Una Navidad donde abundará lo simple

Por Mario Diament
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15 de diciembre de 2001  

MIAMI.- Arrojados desde el 11 de septiembre en un mar de incertidumbre, golpeados por la recesión y el desempleo, habiéndose descubierto súbitamente amenazados y vulnerables, los norteamericanos se aprestan a celebrar las fiestas de fin de año con la generalizada consigna de gratificarse.

Nada parece más importante que sentirse bien con uno mismo, mimado y reconfortado. En entrevistas y encuestas en todo el país, la mayoría admite que prefiere pasar las fiestas en casa, rodeados de sus familias, procurando recuperar los valores tradicionales del afecto, la amistad, la simpleza y el contacto con los objetos verdaderos.

La primera víctima de este estado de ánimo ha resultado ser el plástico. En procura de sensaciones reconfortantes, los norteamericanos están buscando el toque personal y desechando lo masivo, refugiándose en la evocación y en la nostalgia al momento de pensar en regalos, revalorizando materiales como la madera, la lana, el cobre y el cristal.

Materiales verdaderos

Un primer indicio de esta tendencia la da la súbita demanda de árboles de Navidad verdaderos, en oposición a los de plástico, favorecidos en años anteriores. Voceros de la industria estiman que el consumidor norteamericano comprará este año 32 millones de árboles, principalmente abetos y cipreses, unos 200 mil más que el año anterior. Por si esto fuera poco, muchos eligen llevar a sus familias a una finca arbolada y participar conjuntamente en la experiencia de elegir y cortar el árbol in situ, en lugar de comprarlo en los negocios.

Las cosas que la gente ha resuelto regalarse en esta Navidad también están marcadas por esa necesidad de acentuar lo personal. Los compradores indican que van en busca del objeto cálido y evocativo, donde el significado prevalece sobre el precio, lo que explica que uno de los artículos de más venta en Bloomingdale´s este fin de año sean los marcos para fotografías.

Las tiendas Neiman Marcus, famosas por sus lujosos catálogos, también admiten estar viendo una tendencia hacia los regalos que recuerdan objetos de la infancia, como unos tocadiscos retro que han volado de las mesas de oferta a pesar de que cuestan 250 dólares.

Hasta la elección de juguetes infantiles está alineada en esta tendencia y los favoritos de estas fiestas no son los complejos juegos electrónicos, sino cosas como animales de peluche y juegos de salón como el Monopoly.

Fatto in casa

Otra tendencia visible en esta temporada es a regalar cosas hechas en casa -dulces, tortas, objetos de artesanía o tejidos- como una manera de conferirles un significado adicional a los regalos. Las ventas de máquinas de coser y tejer han recibido un inesperado impulso en este último trimestre y las academias de manualidades han debido añadir clases adicionales para responder a la demanda.

Cy Rudnick, propietario de un negocio que vende artículos para artesanía y manualidades, advierte un repentino interés en todo aquello que implique trabajo manual. "Desde el 11 de septiembre, la gente se ha lanzado a pintar, modelar, coser, bordar y tejer en cantidades sin precedente, seguramente porque el trabajo artesanal tiene propiedades terapéuticas", dice.

Sin proponérselo, los terroristas han forzado a los norteamericanos a reexaminar su materialismo y a reordenar las prioridades. Muchos parecen haber descubierto por primera vez que la vida es efímera y que nadie puede llevarse propiedades a la tumba y se han inclinado por valorizar aquellas cosas que pueden acomodarse en la memoria afectiva.

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