Un milagro a medias: España crece pero la crisis persiste

La recesión y los ajustes drásticos ya pasaron; sin embargo, el desempleo sigue arriba y la pobreza y la desigualdad golpean a los españoles
La recesión y los ajustes drásticos ya pasaron; sin embargo, el desempleo sigue arriba y la pobreza y la desigualdad golpean a los españoles
Martín Rodríguez Yebra
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17 de octubre de 2015  

MADRID.- El milagro no termina de manifestarse. Al presidente de España, Mariano Rajoy, se le desbarata la estrategia central de su campaña para la reelección, que consistía en presentarse como el artífice de un robusto repunte económico después del peor derrumbe que se recuerde en una generación.

Pasaron la recesión, los ajustes drásticos y el pánico a la quiebra, pero a siete años de su estallido la crisis todavía condiciona la vida de los españoles. Los signos de mejora, apreciables en los cuadros macro, contrastan con un frágil panorama social y con conflictos que encienden alarmas de cara al futuro.

Faltan dos meses para las elecciones y la creación de empleo se estancó. La tasa de desocupación no baja del 22% (llegó a ser del 26%), un poco por encima de la que recibió Rajoy al asumir, en 2011. Duplica la media europea. En agosto y septiembre creció el número de demandantes de subsidios laborales, después de un año seguido de descenso.

La pobreza se cristaliza. La agencia de estadísticas de la Unión Europea (UE) publicó ayer un lapidario informe en el que coloca a España como el país en el que más creció la población en riesgo de exclusión durante 2014, hasta alcanzar el 29,2%. Sólo Grecia está peor.

La organización católica Cáritas confirmó que se mantiene la cantidad de gente que atiende en sus comedores sociales -dos millones al año- y que cada vez más los necesitados son personas que tienen trabajo. Otros estudios ratifican que la devaluación salarial ocurrida en la crisis ha provocado un incremento sin precedente de la desigualdad.

La deuda pública supera por primera vez el 100% del PBI, aunque los mercados ya no ven riesgo de impago y aplauden la salud financiera de España. La UE monitorea las políticas que impuso para estabilizar la economía. Esta semana la Comisión Europea advirtió que España debe revisar su proyecto de presupuesto 2016 e incluir "medidas adicionales" para alcanzar los objetivos de déficit comprometidos con sus socios. Traducido, significa recortar partidas sociales o subir impuestos.

Fue un cimbronazo para el gobierno del Partido Popular (PP), que se comporta como un alumno aplicado de las recetas ortodoxas del Eurogrupo, algo así como la contracara de la Grecia rebelde del izquierdista Syriza.

A las dificultades para dejar atrás el pasado, se suman incertidumbres delicadas en los meses que vendrán. Sobre todo el conflicto por el plan independentista del gobierno de Cataluña, la región que produce el 19% de la riqueza de España.

La realidad quitó espacio al exitismo económico en la campaña de Rajoy. El PP siente cerca la amenaza de Ciudadanos, el partido liberal que le está comiendo votos en todas las regiones, como quedó patente en las elecciones catalanas de septiembre. Paralelamente, el declive de Podemos le resta gancho al discurso del miedo a un cambio radical que provoque otra recesión.

En el primer semestre de 2015 la economía creció 1%, más que ningún otro país de la zona euro. ¿Pero es una tendencia sostenible, más allá de quién gobierne el año próximo? Los analistas económicos son cautos, pese al optimismo del gobierno. Explican que este año la baja en el precio del petróleo, la devaluación del euro respecto del dólar y el paquete de estímulo aprobado por el Banco Central Europeo (BCE) beneficiaron a España. Pero 2016 se intuye menos alentador.

"Ese contexto no se repetirá. Nuestra deuda externa ha vuelto a aumentar y es nuestra principal vulnerabilidad. El empleo se ha parado en seco y la producción industrial está cayendo", describió el analista José Carlos Díez, investigador de la Universidad de Alcalá de Henares.

Emilio Ontiveros, presidente de Analistas Financieros Internacionales (AFI) y catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid, coincidió en la influencia positiva del contexto externo y puso signos de interrogación sobre el futuro. "La macroeconomía dice que hay recuperación, pero la renta familiar no crece. A pesar de que aumenta el empleo, la calidad de esos trabajos no es suficiente para fortalecer el estado de ánimo de la gente."

Según cifras de la central sindical UGT, el 36% de los trabajos actuales en España son precarios. La desocupación juvenil se ubica en el 53% y uno de cada cuatro contratos que se firman en el país tiene una duración de apenas una semana. La reforma laboral que aprobó Rajoy en 2012, en lo peor de la crisis, rebajó al límite las condiciones para tomar personal. Sus efectos distaron de ser espectaculares. La semana que pasó, la patronal CEOE reclamó más flexibilidad aún para impulsar el mercado. La última encuesta del estatal Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) reveló que para el 75% de los españoles el desempleo es el principal problema.

"Aunque vaya desapareciendo el concepto de crisis económica y que sus consecuencias hayan salido de los medios, seguimos perdiendo la batalla contra la pobreza y la exclusión", alertó Sebastián Mora, secretario general de Cáritas.

La situación de Cataluña agranda la inquietud. Ontiveros señaló que los mercados están ya preocupados por la posibilidad de un intento secesionista. "Sería un juego con resultado negativo para las dos partes -indicó-. Cataluña perdería fuera de la economía española, y la economía española sufriría si se va una de las regiones más dinámicas del país".

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