Un problema en permanente ebullición

Por Narciso Binayán Carmona
Por Narciso Binayán Carmona
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27 de marzo de 2000  

La importancia de la presencia vasca en nuestro país está reflejada mejor que por cualquier otro dato, estadístico o político, por una anécdota del príncipe Bonaparte (sobrino de Napoleón) y eminente lingüista, especialista del idioma euskérico. Se encontraba en el País Vasco en uno de sus viajes de estudio y oyó a dos campesinos hablando un vasco rarísimo, que no se correspondía con ningún dialecto conocido. Les preguntó por sus localidades de origen y les señaló, asombrado, que allí no se hablaba así.

Profundizando, resultó que ambos habían vivido en Buenos Aires y descubrió que por aquí había nacido un dialecto vasco distinto, resultado de la convivencia de gente de diversas comarcas. Es decir que, en aquella época -comienzos de la segunda mitad del siglo XIX-, el vasco fue, en la pampa húmeda, una realidad vivida y hablada, fiel reflejo de lo que se daba en su tierra (el alcalde Martín de Alzaga, por caso, llegó sin hablar una palabra de castellano, que aprendió aquí).

Pese a ello y a la abundantísima sangre vasca que corre por el país el desconocimiento generalizado respecto de su pueblo es enorme y ha contribuido a ello en las últimas décadas la resonante actividad terrorista de ETA, que ha borrado otro estereotipo igualmente erróneo, el del carácter pacífico y dulce de los vascos, nación audaz, dura y cuya historia es una sucesión de guerras tanto externas como internas. Entre nosotros, la imagen bucólica del "vasco lechero" -correcta en cuanto a la actividad laboral- ha contribuido probablemente a ello.

El análisis de las últimas elecciones en la península, hace pocos días, exige una lectura compleja que debe incluir a Navarra y a las tres provincias al norte de los Pirineos -"Iparralde", o sea el País Vasco Francés-. Este análisis, aun somero, es imprescindible para cada uno de los tres sectores, que son uno, histórica y étnicamente, pero varios, políticamente.

Los planteos

Un recuerdo forzoso al planteo básico del vasquismo político: independencia y unidad de las siete provincias, dentro del marco de una Europa unida, pero fuera de España y de Francia. José Calvo Sotelo, político de derecha, asesinado en 1936, dio una respuesta: "Antes una España roja que una España rota" (1935), haciendo un curioso contrapunto con el bearnés Betrand Barrere, el que dirigió el escandaloso juicio de Luis XVI, en 1793: "El fanatismo habla vasco". Quizás él no se viera como fanático.

Y algunos recuerdos locales: Juan de Garay, de Vizcaya, que fundó Buenos Aires (1580) y, antes, Santa Fe; Francisco de Argañaraz, también Vizcaya, que fundó Jujuy (1593), sin olvidar que el padre de Urquiza era de Vizcaya, tal como el abuelo y bisabuelo de ambos Uriburu, mientras que el padre de Yrigoyen, don Martín, de Sare, Laburdi (norte); el de Roberto M. Ortiz, de Zalla, Vizcaya, y el de Pedro Eugenio Aramburu, de Cestona, Guipúzcoa. Salvador de Alberdi -padre del autor de "Las Bases"- era de Guipúzcoa, y Evita era del Norte por Duarte (en verdad, Uharte) y del Sur por Ibarguren. Los Duhalde son del Norte con la misma raíz: "ur" (agua).

Los comicios

Las elecciones de este mes dieron en las tres provincias de la Comunidad Autónoma Vasca (Vizcaya, Guipúzcoa y Alava) un 30,40 por ciento para el Partido Nacionalista Vasco; 7,58 para Eusko Alkartasuna (separación del anterior) y 5,46 para Izquierda Unida, que no es separatista, pero apoya la autodeterminación, y firmó el Pacto de Estrella (1998) en acuerdo con las otras fuerzas políticas euskeras. En cambio, Euskal Herritarrok (ex Herri Batasuna) se abstuvo. Hace cuatro años había obtenido 12,28 por ciento y 17 por ciento en las de la Comunidad. La abstención en total fue de 35,52 por ciento (diez por ciento más que el normal). Votar no es obligatorio en España. En resumen: los partidos vascos sumaron un 43,44 por ciento y los españolistas (PP y PSOE) 51,51 por ciento. Las cifras pintan un cuadro muy parecido al anterior (1994) con algún desplazamiento del voto. Debe recordarse que existe una fuerte inmigración castellana que, naturalmente, incide en los totales.

El panorama es totalmente diferente en Navarra, donde la Unión del Pueblo navarro superó a todos: 49,88 por ciento. Es muy navarrista, pero se opone a integrarse a la Comunidad y está federado con el PP. El PSOE sólo obtuvo un 27,16 por ciento. Euskal Herritarrok -tercera fuerza local y segunda en Pamplona- se abstuvo. Hace cuatro años obtuvo un 8,16 por ciento. Pero debe anotarse que si bien Navarra es españolista en lo político, es muy leal a toda la tradición vasca local, lo que se llama el "vasquísima folklórico" respetado por Madrid. Y a este respecto, un observador acotó: "Si se toca al navarrismo se acabó el españolismo". Puede ser -o no- un eventual vaticinio.

En cuanto al País Vasco francés, el más latinizado de los dos (la introducción del francés a través de la escuela la comenzó el citado Barrere), ha sido rechazado hace poco un pedido de los alcaldes y de las fuerzas vivas para que se parta en dos el departamento de los Pirineos atlánticos creando uno puramente vasco.

El problema nacional vasco, en suma, y aparte de la reaparición esporádica de ciertos brotes de terrorismo -rechazado como tal masivamente por la opinión vasca-, está en plena y completa ebullición.

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