Una inmunidad que lo aleja de la Justicia

Javier Navia
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26 de marzo de 2000  

Cuando el panorama jurídico de Augusto Pinochet se oscurecía día tras día con la presentación de nuevas querellas en su contra y una ofensiva legal dirigida desde los Estados Unidos para lograr su desafuero, el ex dictador alcanzó ayer una importante victoria en el Congreso chileno, que lo aleja más que nunca de la posibilidad de enfrentar a la Justicia.

Además de conferirle una inmunidad especial -la nueva legislación no contempla el mecanismo para desaforar a un ex mandatario-, la enmienda constitucional aprobada abrumadoramente por el Congreso reconoce por primera vez oficialmente a Pinochet como ex presidente, pese a haber accedido a ese cargo mediante un cruento golpe de Estado que derrocó un gobierno constitucional.

Para el flamante presidente chileno, el socialista Ricardo Lagos, la aprobación por el Congreso del polémico proyecto de ley constituye su primera derrota política a sólo dos semanas de asumir el poder prometiendo precisamente reformar la Constitución para derogar las prerrogativas de que goza el ex militar y las fuerzas armadas en general.

Pinochet no sólo no ha perdido tales beneficios, sino que ahora además cobrará una pensión pagada por el pueblo que lo padeció como dictador.

Fundamentalmente, la medida permitirá a Pinochet abandonar la actividad política sin perder sus fueros y evadir así la acción de la Justicia.

La votación de ayer señala además la mayor fractura producida hasta ahora en el seno de la Concertación que gobierna el país desde la vuelta a la democracia, poniendo en veredas opuestas a la Democracia Cristiana -que votó en favor de la polémica ley- y el Partido Socialista, que se opuso fervientemente.

El proyecto de ley, tendiente a reparar al primer presidente de la transición, Patricio Aylwin, contaba hasta el regreso del octogenario ex general con el apoyo de todos los partidos políticos. Pero la vuelta de Pinochet a Chile, plagada de odiosos homenajes y salpicada por suspicacias sobre su verdadero estado de salud, reabrió heridas en la sociedad y los socialistas retiraron su respaldo a la iniciativa.

Presiones

Además, el pedido de desafuero elevado por el juez Juan Guzmán Tapia tres días después del regreso del ex dictador y los gritos reclamando un "juicio a Pinochet" durante la asunción de Lagos fueron decisivos para que el socialismo cambiara su voto mientras un cerco judicial se cerraba sobre el general retirado.

Pero sin el apoyo democristiano, la izquierda es minoritaria en el Parlamento frente a una derecha que ha crecido en las últimas elecciones.

Ahora, aunque será la Justicia la que finalmente se expedirá sobre el alcance de la inmunidad del ex dictador, al admitir que con esta enmienda constitucional se consagra la impunidad de Pinochet, la izquierda está sirviendo en bandeja el mejor argumento para los defensores del ex dictador, que sólo necesitarán citar los dichos de los propios detractores del senador vitalicio para afirmar que Pinochet no puede ser juzgado.

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