Un peregrinaje que convoca multitudes

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30 de marzo de 2000  

El 25 de septiembre de 1983 una humilde vecina de San Nicolás, Gladys Motta, escuchó una voz en su interior, mientras estaba en su casa, que no dudó en atribuir a la Virgen María.

Fue el primer contacto entre Gladys y la Virgen, que nacía inesperadamente en aquella ciudad industrial situada a la vera del Paraná, 230 kilómetros de Capital Federal.

Los mensajes se sucedieron sin interrupción durante largos meses. La Virgen quería un santuario, un lugar sagrado de devoción , y se lo hacía saber a la mediadora Gladys.

Corrió el tiempo, el templo se elevó en un descampado a orillas del río, la gente se animó a creer en el rumor de los encuentros que sostenían diariamente las nuevas amigas.

Así creció la devoción. Primero fueron rezos aislados, tibias oraciones recitadas en murmullos por la gente de San Nicolás que más devoción profesaba a la Virgen María.

La creencia en los mensajes marianos se ganó solidez entre los fieles de la ribera del Paraná, luego creció como un huracán religioso que sopló con fuerza hasta los lugares más recónditos de la Argentina.

La Virgen de San Nicolás es ahora visitada por unas 250.000 personas cada 25 de septiembre. Van a su encuentro desde Buenos Aires, Rosario, Entre Ríos, Córdoba, Corrientes, Mendoza. No importa la distancia. Llegan en micros y en peregrinaciones para encomendarse a la Virgen y avanzar hacia la meta, sin reparar en el camino ni pensar en el cansancio.

La masiva demostración de fe se renueva los 25 de cada mes. Todos le rezan a María en busca de paz, amor y comprensión. Quieren agradecerle un favor concedido, rogar un milagro imposible, pedir una vida mejor. La familia, la salud y el trabajo figuran entre las prioridades de los ruegos a la Virgen.

Cada 25 de septiembre, a las tres de la tarde, la imagen de María sale del santuario encabezando la procesión, seguida en su recorrido por multitudes enfervorizadas que derraman aplausos, lanzan gritos de júbilo y agitan sin cesar miles de banderas celestes y rojas, los colores de la Virgen.

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