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Un paseo por la capital de "trucholandia"

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29 de marzo de 2000  

MOSCU (De un enviado especial).- Las callecitas de Moscú tienen ese qué sé yo, ¿viste?, podría empezar "Balada para un loco" si en lugar de Horacio Ferrer la letra la hubiese escrito un autor ruso. Sin embargo, él sí sabría con certeza qué tienen: los últimos programas de computación, las últimas películas, los últimos compact discs, algunos que todavía ni siquiera salieron en Occidente.

¿Acaso una muestra de la riqueza rusa? No, la señal más clara de una de las industrias más poderosas del país: la de las copias piratas, que no sólo abundan sino que ya están instituidas como un pilar de la economía.

Como le dijo a uno un ruso, irónicamente: "Si quiere puede comprar el Windows 2005". "¿Cómo, si todavía no salió?" "No importa, nosotros ya le robamos la idea a Bill Gates".

Y ningún lugar de la ciudad se salva. Desde los alrededores de la Plaza Roja hasta la calle Arbat, la única peatonal de la ciudad y donde hacen su agosto los vendedores ambulantes de todas las marcas inimaginables.

Los compacts, que en cualquier capital del mundo cuestan 20 dólares promedio, aquí, en una buena casa, se compran por 5. Y la calidad es como la de los originales, aunque la presentación sí es la de un producto trucho. Y por discos que son del año pasado, tres dólares alcanzan y sobran.

¿Películas? Hasta las ganadoras del Oscar. ¿Videojuegos? Todos por la décima parte de su valor.

La preocupación por la industria pirata es tal que ayer la Asociación que agrupa a los productores legales anunció que sacarán a la venta un nuevo tipo de CD... que será más barato que los piratas. Y Alexander Tikhonov, de Intermedia, un grupo industrial de Moscú, dijo que ya habían convencido a los principales artistas del mundo para que accedan a ganar menos por compacts vendidos aquí.

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