Un líder con "mano dura" contra la violencia

Gustavo Palencia
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26 de noviembre de 2013  

TEGUCIGALPA.- Juan Orlando Hernández, el candidato oficialista que se impuso en las elecciones de Honduras, tiene una receta para acabar con la delincuencia en uno de los rincones más violentos del mundo: sacar los militares a la calle.

Nacido en el seno de una familia campesina, formado en Estados Unidos y, como presidente del Congreso, uno de los hombres más influyentes de Honduras, Hernández era la gran apuesta del Partido Nacional para retener el poder en las elecciones de anteayer.

Abogado, de 45 años, Hernández prometió crear una policía militar para contener la imparable ola de violencia relacionada con el narcotráfico que azota a Honduras. El uso de imágenes de militares en su propaganda fue criticado por la oposición, pero lo ayudó a reducir progresivamente la brecha que lo separaba de su principal rival, la izquierdista Xiomara Castro, esposa del depuesto presidente Manuel Zelaya.

Hernández insistió durante la campaña en que haría lo que fuera necesario para recuperar la paz en Honduras, aun cuando se viera obligado a "poner un militar en cada esquina". Fue él quien impulsó en el Congreso una reforma para darle al ejército funciones policiales ante la extendida corrupción de la policía. Su propuesta de crear una policía militar con 5000 hombres es considerada por sus adversarios un retroceso en la institucionalidad del país.

Hernández, casado y con cuatro hijos, proviene de una familia de agricultores del departamento de Lempira (Oeste), una de las regiones más pobres del país. Estudió en un colegio militar, se graduó como abogado y obtuvo una maestría en administración legislativa en Estados Unidos.

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