Venezuela: instancia decisiva para la democracia

Emilio Cárdenas
Emilio Cárdenas PARA LA NACION
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30 de enero de 2012  • 10:20

Este año será absolutamente decisivo para el futuro de la democracia en Venezuela. El próximo 12 de febrero la oposición venezolana, encolumnada en un solo movimiento denominado Unidad Democrática, tendrá sus elecciones primarias de las que surgirán los candidatos que, en todos los niveles, procurarán imponerse luego en las elecciones nacionales, previstas para el 7 de octubre próximo. Si la oposición lograra derrotar al régimen de Hugo Chávez, su triunfo resonaría más allá de Venezuela y tendría fuerte impacto en toda la región.

Un extenso documento -consensuado y aprobado por toda la oposición el 12 de enero pasado- titulado: "Lineamientos para el Programa de Gobierno de Unidad Nacional" (2013-2019) detalla la propuesta de acción de gobierno que presenta la oposición unificada. El documento ha sido suscripto por cinco de los seis candidatos presidenciales. Diego Arria, el único que no lo suscribió, hizo público -sin embargo- su decisión de mantenerse unido a los demás.

El programa de gobierno, de 177 páginas, fue elaborado por 31 grupos de trabajo, con la participación de más de 400 especialistas. Es un documento a la vez claro y exhaustivo. Está dividido en cinco grandes capítulos, en los que se aborda sucesivamente la estrategia de recuperación de la institucionalidad democrática; la futura acción de gobierno; la estructuración de una sociedad productiva sobre la base de una alianza estrecha entre los sectores público y privado; y las propuestas específicas para mejorar la deteriorada calidad de vida de los venezolanos. Incluye asimismo los lineamientos de la política exterior que se postula. Se trata de una propuesta seria y concreta, de lectura fácil, producto de un esfuerzo singular que comenzó en el año 2009.

El candidato que hoy parecería contar con más posibilidades de imponerse en las elecciones primarias es Henrique Capriles, un abogado nacido en 1972, hoy gobernador del Estado de Miranda (donde en 2008 venció nada menos que a Diosdado Cabello, uno de los hombres fuertes del régimen de Hugo Chávez). Capriles tiene una amplia experiencia política y de gobierno, desde que ha sido vicepresidente del extinto Congreso de la República, presidente de la Cámara de Diputados y, por dos veces, Alcalde de Baruta. Fundador del partido Primero Justicia, es católico, de madre judía. Como Leopoldo López ha declinado su candidatura a favor de la de Capriles, aparentemente sólo Pablo Pérez podría, quizás, ser un oponente de algún cuidado.

Si en las elecciones presidenciales venezolanas de octubre próximo la oposición lograra derrotar a Hugo Chávez, el triunfo obraría de bisagra política, particularmente en aquellos países cuyos regímenes comulgan o simpatizan con el de Chávez. El resultado impactaría también el futuro de Cuba, cuya deteriorada economía hoy se mantiene a flote gracias a los aportes venezolanos.

Dentro del programa de gobierno de la oposición, me referiré solamente al capítulo particular de la política exterior. Para ella los 12 años de gobierno de Hugo Chávez han generado para Venezuela un balance muy negativo, caracterizado por un creciente intervencionismo en los asuntos internos de otros estados; una estrategia externa sumamente confrontativa; alianzas geopolíticas ajenas a la tradición pacífica y democrática del país (seguramente en referencia a las que Chávez ha enhebrado con Irán, Bielorrusia y la Federación Rusa); y una actitud de corte belicista justificada en supuestas agresiones externas. El petróleo, sostiene, ha sido mal utilizado, esencialmente como arma de chantaje político internacional. Para la oposición todo ello, más el manejo irrespetuoso de la legalidad internacional, ha contribuido al desprestigio exterior de Venezuela, que es evidente. En rigor, es cierto que sólo el petróleo ha impedido su aislamiento en el escenario internacional.

Entre sus diferentes propuestas concretas en materia de acción exterior, cabe mencionar la de crear -dentro de la OEA- una Comisión Interamericana de Protección a la Democracia con el objeto de evitar que otros sufran un proceso similar al que ha sufrido la democracia venezolana. La estrategia propuesta supone asimismo adoptar una política moderada en el seno de la OPEP; el re-examen de las relaciones con Cuba; una actitud firme contra el terrorismo, el narcotráfico y el crimen organizado; y poner en marcha una política activa de desarme, especialmente a nivel regional, en lo que sería una ponderable contramarcha con el armamentismo adoptado desde que Chávez asumiera la presidencia de Venezuela.

En el corto plazo se invitará a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a visitar Venezuela. Además, se reanudarán las relaciones diplomáticas con Israel y se impulsará la profesionalización en el manejo de las relaciones externas del país. En el largo plazo, se procurará reorientar los objetivos de UNASUR hacia la defensa de la democracia y de los derechos humanos, en coordinación con la acción impulsada desde la OEA.

Para la oposición venezolana, la victoria en las elecciones del 7 de octubre es el objetivo. Perfectamente posible, por cierto, pese a la sombra del fraude que algunos creen pudiera ocurrir. Hasta ahora, la marcha opositora en esa dirección ha sido ejemplar. Con un amplio nivel de debate político y conductas transparentes. .

Si el pueblo venezolano consigue desplazar del poder a Hugo Chávez podrá recuperar una democracia hoy seriamente deformada como consecuencia de concentrar excesivamente el poder en manos del Ejecutivo, destruyendo los equilibrios y contrapesos entre los distintos poderes que conforman la esencia misma de la democracia.

Podrá también poner fin a una inédita ola de populismo desenfrenado, basado en las dádivas, la perversión de todos los principios; la demonización del adversario; y la siembra constante de resentimientos con los que se lastima ex profeso al plexo social. Y hasta terminar con una ola de corrupción generalizada. En síntesis, podrá volver a vivir en un estado de derecho, en lugar de un flotar en un ambiente en el que el capricho, la arbitrariedad y la discrecionalidad de un líder reemplazan a la ley.

Para quienes estamos preocupados por el deterioro de la democracia en la región, la interesante gesta que ha puesto en marcha la oposición venezolana apunta a la que -en el plano de la política y las ideologías- puede transformarse en la madre de todas las batallas en América Latina.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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