querían provocar una revolución, pero que los manifestantes se contaban entre las mejores personas de la sociedad.

"La mejor parte de nuestra sociedad, o más bien la parte más productiva, está exigiendo respeto -dijo Surkov, uno de los asesores más poderosos de Putin en el ámbito de la política interna-. Uno no puede simplemente borrar de un plumazo sus opiniones de manera arrogante."

Un aliado aún más estrecho de Putin, el ex ministro de finanzas Alexei Kudrin, se unió a las protestas anteayer en Moscú, y advirtió que Rusia necesitaba reformas políticas mucho más serias para garantizarse un desarrollo sustentable.

"Hoy estoy aquí porque no creo que las elecciones fueran justas, y creo que debemos realizar una investigación y castigar a los responsables, incluyendo los que tienen responsabilidad criminal", declaró Kudrin, que ayudó a Putin a conseguir su primer cargo en el Kremlin en 1996.

Pero Putin también tiene otros poderosos asesores. Nikolai Patrushev, el poderoso jefe del Consejo de Seguridad ruso y ex director del servicio de seguridad estatal FSB, dijo que Rusia debería imponer "una regulación racional" de Internet.

Otro ex espía de la KGB, Sergei Ivanov, fue designado el jueves jefe de gabinete del Kremlin, y el viceprimer ministro, Igor Sechin, aliado de Putin, ha hecho pública su preocupación por el papel desempeñado por Internet en las revueltas de la "primavera árabe".

Patrushev, de 60 años; Ivanov, de 58, y Sechin, de 51, son todos viejos amigos de Putin, y aunque estén divididos por sus diferentes preferencias de tácticas y políticas cortesanas, en última instancia pertenecen a la línea dura.

Con sus 46 años y su fanatismo por el iPad, Medvedev puede tener más conocimiento de la furia que reina contra Putin, pero es débil políticamente.

"Medvedev entiende todo esto un poco mejor, porque es una persona menos propensa a las teorías conspirativas", dijo una fuente con estrechas vinculaciones con la dirigencia, que agregó que los líderes rusos esperaban que las protestas se consumieran por sí mismas. "Putin ha notado que su popularidad va en declive", añadió.

Para el primer ministro, que ha usado su popularidad para justificar su plan de presentarse como candidato a la presidencia en las elecciones del 4 de marzo, eso tal vez resulte muy duro de aceptar.

Putin sigue siendo el político más popular de Rusia, y aunque sus índices son altos según los estándares occidentales, son bajos para las propias expectativas del primer ministro.

La encuestadora independiente más grande de Rusia, el Centro Levada, dijo que el 63% de los rusos aprobaban su desempeño como primer ministro. Pero son tan sólo tres puntos por encima del nivel más bajo desde agosto de 2000, cuando se vio perjudicado por su torpe reacción ante un desastre naval que terminó con la vida de los 118 tripulantes del submarino Kursk.

"Están preocupados y nerviosos. Y realmente tienen motivos", dijo Mikhail Kasyanov.

Sin liderazgo

Putin parece decidido a no dar importancia a las protestas. Está convencido de que aunque el número de manifestantes es mucho mayor que cualquiera que haya enfrentado antes, sigue siendo un porcentaje de la población relativamente pequeño, en un país con más de 140 millones de habitantes.

El premier también apuesta al apoyo de las provincias, donde muchos millones de rusos lo consideran el hombre que reinstauró el orden en Rusia después del caos de la década que siguió al colapso de la Unión Soviética, en 1991.

En una sesión televisada de preguntas y respuestas con el pueblo ruso, Putin se refirió a los "monos charlatanes" conocidos como Bandar Log en E l libro de la selva, de Rudyard Kipling, para describir a los manifestantes.

Pero Alexei Navalny, el líder más destacado de los divididos grupos de oposición que se niegan a negociar con el Kremlin, utilizó las frases de Putin en contra de las autoridades.

"¿Dónde está el tipo que nos calificó así?", les dijo Navalny, de 35 años, a los miles de manifestantes que colmaban la avenida Sakharov, de Moscú. La sátira de Navalny puede excitar a las multitudes y a los miles que leen sus blogs, pero la fragmentada oposición aún no tiene líder. Como para ilustrar ese hecho, decenas de líderes diferentes se dirigieron a la multitud reunida en Moscú.

Traducción de Jaime Arrambide

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