Un presidente necesitado

Carlos Pagni
Carlos Pagni LA NACION
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28 de marzo de 2014  

En la lista de las 50 figuras más influyentes del mundo de la revista Fortune, el Papa ocupa el lugar Nº 1 y Obama no aparece. Esta asimetría esconde una dimensión clave de la reunión que mantuvieron ayer el más poderoso líder político y el más influyente líder espiritual del mundo . Obama, que apenas llegó al Salón Oval recibió el Premio Nobel de la Paz, es hoy un político deteriorado. Anteayer, Associated Press informó que el índice de desaprobación de su gestión subió a 59% desde el 41% en que estaba en diciembre.

Benghazi, el espionaje EXTERNO de la Agencia Nacional de Seguridad, la reforma del programa de salud, el shutdown de la administración, el error de cálculo en Ucrania: Obama va pasando de una crisis a otra.

Francisco, en cambio, constituye un prodigio de popularidad . Time, The New Yorker y hasta Rolling Stone lo llevaron a su tapa. Según un estudio que realizó la consultora Zogby Analitics para la Conferencia Episcopal norteamericana, 25% de los católicos aumentaron sus donaciones desde que fue elegido papa. El 77% de los donantes dice que lo hizo influido por su ejemplo.

El mensaje social de Francisco coincide con la visión del mundo de la izquierda norteamericana. La descripción del capitalismo que aparece en la exhortación Evangelii Gaudium coincide con la de quienes esperaban de Obama cambios que él todavía no pudo o no supo producir.

A las ideas de sociedad y mercado que organizan la concepción fundacional de los Estados Unidos, y que se identifican sobre todo con el Partido Republicano, Francisco opone las de comunidad y Estado, muy familiares a los demócratas que siguen al presidente.

Obama explicitó esta afinidad: "Llego a Roma para escucharlo [al Papa]. Su pensamiento es precioso para comprender cómo podemos vencer el desafío contra la pobreza extrema y para limitar la desigualdad en la distribución de la riqueza". Se entiende, entonces, lo beneficiosa que puede haber sido para este atribulado presidente la reunión de ayer. Y el interés que ambas partes demostraron en disimular los focos de tensión que existen en la relación entre la Casa Blanca y el episcopado católico.

Conflicto cultural

La Iglesia y el Estado protagonizan en los Estados Unidos un conflicto cultural que se manifiesta sobre todo en dos discusiones: la legalización del aborto y, en menor medida, el matrimonio gay, que es reconocido en 17 estados. El Vaticano admitió ayer que durante el encuentro se discutieron estos problemas.

Dos días antes de que Obama se viera con el Papa, en Washington hubo una movilización frente a la Corte Suprema. Allí se celebró una audiencia para discutir si la obligación de los empresarios de facilitar a sus empleados la adquisición de la "píldora del día después", que la Iglesia considera abortiva, atenta contra la libertad religiosa. La cobertura de los anticonceptivos, introducida por Obama en su reforma de salud, dio lugar al mayor entredicho entre la administración demócrata y los obispos.

Voceros de Obama aclararon, antes de la entrevista, que él no intentaría modificar las convicciones del Papa. Casi una ironía. Mucho más seguro es que, en esta discusión sobre moral, haya sido el Papa quien intentara influir sobre el presidente.

Otro de los asuntos que se trataron fueron las críticas del clero a las restricciones migratorias, que también provocan roces entre la Iglesia y el gobierno norteamericano. El mes que viene, un grupo de prelados encabezados por el arzobispo de Boston, el cardenal Sean Patrick O'Malley, imitará el viaje del Papa a Lampedusa y visitará la frontera con México para considerar los problemas de los inmigrantes.

Respecto de la convivencia de personas del mismo sexo, Francisco se ha mostrado más flexible. Hace dos semanas, recibió al cardenal Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York.

Al salir del encuentro, Dolan dijo que, si bien la Iglesia considera el matrimonio una institución heterosexual, "el Papa pidió considerar en su diversidad los casos de personas del mismo sexo, sin condenar de antemano". En los Estados Unidos se interpretó esa declaración como una convalidación tácita de la unión civil entre homosexuales.

La entrevista de ayer fue, más allá de las diferencias, muy cordial. "Va a prevalecer la cooperación sobre el conflicto", había anticipado, hace una semana, Ken Hackett, el embajador de los Estados Unidos ante la Santa Sede.

También para Francisco la reunión era crucial. El clero norteamericano viene de una crisis profunda debido a los escándalos por abusos sexuales de menores. El Papa, con su inmensa popularidad, se ha comprometido a cerrar la brecha entre la jerarquía eclesiástica y la opinión pública en un país donde los católicos constituyen el 25% de la población.

No debe olvidarse que el cardenalato estadounidense fue decisivo en la elección de Jorge Bergoglio. Dolan y O'Malley lideraron el bloque que votó por él. Sobre todo después de que descubrieron, indignados, que Angelo Sodano, el viejo secretario de Estado de Juan Pablo II y resistente caudillo de la curia romana, los recibió con la decisión casi tomada de que el sucesor de Benedicto XVI fuera Angelo Scola, el arzobispo de Milán.

Malestar

Con independencia de estos acuerdos y entredichos de escala nacional, las relaciones entre los dos líderes que se reunieron ayer están influidas por problemas globales. En septiembre pasado, Francisco le demostró al presidente de Estados Unidos que es un hombre de poder.

Cuando Obama sometió a consideración del Congreso un ataque militar a Siria, el Papa convocó a una jornada de oración por la paz, provocando en la Casa Blanca un malestar inocultable. Para algunos observadores, en esa jugada se filtró también el antiguo reflejo antiestadounidense que adquirió Bergoglio en su temprana aproximación al peronismo nacionalista.

Según la Santa Sede, ayer se habló de "la necesidad de respetar el derecho internacional y la solución pacífica de los conflictos". La crisis con Rusia, que es hoy la obsesión de Obama, también fue tema de conversación. Aun cuando la Iglesia tenga allí una influencia secundaria. Por si acaso, Francisco le regaló a su huésped una imagen del Ángel de la Paz. En homenaje al espíritu de concordia que debía prevalecer en el encuentro, nadie se detuvo demasiado en estas diferencias. En cambio, el Departamento de Estado tiene la expectativa de que una mediación de la Iglesia pueda atenuar la crisis que se vive en Venezuela.

No será el arzobispo de Caracas el encargado de llevarla adelante: el cardenal Jorge Urosa Savino es un decidido antichavista. Sin embargo, el secretario de Estado de la Santa Sede, Pietro Parolin, mantuvo posiciones equidistantes cuando fue nuncio en ese país. Aunque para el gobierno de Nicolás Maduro este diplomático también puede estar sospechado de ser "amigo del imperio".

Los controvertidos servicios de WikiLeaks y VatiLeaks tal vez permitan conocer lo que se conversó ayer en Santa Marta mucho antes de que las discretas cancillerías del Vaticano y de los Estados Unidos desclasifiquen sus documentos.

De lo contrario, recién entonces se sabrá si en algún pasaje de la charla Francisco transmitió a Obama la inquietud de Cristina Kirchner por la posición de los Estados Unidos frente a sus necesidades financieras y, sobre todo, en el pleito con los holdouts.

Hay un indicio de que ese comentario puede haber existido: a pesar de ser el jefe de otro Estado, Jorge Bergoglio se precia de conservar el pasaporte argentino.

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