Una mirada distinta de los EE.UU.

Por Mario Diament
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23 de noviembre de 2002  

MIAMI.- Si el resto del mundo piensa que los norteamericanos son gente rara, basta echar un vistazo al contenido de "Eccentric America", una guía de turismo no convencional, de Jan Friedman, para confirmarlo.

Estados Unidos, es cierto, tiene algunos de los museos más imponentes del mundo y algunas de las atracciones más sofisticadas, pero basta internarse por los caminos secundarios de ciudades y pueblos, para descubrir una sociedad que se entretiene con algunas de las propuestas más insólitas y estrafalarias.

En sus "Viajes a la hiperrealidad", Umberto Eco ya había advertido esta pasión de los norteamericanos por el kitsch, pero la implacable enumeración de museos, colecciones, festivales y lugares inauditos que hace Friedman, una fotógrafa y periodista viajera que vive en San Francisco, supera la imaginación más fértil.

¿Cómo catalogar, por ejemplo, el Cockroach Hall Of Fame, un pequeño museo de cucarachas en Plano, Texas, donde se exhiben algunos ejemplares de estos insectos ataviados como Marilyn Monroe y Liberace? ¿O el Celebrity Lingerie Hall of Fame, un despliegue de bombachas, corpiños, falsetes y otros aditamentos usados por las estrellas de cine, que funciona en la tienda Frederick´s of Hollywood, en Los Angeles California?

Si bien California se lleva las palmas en cuanto a sitios extraños, con 114 menciones en la guía, seguida por Florida, con 38, lo cierto es que toda la geografía norteamericana está llena de extravagancias.

En Dallas, Texas, funciona una panadería -Big Bark Bakery- exclusiva para perros, que se precia de utilizar sólo ingredientes naturales; en Filadelfia hay una chocolatería que se especializa en chocolates con formas de partes humanas; y en Arizona, una encantadora viejita llamada Nancy Townsend, vende y asegura haber inventado los únicos pañales para patos del mundo, que posibilitan que estos palmípedos se paseen libremente por la casa sin ensuciar.

El espíritu norteamericano

Pero si uno se propone explorar la esencia del espíritu norteamericano, nada mejor que los festivales.

En Abbeville, Luisiana, se celebra en noviembre el festival del Omelette Gigante, una curiosa forma de recordar la herencia francesa que consiste en cocinar una omelette que insume 5000 huevos, 22 kilos de cebolla, 9 baldes de perejil, 30 litros de leche, 25 kilos de manteca, 3 bolsas de sal, 2 bolsas de pimienta negra y salsa Tabasco a gusto.

El festival favorito de Montana es el Testicles Festival o festival de los testículos, una festividad que se realiza en septiembre en el pueblo de Clinton (cualquier relación con el ex presidente es mera coincidencia) destinado a honrar esta generosa extremidad de los toros. Durante el festejo, la criadilla se ofrece marinada en cerveza, asada o saltada en aceite, pero el punto más alto de la celebración se produce cuando los participantes masculinos aparecen con los propios pintados con pintura fluorescente.

En Mountain View, Arkansas, se realiza en octubre el Festival del Poroto, una de cuyas atracciones es el desfile de letrinas portables. Los participantes decoran sus letrinas como si se tratase de carruajes y las pasean por las calles de la ciudad. Un jurado elige la ganadora.

También en octubre, pero en Manitou Springs, Colorado, se lleva a cabo una carrera de ataúdes. La carrera rememora la leyenda de Emma Crawford, una espiritista local que murió allá por 1850 a temprana edad. Según se cuenta, fue enterrada en la cumbre de la montaña hasta que una poderosa tormenta desenterró el féretro que apareció en el centro del pueblo después de deslizarse por la ladera de la montaña. En la carrera, los ataúdes tienen ruedas y son empujados por equipos de cuatro participantes.

La imagen de los Estados Unidos que el mundo consume proviene habitualmente de la prepotencia de su poderío económico y militar. Pero es en estas costumbres y extravagancias donde los norteamericanos revelan su provincialismo, su ingenuidad y su asombroso sentido de la libertad.

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