Unidos por la economía, separados por los valores democráticos

Joan Fans
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15 de julio de 2014  

Cuando hoy se reúnan en Fortaleza los cinco presidentes del club de los Brics, volverán a comprobar que, como gigantes emergentes, los unen mucho más sus intereses económicos y diplomáticos que sus posicionamientos políticos y sociales. En el trasfondo de la sexta cumbre entre Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica -que suman una quinta parte del PBI mundial y un 40% de la población- se vislumbrará un choque de filosofías sobre si es necesaria la democracia para lograr un sólido crecimiento económico y reducir la pobreza.

Tras la caída del Muro de Berlín, en 1989, el modelo occidental democrático-capitalista parecía imponerse a largo plazo como la mejor receta de éxito, pero la crisis económica internacional de 2008 y la paulatina pérdida de influencia de Occidente ante el despunte de nuevos actores trastrocaron este paradigma.

"Mientras los poderes occidentales luchaban por superar la paralización política, el establishment político chino seguía generando altos niveles de crecimiento y sacando a millones de personas de la pobreza", subraya un informe sobre los Brics elaborado por el centro de estudios británico Legatum.

Seguramente, uno de los ejemplos más reveladores sea la dificultad que tiene el gobierno de Estados Unidos de lograr la aprobación para la construcción de una infraestructura, en contraste con la eficacia y rapidez china. El documento compara los modelos de gobierno democrático de Brasil, la India y Sudáfrica frente a los autoritarios de China y Rusia. Y su conclusión es muy nítida: "La democracia no es un obstáculo al crecimiento. No es necesario renunciar a libertades individuales, Estado de Derecho, instituciones independientes, libertad de prensa y elecciones regulares. Al contrario, los derechos y libertades democráticas pueden ayudar a promover un desarrollo sostenido, un mayor crecimiento económico y salidas efectivas de la pobreza".

Los autores sostienen que el despunte económico y social de Brasil, la India y Sudáfrica en los últimos 25 años no se puede entender sin su evolución democrática. Por ello, argumentan, suponen un modelo de "democracia alternativa desde el Sur", alejado del patrón occidental, y que puede servir de referente para otros países emergentes que pueden estar tentados de no avanzar hacia libertades y contrapoderes plenos.

En las últimas dos décadas, China y Rusia registraron un descenso drástico de la tasa de pobreza y una ampliación de la clase media. Lo mismo lograron Brasil, la India y Sudáfrica. Por tanto, la pregunta surge rápidamente: ¿qué aporta la democracia en esos casos? Y la respuesta, según el informe, es muchísimo. En un amplio análisis comparativo, el documento destaca que permite una mayor liberalización económica, da poder y protege a individuos que no pertenecen a clases privilegiadas, genera instituciones ajenas a interferencias políticas y permite a los individuos denunciar abusos de poder sin ser reprimidos. Factores imprescindibles en naciones emergentes con amplias disparidades raciales, étnicas, regionales y clasistas.

El panorama, sin embargo, dista de ser idílico. Brasil, la India y Sudáfrica mantienen numerosos problemas y desafíos -al margen de los económicos, la corrupción y la desigualdad siguen siendo elevadas-, lo que los sitúa en una encrucijada.

El documento considera que las reformas estructurales emprendidas en los tres países en la década del 90 quedaron obsoletas y aboga por impulsar una segunda oleada para hacer frente a las crecientes demandas de mejoras por parte de la clase media urbana, el riesgo de perder competitividad a nivel mundial y la dificultad de mantener el elevado gasto público en políticas sociales.

Lo que parece muy improbable, coinciden analistas, es que las divergencias democráticas en el seno de los Brics se aborden en Fortaleza. El club de los emergentes, enfatizan, nació como un concepto económico y de contraposición a los organismos occidentales.

Por: Joan Fans
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