Un paso que obliga a Piñera a redefinir su agenda de gobierno

Víctor García
Sebastián Piñera
Sebastián Piñera Fuente: AFP - Crédito: Javier Torres
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16 de noviembre de 2019  

SANTIAGO, CHILE.- El acuerdo alcanzado por las fuerzas políticas chilenas para reformar la Constitución empuja a reordenar las prioridades del presidente Sebastián Piñera. Ausente de la puesta en escena donde se firmó el pacto -según el gobierno para entregarle el protagonismo a los parlamentarios-, esa falta de presencia dejó muchos interrogantes sobre el verdadero rol que el mandatario asumirá en las próximas semanas.

En primero término, el presidente chileno deberá enfrentar la constitucionalización de su programa de gobierno y un cambio de agenda que deberá implementar a la brevedad.

El énfasis en el crecimiento de la economía que propuso en su campaña presidencial, donde destacó la proximidad de "los tiempos mejores", tendrá que dar paso a una recuperación económica interna, completamente erosionada tras el estallido social.

Asimismo, Piñera deberá atacar otro frente: un debate público muy condicionado por el plebiscito fijado para abril próximo, donde se decidirá si se acepta cambiar no la Constitución.

Después de severos problemas en el diagnóstico de la crisis y en la lenta reacción que mostró durante los primeros días de protestas, Piñera actualmente tiene hoy el imperativo de potenciar la agenda social que ya desplegó, y de recuperar el control de la calle, lo que a todas luces asoma como una incógnita por las características del movimiento.

Por lo demás, las reformas sociales que Piñera anunció en el primer paquete de medidas fueron claramente insuficientes y ahora cuentan con el problema del plazo. Muchas están orientadas a que su ejecución se realice de acá dos años, pero con una ciudadanía exigente aquella espera podría generar nuevas manifestaciones ciudadanas. El presidente deberá redoblar sus esfuerzos para evitar la polarización y mostrar un liderazgo más activo, sobre todo en su relación con las fuerzas de orden y policiales.

"Fuego amigo"

Otro aspecto llamativo es el "fuego amigo" que experimentará junto a sus aliados políticos de la derecha. La Unión Demócrata Independiente, el partido más extremo del ala oficialista, lo presionará para que no existan cambios de Constitución.

¿Más dudas? El hecho que el presidente se convenza de que este acuerdo fue la mejor decisión, puesto que esa única reflexión va a costar bastante conociendo el carácter del mandatario.

Sin embargo, hay otro elemento complejo que se vincula en cómo el gobierno puede mantener sus expectativas de crecimiento económico y que dependen expresamente del aumento de las exportaciones y del incremento de la inversión extranjera. Todo esto, en un contexto regional muy complicado, con una Argentina y Brasil distanciados por la tirante relación del presidente electo Alberto Fernández y Jair Bolsonaro, y con Perú y Bolivia en crisis, por lo que Piñera se verá obligado a hacer más gestión que administración y ser proactivo sabiendo que no maneja la agenda política.

La modificación en las reglas del juego por el complejo contexto, además, dejó al gobernante expuesto en ciertas decisiones. El tardío cambio de gabinete que realizó y sus oscilantes estados frente al movimiento (con un día enfatizando la violencia y en otras intentando empatizar con las causas sistémicas que originaron el estallido) abrieron un flanco en el empresario cuyos mayores atributos tenían que ver con la eficiencia y la inteligencia; aspectos que también quedaron resentidos.

Así, todo lo que haga Piñera tendrá que hacerlo bajo la línea de la discusión sobre la nueva Constitución, por lo que tendrá que transformar su discurso. Y todo, pese a la renuencia de su propio sector que ha visto en el presidente más acción que reacción y en los grupos de centroderecha más extrema que integran una base importante de su electorado, pero que se han visto decepcionados por la disposición de Piñera de enterrar para siempre la Constitución de la dictadura.

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