Un resultado con pocos festejos

El análisis de la noticia
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26 de mayo de 2003  

MADRID (De nuestra corresponsal).- Esta ciudad vio anoche nacer una estrella en el mapa político español. Con su espectacular triunfo en la emblemática alcaldía madrileña, el joven y movedizo Alberto Ruiz Gallardón consolidó su peso y se convirtió en la figura del día, capaz de plantar cara al férreo mando que ejerce el presidente José María Aznar dentro del gobernante Partido Popular.

Suele pasar en política: en un solo día el presidente que se sentía ganador no sólo sufrió una derrota sino que le nació un competidor interno con futuro. Si algo será interesante de ver en los próximos días es cómo reaccionará el castellano a este doble ariete.

Lo de Gallardón en Madrid se convirtió en la mejor noticia que pudo mostrar el oficialismo en la noche en que dejó de ser el partido más votado del país. Su triunfo aquí fue claro y resonante: no sólo retuvo la mayoría propia sino que la amplió con dos bancas más de las 28 que ya poseía. Para él no pesó el desgaste de la guerra de Irak ni el del derrame petrolero en Galicia.

De ese modo, marcó un contraste claro no sólo con el retroceso en el nivel nacional del partido de Aznar sino también con el que sufrió la agrupación en la provincia de Madrid, donde la candidata Esperanza Aguirre, cercana al presidente, no fue capaz de retener la mayoría propia y el gobierno regional quedó en manos de la alianza de izquierda que lidera el socialismo.

La victoria de Gallardón ganó espacio anoche en los comentarios sobre el tímido triunfo socialista en el nivel nacional. De tal suerte que el alcalde electo parecía anoche un hombre con futuro político más cómodo que el del otro hombre de la noche, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, cuyo ajustado triunfo lo obliga a redoblar el paso.

Con resultados de lectura compleja por la peculiaridad regional de los comicios, la victoria de Rodríguez Zapatero en su primer examen electoral dejó un sabor agridulce. Por un lado, la celebración de haber llevado el partido hasta la posición de fuerza más votada. Por el otro, la magra diferencia con que se logró ese objetivo, bastante menor a la que soñaron en su momento.

Paradojas de la historia. Las elecciones nacionales de 1996, en que el PP de Aznar destronó al socialismo de Felipe González por una diferencia muy ajustada, se grabaron en el imaginario colectivo, como las de "la amarga victoria y la dulce derrota". Con todas las diferencias del caso, más de uno se encargó ayer de refrescar esa sentencia.

Tal vez por eso buena parte de la jornada se la llevó el resultado más contundente, el que logró Ruiz Gallardón. El único que quebró claramente la amarga victoria de imponerse por menos de un punto de diferencia, como los socialistas en el nivel nacional. O la dulce derrota de perder el gobierno regional madrileño porque, pese a ser más, los votos obtenidos no alcanzan para la mayoría propia, como ocurrirá a los populares en la provincia.

Pero lo contundente de su diferenciación no es el único motivo de la expectativa que se puso desde anoche en su figura. Hay varios más. Para empezar, el hecho de que el PP debe elegir en los próximos meses a su candidato presidencial, y luego de lo de ayer difícilmente el presidente Aznar pueda imponer su criterio con tanta comodidad.

Y porque el joven queda en excelentes condiciones para ganarse el título de delfín que alguna vez tuvo y luego perdió, precisamente, por diferencias con Aznar. Si algo quedaba de esas diferencias personales, anoche las urnas se encargaron de ponerlas en su sitio.

Y, como si fuera poco, el joven político tiene ahora mando directo sobre Ana Botella, la mujer de Aznar, que anoche debutó en política y, según opiniones compartidas en España, es consejera de primera línea del presidente.

"Este no es un triunfo personal", dijo anoche Gallardón. La negativa no hizo más que reflejar lo que parecía clarísimo: que su nombre ya quedó registrado en la agenda de lo que se tiene en cuenta de cara al futuro.

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