Violenta represión en Irán: 10 muertos

La policía disparó durante una protesta contra el gobierno; un sobrino del líder reformista Moussavi, entre las víctimas
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28 de diciembre de 2009  

TEHERAN.- Las fuerzas de seguridad iraníes abrieron fuego y mataron ayer a por lo menos diez manifestantes, entre ellos el sobrino de uno de los líderes reformistas, durante el mayor desafío de la oposición en las calles desde las controvertidas elecciones presidenciales de junio pasado.

Miles de iraníes inundaron las calles de Teherán y otras ciudades del país para celebrar la Ashura, la fiesta más importante y sagrada del calendario islámico chiita, que coincidió con el fin de los siete días de luto que los reformistas guardaron en honor al gran ayatollah disidente Hossein Ali Montazeri, que murió el domingo pasado.

La violencia estalló cuando miles de opositores, al grito de "muerte al dictador" (en referencia al presidente Mahmoud Ahmadinejad), desafiaron a las autoridades, que habían advertido que reprimirían con severidad cualquier manifestación organizada para coincidir con la Ashura.

Las fuerzas de seguridad lanzaron gas lacrimógeno, dispararon al aire y cargaron con sus bastones contra la multitud, pero no lograron dispersar a los miles de manifestantes que tomaron las calles de la capital. Luego dispararon directamente contra la gente y mataron a por lo menos diez personas, dijeron varios testigos, citados por diversos sitios de Internet reformistas.

Uno de los principales colaboradores de Mir Hossein Moussavi, candidato presidencial reformista en junio pasado, dijo que su sobrino de 35 años, Ali Moussavi, murió a causa de heridas de bala en un hospital de Teherán. El sitio en Internet de Moussavi y otra página reformista, Parlemannews, dijeron que Ali Moussavi murió en un enfrentamiento con la policía, que disparó contra los manifestantes. Otra de las víctimas habría sido un anciano que recibió un balazo en la frente y que fue cargado por los manifestantes mientras la sangre cubría su rostro.

Los manifestantes en Teherán trataron de impedir la circulación con barricadas, que cubrieron el cielo de un espeso humo negro.

La policía también había cerrado las calles que conducen al centro para evitar las concentraciones, pero muchos manifestantes lograron sortear el bloqueo y sumarse a las marchas antigubernamentales.

Más de dos decenas de opositores resultaron heridos, algunos de gravedad, en los choques con las fuerzas policiales y las temidas milicias basij, la fuerza paramilitar que responde a los Guardianes de la Revolución, el brazo armado del régimen.

De acuerdo con el sitio Nasimfarda, los peores enfrentamientos estallaron en la avenida Engelab (Revolución), escenario en 1979 de la revuelta contra el último sha de Persia, Mohammed Reza Pahlevi.

También hubo violentos choques en por lo menos otras tres ciudades de importancia: Isfahan y Najafabad, en la región central de Irán, y en Shiraz, en el Sur.

Al informar del arresto de unos 300 manifestantes, la policía iraní negó haber disparado contra la gente y dijo que los agentes no estaban armados. A última hora, sin embargo, un comunicado de la policía reconocía la muerte de cinco personas, sólo una a causa de las balas, y dijo que los incidentes estaban siendo investigados.

Condena internacional

La violenta represión fue condenada por los gobiernos de Francia, Italia y Estados Unidos, que la calificó de "violenta e injusta". "Condenamos tajantemente la represión injusta y violenta en Irán de civiles que buscaban ejercer sus derechos universales", afirmó en un comunicado el vocero del Consejo de Seguridad Nacional norteamericano, Mike Hammer.

Desde la violenta represión de junio pasado, la información sobre lo que sucede en el país ha fluido mayormente desde fuentes opositoras, a través de páginas web, ya que el gobierno prohibió a los medios y agencias internacionales asistir a las marchas y manifestaciones de la oposición.

A pesar de la censura, la peor pesadilla de las autoridades se convirtió en realidad cuando la muerte de Montazeri, que estaba bajo arresto domiciliario desde 1989, y la proximidad de la Ashura (la fiesta del nacimiento del movimiento chiita) desataron nuevas y masivas protestas.

Irán está sumido en una crisis política desde la reelección de Ahmadinejad, en junio pasado, cuando, apenas conocidos los resultados electorales, cientos de miles de seguidores del movimiento verde salieron a las calles para protestar contra lo que la oposición considera un fraude.

En aquella represión murieron por lo menos 30 personas (72 según algunas fuentes de la oposición), mientras que otras 4000 fueron detenidas. Desde entonces, la oposición ha aprovechado cualquier celebración o efeméride para retomar su protesta, como sucedió durante el funeral de Montazeri, cuando Moussavi prometió continuar con la lucha reformista.

Además, la república islámica se encuentra prácticamente aislada en el escenario internacional y podría ser blanco de nuevas sanciones por su controvertido programa nuclear, sospechado por las potencias occidentales de tener como objetivo la construcción de un arsenal nuclear.

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