Una apuesta terrorista cada vez más elevada

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31 de octubre de 2000  

MADRID (De nuestra corresponsal).- La banda terrorista ETA ha demostrado una enorme capacidad de respuesta. Golpe que le dan, golpe que responde con el doble. Como un jugador que no encuentra otra salida, ante cada desafío paga y sube la apuesta. Sólo los ilusos pensaron alguna vez que dejaba la partida.

Los diez meses transcurridos desde la ruptura de la tregua han sido especialmente violentos. No sólo por las 19 muertes, sino, sobre todo, por la violencia callejera y la presión, que obligan al éxodo silencioso de miles de vascos que, hartos de tener miedo, se van de su casa. A otro lado, sólo por pensar diferente.

En ese lapso los blancos han sido de todo tipo: periodistas, militares, políticos, empresarios, funcionarios judiciales... Un arco demasiado amplio que en cada caso ofrece una lógica particular.

El terrorismo no tiene más lógica que sí mismo. Por eso, quizá sin llegar al estadio de lógica, sí hay en la banda un sentido de respuesta que se parece bastante a una conducta mecánica. Es perversamente sencillo: si se le pega, contesta más fuerte.

Por eso, no son pocos los que tiemblan cuando una concentración de repudio a la violencia es extraordinariamente exitosa. Temen -y temen con razón- que la banda responda con un nuevo golpe. Más violento que el anterior.

Ocurrió hace una semana: Máximo Casado Carrera fue asesinado sólo horas después de que en Bilbao más de cien mil personas condenaron el terrorismo.

Más ejemplos. Octubre fue el mes de los éxitos políticos de un gobierno jaqueado por el terrorismo. Como una seguidilla, se anunció la captura de uno de los principales líderes, Iñaki de Rentería. Luego, la detención de varios cuadros históricos, integrantes del "aparato político" de la banda.

Después, lo mismo con 19 personas que supuestamente actuaban como nexo entre la estructura de la organización y la asfixiante violencia callejera, en un espectacular operativo coordinado por el juez Baltasar Garzón.

Pero, por obra y gracia de la repuesta de ETA, octubre de 2000 cierra ahora con otro triste título: el del mes con mayor cantidad de víctimas mortales del extremismo que dice luchar por la independencia vasca.

Su corolario es el peor atentado que cometió la banda en los diez meses transcurridos desde que abandonó la tregua. Nunca logró tanto daño en un solo golpe.

La mecánica asesina

Si la ETA tiene una lógica, la de responder más fuerte parece una pista. La otra es casi tan desesperante como la anterior: atrapada en su propia mecánica asesina, se aleja cada vez más de otro lenguaje que no sea el fanatismo homicida.

Nadie en el país duda de que, con su ola de muertes, la banda está cada vez más aislada. Un túnel en el que no encuentra otra salida que seguir haciendo lo único que sabe: matar. No ve otra cosa que un frenético impulso asesino.

Si a eso se le suma la capacidad de resucitación que demuestra tras cada "muerte" que le propina el gobierno, queda claro que pocas veces un diagnóstico oficial fue tan sincero. Ese del que hablan los políticos cuando aseguran que los tiempos difíciles no han terminado.

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