Violencia en Río: peligra la exitosa pacificación por la falta de recursos

Una ola de ataques del crimen organizado encendió la alarma; renunció el arquitecto del plan de seguridad
Alberto Armendáriz
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17 de octubre de 2016  

El ex jefe de seguridad de Rio, José Beltrame
El ex jefe de seguridad de Rio, José Beltrame Fuente: AFP

RÍO DE JANEIRO.- En crisis financiera, bajo la presión de los grupos narcotraficantes y de las milicias, sin un liderazgo político fuerte y con cambios en la cúpula de seguridad, el estado de Río de Janeiro enfrenta un panorama incierto que pone en riesgo los avances del proceso de pacificación implementado en los últimos años.

El lunes pasado, integrantes de la banda narcotraficante Comando Vermelho atacaron a tiros la Unidad de Policía Pacificadora (UPP) instalada siete años atrás en la favela de Pavão-Pavãozinho, una de las primeras en recibir este tipo de comisarías comunitarias. Entre disparos y explosiones, un clima de guerra se apoderó durante todo el día del morro de Cantagalo, entre los icónicos barrios de Copacabana e Ipanema; los vecinos salieron despavoridos, los negocios cerraron y se bloquearon calles, túneles y los accesos al subte de la zona, mientras llegaban refuerzos de la Policía Militar con camiones blindados y helicópteros. Los enfrentamientos dejaron tres atacantes muertos y tres policías heridos, entre ellos el capitán de la UPP.

Incursiones similares se vienen sucediendo desde el fin de los Juegos Olímpicos en favelas supuestamente pacificadas en barrios del centro, Santa Teresa, Tijuca y Rio Comprido. Pero el ataque de Pavão-Pavãozinho, por ocurrir en la turística zona sur, encendió todas las alarmas. Al día siguiente, el secretario de Seguridad del Estado, José Mariano Beltrame, "arquitecto" del proyecto de pacificación, presentó su renuncia al cargo que ocupaba desde 2007; 24 horas después, también anunció su salida el jefe de la Policía Civil, Fernando Veloso, ambos frustrados por la falta de recursos financieros para mantener en pie la estructura de seguridad que había permitido el renacimiento de la ciudad después de décadas signadas por la violencia.

"Estamos en un momento de crisis terrible en la política de seguridad que puede llevar a peligrosos retrocesos. El futuro inmediato es difícil de predecir", advirtió a LA NACION el sociólogo João Trajano, del Laboratorio de Análisis de la Violencia de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ).

El telón de fondo de esta situación es la profunda recesión que vive Brasil desde el año pasado. Mayor productor de petróleo del país, Río de Janeiro sufrió una grave pérdida de ingresos con la caída del precio internacional del crudo que obtiene de sus costas y ello repercutió de inmediato en las finanzas estatales, ya muy comprometidas con obras para los Juegos.

Ante la amenaza de no poder garantizar la seguridad durante los Juegos o no llegar a tiempo con las obras de infraestructura prometidas, en junio, el gobierno estatal decretó el "estado de calamidad". El entonces gobierno interino de Michel Temer autorizó una ayuda federal de emergencia de unos 910 millones de dólares, además del envío de unos 26.000 militares y efectivos de la Fuerza Nacional de Seguridad, gran parte de los cuales todavía se mantienen en el estado.

Sin embargo, más allá de la urgencia olímpica, la crisis se mantiene. Se espera que este año el estado de Río de Janeiro acabe con un déficit de 6000 millones de dólares y ya se estima que el estado no tendrá dinero suficiente para pagar en diciembre los salarios públicos y el aguinaldo.

Los enfrentamientos de esta semana en Pavão-Pavãozinho y, en especial, la salida de Beltrame resaltaron el riesgo latente en el área de seguridad.

"Hay una preocupación puntual, pero de emergencia e importancia, con Río de Janeiro por la relevancia del estado y el pedido del gobierno estatal", reconoció el ministro de Defensa, Raúl Jungmann, que evalúa extender por tiempo indeterminado la presencia de los militares en el estado, así como utilizarlos para evitar el ingreso de armas usadas por los grupos narcos que compiten por el control de los territorios.

Iniciado en 2008, el proceso de pacificación en las favelas logró establecer 38 UPP en un cordón de seguridad que le cambió la cara a Río y estableció un nuevo paradigma. La policía ya no entraba a las comunidades empobrecidas sólo en momentos específicos, sino que tenía una presencia constante a través de estas nuevas comisarías comunitarias integradas por agentes recién salidos de la academia de policía, no corrompidos por el narcotráfico y sin la mentalidad de guerra anterior que llevaba a ver a los residentes de las favelas como enemigos.

La iniciativa tuvo grandes éxitos en la caída de la criminalidad. Por ejemplo, los homicidios en el estado bajaron un 33% entre 2007 y el año pasado, y en la ciudad de Río la reducción superó el 51%. Sin embargo, en los últimos años hubo algunos tropiezos por la falta de recursos, con el aumento de robos de vehículos y a transeúntes, así como en las muertes de sospechosos a manos de la policía.

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