
AC/DC: por la autopista al infierno con el motor del rock and roll
Puro rock: el viernes y el sábado llegará por primera vez la banda australiana, para presentarse en el estadio de River.
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Riffs inconfundibles. Látigos cortos y filosos que te vuelan la cabeza. Es sólo rock and roll. Sí. Hablamos de AC/DC. No hablamos de experimentación ni de vanguardia sino del viejo y querido rock and roll. Y ellos saben hacerlo. Piensen. De cada uno de sus discos hay siempre más de un tema con destino de futuro, que va a quedar pegado en tus neuronas.
La historia de la banda tiene guión de película. De road movie. Su primer show lo dieron en su Australia natal en la Nochebuena de 1974. Los dos hermanos Young, Angus y Malcolm, guitarristas ambos, encontraron un nombre que definiría un estilo: la abreviatura (¿alguien no lo sabe?) de corriente alterna/corriente continua, que tiene cualquier aparato eléctrico. Ya por ese entonces Angus había adoptado la vestimenta que lo acompaña hasta hoy, el típico traje de colegial con el que se transforma y descontrola como un Batman/Bruno Díaz.
Desde entonces, hasta 1979, cuando se trasladan a Inglaterra, pasaron años de camioneta, pubs perdidos en esas extensas y solitarias llanuras que imaginamos con canguros, y varios discos que no vendían nada.
Claro que cuando viajaron al Viejo Continente llevaban bajo el brazo una bomba de tiempo, su último disco "Highway to Hell", una autopista al infierno plagada de connotaciones adolescentes y sexuales.
El disco negro
La alegría no duró demasiado, el 21 de febrero de 1980 muere Bon Scott, el cantante de la voz quebrada. Un auténtico rocker que murió en su ley, la de los excesos. El shock, imagínense, fue terrible. Pero la banda logró digerir el mal trago y se dispuso a la búsqueda de un reemplazante. Pruebas y más pruebas les permitieron encontrar a Brian Johnson, un inglés que supo tomar la posta que había dejado Scott y perfeccionar aún más ese estilo. Aunque algunos de los más fanáticos seguidores de la banda siguen aún hoy extrañando al original cantante, Johnson se acopló a la perfección. El equipo demostró en seguida que funcionaba: ese mismo año salió "Back in Black", una negra portada que pintaba el estado de sus almas. Un disco con destino de clásico que comenzaba con unas lúgubres campanas funerarias antes de descargar un seguidilla de poderosos rockanrolles que conmovieron al mundo.
Un año después, con la banda ya asentada, salió a la venta "Dirty Deeds Done Dirty Cheaps", con las cintas que habían quedado de la época de Bon Scott. Y en 1984 se reeditó el primer registro del grupo, un Ep llamado "Jailbreak".
Ese mismo año, y cuando el mundo ya era de ellos, el baterista Phil Rudd se bajó del camión, según aclaró entonces, porque quería vivir y a ese ritmo de giras y locura no duraría mucho. El reemplazante fue Chis Slade.
No fue el único con problemas. Durante la gira de 1991, Angus decidió apartar del asunto a su hermano Malcolm, que estaba abusando del alcohol más allá de lo tolerable, para que las cosas salieran bien. "Pensamos en ofrecerle el puesto a Keith Richard -dijo entonces Angus-, era tan buen guitarrista como Malcolm, pero decidimos que no porque también era igual de bueno con el trago." El puesto fue tomado por otro Young, el primo Steve. Pero por poco tiempo. Malcolm se encarriló y volvió al redil.
Las cosas retornaron definitivamente a la normalidad, estaban preparando "Ballbreaker", su hasta ahora último álbum, cuando también regresó Rudd. Lo habían vuelto a ver en la gira por Nueva Zelanda, donde andaba volando helicópteros. El reencuentro incluyó charlas, abrazos y recuerdos. Poco después, ya en Londres, la banda comenzó a trabajar en el disco y Rudd andaba por allí. Se encontraron y se pusieron a zapar. Todo el mundo comenzó a sonreír. La magia había vuelto.
Con él fue más fácil volver al viejo y crudo sonido de los orígenes. Contaron además con la ayuda del productor Rick Rubin, un especialista en sonidos duros que ha trabajado con Slayer y Beastie Boys y es un fan de los australianos desde niño. El disco pone las cosas en claro desde el primer tema:"Hard as a Rock". Sin vueltas.
El viernes y el sábado próximos estarán finalmente aquí para mostrar lo que saben. Rockear. Cita de honor.
Los aspectos técnicos de un gran show
"Ballbreaker Tour": AC/DC cuida cada detalle para que todo salga perfecto. Supervisa, incluso, a las bandas que serán soportes.
No es una banda cualquiera. Y los aspectos técnicos deben calibrarse cuidadosamente cuando tanta electricidad va a sacudir el aire en el estadio de River. La estructura del escenario tendrá 70 metros de ancho por 18 de alto, incluyendo grandes pantallas de video y las alas de sonidos. El piso tendrá 500 metros cuadrados. La escenografía que diseñó la banda para el "Ballbreaker Tour" incluye una grúa de 13 metros de altura con una gran bola de demolición.
En cuanto a luces, se instalarán más de 300 kilovatios distribuidos en más de 200 metros de estructuras de aluminio, colgadas del techo del escenario. Habrá 10 seguidores, 40 luces móviles de última generación y una mesa digital de 180 canales.
Se traerá un equipo de sonido especialmente para AC/DC, ya que es un tema primordial para ellos. La banda sale de gira con su exclusivo sistema de monitores.
Nuevamente se verá en River un Jumbotron como el del recital de los Rolling Stones, y dos pantallas a los costados del escenario.
La banda cuida cada detalle. Los soportes, Divididos, Riff y Rata Blanca, fueron aprobados por ellos luego de escuchar los discos que les enviaron. Gente profesional. No hay duda.
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