A cien kilómetros de la verdad

Esteban Schmidt Para LA NACION
Esteban Schmidt Para LA NACION
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16 de mayo de 2011  

El puntero está a cien kilómetros de la verdad y de la vida política argentina, bonaerense, sonada y triste. Punto. Pero eso no es impedimento para que un drama inteligente y entretenido, a la altura de todo lo que los argentinos "informados" podemos comprender sobre el (mal) funcionamiento de las instituciones, se ofrezca en una ficción que tenga a la política argentina como ambiente y tema.

Esta anomalía de algo duro en el prime time dominguero de la tele abierta es una novedad que encantó al anunciarse, pero descorazonó en seguida, cuando vemos que el programa cede a la corrección antes que a dar un punto de vista y se abastece tanto del lenguaje fierita ya fosilizado por los imitadores de las radios como del cómodo grasunes vs. tilingos , antes que explorar en las adaptaciones permanentes de los modos de pedir y de negar que tiene una sociedad que es heterogénea, además de informal. ¡Oh, el pánico a aburrir, a que no resulte! ¡a ser controversial! El puntero no es del Pejota, ¡no! Puede hasta ser del PO si nos atenemos a la artística de la presentación, y el show lo balancea todo: el Gitano es duro y te caga a palos, pero por celos, ¡por amorrr!; es corrupto -se lo dice la misma hija-, pero te cambia la parada de colectivo de lugar con sus propias manos si tu niño discapacitado lo precisa.

Y la serie hace algo peor, que es compensar el impacto antipolítico que supone ver a la política en su primer plano pútrido, con una arbitrariedad, en este caso, la presencia de un obispo católico de opereta anticlerical, distante e insensible, al que los políticos se esfuerzan por servir, y que le pega tres tiros a la inteligencia del televidente, que grita en la casa: "¡No hacía falta!". El Gitano, el puntero compuesto por Julio Chávez, es una versión para Titanes en el ring de un dirigente panperonista de la tercera línea, a veces escribano, y a veces patovica de la pobreza: vos sí; vos, no; vos, sí; vos, no.

También nos frustra que esta historia de un hombre con una vocación de servicio, sí que informal, y que media entre un Estado escorado y un pueblo vasto con necesidades básicas insatisfechas, no alcance, y los autores eleven a la enésima una subtrama de amor-desamor, con todo su péndulo tedioso, para que ésta sea la guía de toda la serie.

Una cosa más: no hay nada en el programa que aluda al sistema económico que ha facilitado este sistema de dominación política que se recrea. Con tantos resguardos, las decenas de miles de consumidores argentinos de HBO que mejoraron todos estos años sus vidas con series, como The Sopranos o The Wire, le escaparán a El puntero sin remedio.

Twitter: @estebanschmidt

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