Un mensaje simple, pero que algunos no digieren

Elisabetta Piqué
(0)
16 de febrero de 2015  

ROMA.- El Papa indicó claramente el programa de su pontificado hace tiempo, en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, en noviembre de 2013. Entonces habló de conversión del papado, de descentralización, de reforma estructural, pero, ante todo, de reforma moral, espiritual.

En verdad, dejó muy claro el rumbo reformista desde el momento en que se asomó al balcón de la Basílica de San Pedro el 13 de marzo de 2013, cuando conquistó al mundo con su buonasera, que escandalizó a los sectores más tradicionalistas, que hubieran querido un saludo eclesiástico.

Desde entonces, Francisco, acusado de "populista" por sus detractores, con sus actos de gobierno, sus misas matutinas en Santa Marta, sus gestos de austeridad y sus homilías, día tras día fue revitalizando a una Iglesia Católica alejada de la gente, ya no creíble por su modo de ser y por sus escándalos mundanos.

Y le lanzó a la misma Iglesia Católica un desafío: ante todo, cambiar de mentalidad, abrirse, salir. Una y otra vez habló de una Iglesia formada por pastores con "olor a oveja" y obispos que no sean "príncipes". Obispos que caminen delante de su pueblo, guiándolo, en el medio, acompañándolo y detrás, aprendiendo de él. Una Iglesia como un "hospital de campaña después de la batalla" que no está ahí para condenar, para aplicar la ley, sino para curar a los heridos de nuestro tiempo -los leprosos de ayer-, para transmitir el mensaje revolucionario de Jesús, que es amor, que es misericordia, que lo perdona todo, que es ayudar a los últimos.

Si cuando lleva casi dos años de pontificado alguien no tenía claro que éste es el rumbo, ayer Francisco, que no casualmente eligió este nombre, quiso recordarlo.

Lo hizo sabiendo que hablaba ante el colegio cardenalicio formado por la máximos líderes de la Iglesia universal, con quienes se había reunido durante dos días, dándoles la posibilidad de hablar, comentar, discutir libremente, colegialmente, las reformas de la curia romana puestas en marcha junto al C-9, el consejo de nueve cardenales que lo asesora.

En una homilía-bomba sobre la compasión y la misericordia que debe reintegrar a los marginados, evidentemente escrita y pensada al milímetro y calificada por un veterano vaticanista como un capolavoro, Jorge Bergoglio volvió a decir cuál es su idea de reforma. Y dejó en claro que seguirá adelante, más allá de las resistencias. No por nada recordó que Jesús y los apóstoles Pedro y Pablo en su época escandalizaron y tuvieron resistencias y hostilidad.

En el sínodo de octubre pasado (que fue la primera parte de un proceso que seguirá en octubre próximo), por primera vez se discutieron temas tabú que hacen a la familia, como la comunión a los divorciados vueltos a casar. Esto puso a la defensiva a sectores intransigentes, minoritarios pero influyentes, que tienen otra visión de Iglesia, una Iglesia para pocos selectos y que temen un desmoronamiento de la doctrina. Con gran agudez analítica, aludió a estos sectores cuando en la homilía habló de "dos lógicas de pensamiento y de fe: el miedo de perder a los salvados y el deseo de salvar a los perdidos".

"Estas dos lógicas recorren toda la historia de la Iglesia: marginar y reintegrar", destacó. Pero recordó que el camino de Jesús siempre fue uno: "El de la misericordia y la integración".

Un mensaje simple, pero aún difícil de entender para algunos.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.