Un país condenado a sufrir temblores y que podría hacer más para mitigarlos

Crispian Balmer
Crispian Balmer MEDIO: Agencia Reuters
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25 de agosto de 2016  

ROMA.- El centro de Italia es una de las regiones sísmicas más activas del mundo, sacudida regularmente por temblores que recorren los Apeninos, espina dorsal del país.

La mayoría de esos temblores son tan mínimos que apenas se perciben en las centenarias poblaciones que salpican el paisaje, y sólo son registrados por los sensores electrónicos. Pero el miércoles, un sismo letal se cobró la vida de por lo menos 120 personas y dejó cientos de edificios en ruinas.

Como parece inevitable que se produzcan desastres semejantes en el futuro, los expertos dicen que Italia podría hacer más para proteger la vida y la propiedad de sus ciudadanos.

"Italia debe prepararse para tener un terremoto de más de 6,3 grados de magnitud cada 15 años en promedio, y eso debería alentar una mayor cultura de prevención sísmica y protección civil", dice Fabio Tortorici, director de estudios del Instituto Geológico Italiano.

El terremoto del miércoles alcanzó los 6,2 grados en la escala de Richter, con epicentro 10 kilómetros bajo la superficie, una profundidad bastante corta que multiplicó su poder de destrucción, según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés).

"La cordillera de los Apeninos, que recorre Italia como una espina dorsal, está siendo estirada gradualmente en dirección nordeste-sudoeste por fuerzas tectónicas a un ritmo de alrededor de 3 mm por año", dice Richard Walters, experto en ciencias de la Tierra de la universidad británica de Durham.

"Ese lento estiramiento hace que la presión se acumule en la corteza terrestre, presión que luego se libera con terremotos como éste", dice Walters.

El terremoto de ayer fue el más destructivo que sufre Italia desde 2009, cuando un sismo dejó 300 víctimas mortales y 55.000 personas sin hogar, y devastó la ciudad del siglo XIII de L'Aquila.

La tragedia de las últimas horas dejó una vez más en evidencia la fragilidad de la infraestructura italiana: el sismo devastó edificaciones viejas y nuevas por igual, incluidos iglesias, hospitales y un dormitorio universitario.

Normas de seguridad

Un sondeo de 2008 realizado por expertos en protección civil reveló que sólo el 14% de los edificios de las zonas más vulnerables del país se ajustaban a los estándares antisísmicos.

Ese mismo año, se implementaron normas que exigen estándares mucho más altos para la construcción de edificios nuevos, pero de todos modos quedaron expuestos a la actividad sísmica la mayoría de los hogares y oficinas existentes.

Un informe divulgado el mes pasado por una asociación italiana de aseguradoras consigna que dos tercios de los municipios de la península se encuentran en zonas sísmicas y que existe una proporción similar de edificios construidos sin ninguna protección contra los golpes de terremotos.

"Algunas cosas cambiaron, pero se puede hacer mucho más", dice Tortorici.

"El verdadero problema son las propiedades construidas antes de la década de 1970, cuando no existían regulaciones al respecto. El país fue recubierto de cemento, que tiene una vida útil muy acotada", dice el experto del Instituto Geológico.

Cualquier medida para apuntalar edificios antiguos para hacerlos más seguros podría enfrentar feroces resistencias, debido al costo de reforzar cada aldea medieval y cada palacio renacentista sin despojarlos de su encanto.

Tortorici dice que el gobierno podría ofrecer incentivos para alentar un esfuerzo a nivel nacional.

Sin embargo, Italia se debate bajo el peso de la mayor deuda pública de Europa, y difícilmente podría darle incentivos generosos al sector privado o afrontar la ingente inversión de dinero necesaria para hacer que todos los edificios públicos sean seguros.

Rodeado de escombros en la aldea de Arquata de Tronto, el vecino Altiero Cinaglia, de 65 años, tiene una visión fatalista sobre la idea de aplicar estándares de seguridad al estilo japonés en la tambaleante Italia.

"¿Qué se supone que hagamos? No se pueden tirar abajo todos los edificios viejos y reemplazarlos por otros nuevos. Estas aldeas viven del turismo veraniego y los turistas buscan la belleza de los edificios antiguos", dice Cinaglia. "No se puede hacer nada."

Traducción de Jaime Arrambide

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