Una era de separatismos: Europa abre otro capítulo en su crisis de identidad

Tras la anexión rusa de Crimea, los gobiernos ya están en alerta por los efectos que pueden tener el referéndum escocés y la consulta catalana
Martín Rodríguez Yebra
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27 de julio de 2014  

MADRID.- La cuenta regresiva ya empezó. En poco más de un mes, la Unión Europea (UE) abrirá otro traumático capítulo de su crisis de identidad: el club de países que nació para diluir los nacionalismos asiste por primera vez en su historia a la posibilidad de ruptura de sus Estados miembros.

El referéndum independentista que se celebrará en Escocia el 18 de septiembre próximo y la consulta que promete convocar el gobierno de Cataluña en noviembre tienen en alerta a los gobiernos de todo el continente, incapaces de pinchar la burbuja secesionista que creció a la par de la crisis económica.

Detrás de la expectativa por el futuro de Gran Bretaña y de España, se esconde el miedo de un "efecto dominó" que dispare más tensiones territoriales, en momentos en que la UE lidia con las consecuencias del estallido separatista prorruso en Ucrania, al otro lado de su frontera oriental.

La anexión de Crimea por parte de Rusia y el conflicto bélico en el este ucraniano -agigantado por la tragedia del avión malasio derribado sobre Donetsk- expusieron la impotencia del bloque para influir en la reconfiguración del mapa continental. Aunque sin violencia, Escocia y Cataluña instalan el desafío puertas adentro.

Los siguientes conflictos están en la sala de espera. Bélgica, siempre atada con alambres, lleva dos meses sin conseguir que se forme gobierno después de que los nacionalistas flamencos resultaran la fuerza con más votos en las elecciones de mayo pasado. El gobierno del País Vasco volvió a la carga esta semana para discutir con Madrid la posibilidad de un referéndum soberanista. Y en Italia resiste -algo diezmado- el movimiento separatista y xenófobo de la rica región del Véneto.

Otros movimientos identitarios de menor calado actúan en Francia, Alemania, Finlandia, Dinamarca, Hungría, Estonia, Austria y Croacia.

Las autoridades de Bruselas insisten en considerar los conflictos separatistas como "asuntos internos" de los países donde se desarrollan, pero en la última semana hubo señales de inquietud por parte de figuras centrales de Europa.

La canciller alemana, Angela Merkel, sorprendió con una definición tajante: "Defendemos la integridad territorial de todos los Estados, que es algo totalmente diferente a la independencia de una región". En una visita a España, el premier francés, Manuel Valls (nacido en Barcelona), amplió la idea: "Si los Estados-nación pierden fuerza y se dividen es un problema para Europa en un momento difícil". Advirtió que una eventual secesión de Cataluña "tendría consecuencias muy peligrosas".

Según los tratados vigentes, una región que declare su independencia quedaría fuera de la unión mientras no se apruebe su reingreso. Pero no existe una política comunitaria explícita sobre cómo actuar ante la fractura de un país miembro.

"En toda Europa, la votación en Escocia y el debate en Cataluña se siguen con gran preocupación. Estos casos ponen al bloque ante una pregunta para la que no tiene respuesta", señala Michael Avery, del European Policy Center (EPC).

Paradójicamente, los movimientos secesionistas en auge tienen un alto componente europeísta: sus líderes claman por huir de los Estados que hoy los acogen, pero prometen a sus ciudadanos conseguir una rápida readmisión en el club continental.

"Eso no pasará si los eventuales nuevos países no cuentan con el apoyo de los Estados de los que se separan y si no se sigue la legalidad", sostiene el catedrático en derecho internacional y ex eurodiputado Manuel Medina Ortega, para quien esos procesos serán inevitablemente traumáticos.

Escocia podría ser el patrón de medida. El referéndum es fruto de un acuerdo entre el premier británico, David Cameron, y el líder nacionalista Alex Salmond. Los escoceses deberán responder si quieren o no la independencia de Gran Bretaña. Un triunfo del sí abriría la delicada negociación que podría desembocar en el nacimiento de un nuevo Estado en 2016. Podría también abrir otros conflictos, como el reclamo siempre latente por la unificación de Irlanda.

Las encuestas muestran una ventaja del no. Los secesionistas suman entre el 35 y el 41% de la intención de voto, según el sondeo, pero el número de indecisos es aún significativo.

En Cataluña, el proceso de ruptura debe superar el test de la legalidad, pese al exponencial crecimiento del separatismo en los últimos años. El bloque independentista que encabeza el presidente de la Generalitat, Artur Mas, pretende convocar a una consulta popular el 9 de noviembre, resistida por el gobierno español, que la considera inconstitucional y amenaza con impedirla.

El presidente Mariano Rajoy recibirá la próxima semana a Mas por primera vez en un año, pero ambos anticipan que irán a la cita sin variar un milímetro la postura sobre el plan separatista. A partir de septiembre, Barcelona será un hervidero de manifestaciones convocadas por el independentismo.

La suerte de Escocia y Cataluña puede repercutir fuerte en Bélgica, un Estado en difícil equilibrio entre las regiones antagónicas de Flandes y Valonia. Las elecciones de mayo arrojaron como primera minoría a la Nueva Alianza Flamenca (N-VA), liderada por el separatista Bart de Wever. Bélgica batió el récord en 2011 de haber pasado 589 días sin gobierno a raíz de la fragmentación política y la tensión nacionalista. De Weber encaró estas elecciones con un discurso más moderado y podría sumarse ahora una coalición amplia que evite otro bloqueo. Los valones sospechan que el fervor independentista podría resurgir en cualquier momento.

Para algunos analistas, Europa es la causa del crecimiento de los nacionalismos y tiene también la llave para conjurarlos. "Los sentimientos identitarios existieron siempre, pero habían quedado tapados mientras Europa era próspera y vivía en paz -opina Jacob Kierkegaard, investigador del think tank Peterson Institute-. El fracaso de la UE en restaurar la bonanza económica lleva a muchos ciudadanos a creer que romper con sus Estados es la mejor forma de salir adelante."

Casos que preocupan al bloque

Los resultados en Escocia y Cataluña podrían generar un efecto dominó que dispare más tensiones territoriales

Escocia

En el referéndum, los escoceses deberán responder si quieren la independencia de Gran Bretaña.

Cataluña

El bloque independentista que encabeza Mas busca convocar una consulta el 9 de noviembre.

Bélgica

El avance de los nacionalistas flamencos podría hacer resurgir el fervor independentista.

Crimea

La anexión de Crimea por parte de Rusia expuso la impotencia de la UE para influir en la decisión.

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