Un reflejo de la crispación

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14 de diciembre de 2009  

ROMA (De nuestra corresponsal).- La agresión que sufrió ayer Silvio Berlusconi es un fiel reflejo del clima de gran crispación política que vive Italia, un ambiente, según coinciden analistas y dirigentes, que no se veía en Italia desde hacía años.

Es cierto que todo indica que se trataría de un caso aislado, cometido por un hombre con problemas psicológicos. Sin embargo, la agresión no puede no ser vista como el resultado de un clima de enfrentamiento político generalizado.

Berlusconi es, desde siempre, un político que divide, que fue votado por la mitad más uno de los italianos, que es odiado o amado. Pero lo ocurrido ayer debe verse en el contexto de una escalada del clima de agitación de los últimos meses, caracterizado por el choque continuo -y lleno de golpes bajos- entre oficialismo y oposición.

Si primero fueron los asuntos de alcoba -Noemi Letizia, el divorcio de Veronica, Patrizia D´Addario, las fotos de Villa Certosa-, ahora son los procesos judiciales que involucran al Cavaliere , también salpicado por la sombra de antiguos vínculos con la mafia siciliana, lo que crea máxima tensión.

Desde que a principios de octubre la Corte Constitucional -máximo órgano de garantía judicial- invalidó el denominado Lodo Alfano, la ley que le garantizaba inmunidad, el Cavaliere ha hecho de todo para revertir el fallo, hasta el punto de decirse listo para reformar la Constitución.

Convencido de que el pueblo lo ha votado para quedarse en el poder, Berlusconi busca cambiar las reglas del juego, avanzando sobre los demás poderes, e incluso, chocando con las más altas instituciones.

Hace unas semanas, el premier presentó un proyecto de ley de proceso breve que representaría, en su caso, la prescripción de los juicios que debe enfrentar. Para los más eximios juristas del país, ese proyecto es "inconstitucional".

Hace unos días, en Bonn, al hablar en un congreso del Partido Popular Europeo, el Cavaliere no sólo denunció la existencia de un "partido de los jueces", sino que volvió a insultar al presidente Giorgio Napolitano, por ser de izquierda, y a la Corte Constitucional, por haberse transformado en un "órgano político".

En su afán de revertir las leyes, Berlusconi incluso está enemistado con su principal socio, Gianfranco Fini, ex líder de la Alianza Nacional y cofundador del PDL. Como presidente de la Cámara de Diputados, Fini prefiere distanciarse y desempeñar el rol de defensor de las instituciones.

Ahora, según varios especulan, Berlusconi aprovecharía la agresión de ayer -condenada en forma unánime por todo el mundo- para decir, una vez más, que él es una víctima inocente. Quizá la agresión también pueda servir para aplacar, en tiempos de fiestas navideñas, los ánimos.

Pero lo cierto es que el ataque se dio también en momentos en que, más allá de las peleas políticas, el malestar económico de los italianos se hace cada vez más patente, con más de dos millones de desocupados, negocios que cierran y despidos.

Antonio Di Pietro, el ex fiscal anticorrupción y líder de Italia de los Valores, ayer se convirtió en el centro de una enésima polémica porque fue el único que se atrevió a decir lo que muchos pensaban. "Yo quiero que nunca más haya violencia, pero Berlusconi, con sus comportamientos y su actitud de no importarle nada, instiga a la violencia", dijo, en declaraciones que fueron consideradas "inaceptables" por distintos miembros del oficialismo, incluido Fini.

Di Pietro explicó sus dichos de esta forma: "Yo comparto la exasperación de los ciudadanos que cada día ven a un premier que mantiene bloqueado el Parlamento para hacer leyes que le sirven sólo a él, mientras millones de ciudadanos pierden el trabajo y luchan por llegar a fin de mes".

Algo de eso hay, sobre todo si uno piensa en la masiva manifestación que hubo hace diez días en Roma, cuando centenares de miles de personas convocadas a través de Internet marcharon para reclamar la dimisión de Berlusconi.

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