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Al estilo de gran orquesta típica

Presentación de Orquesta El Arranque. Músicos: Camilo Ferrero y Jorge Spessot (bandoneones), Javier Weintraub y Pedro Pedroso (violines), Ariel Rodríguez (piano), Alejandro Schwarz (guitarra) e Ignacio Varchausky (contrabajo) Tobago, Alvarez Thomas 1368. Nuestra opinión: muy bueno
Gabriel Plaza
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21 de agosto de 2000  

La orquesta El Arranque apareció en una época de crisis de la típica como institución tanguera, y con el tiempo logró transformarse en una de las agrupaciones que más evolucionaron. No sólo eso, sino que mantiene un nivel de continuidad que le otorgó una solidez extra en el escenario, que marca la diferencia con respecto a otras agrupaciones.

El septeto está en busca de una identidad, con arreglos propios que le permitan crear sobre el trabajo que supieron marcar los grandes directores estrella de las décadas del 40 y 50, un sonido personal.

Eso es lo que consiguieron demostrar en un diminuto escenario, donde con energía y refinamiento mostraron el crecimiento de una agrupación que no tiene nada que envidiarles a las orquestas más experimentadas: muy buenos instrumentistas, dos voces de lujo y una solidez orquestal que lo convierte en una máquina sin fisuras.

La versatilidad de estos jóvenes músicos, conocedores de los yeites y secretos del género por la manera en que tocan, logran sostener una propuesta que se nutre también de diversos períodos estilísticos del tango: el grupo logra la inestimable aprobación de esos espectadores veteranos que supieron escuchar a las históricas orquestas y aplauden a rabiar durante toda la noche.

Repertorio exquisito

El Arranque se apoya en un jugoso repertorio que rescata clásicos como "Taconeando", de Pedro Maffia, o "Redención", con un arreglo original de Alfredo Gobbi, "que nunca llegó a grabar y por esas cosas del destino llegó a nuestras manos", dice Ignacio Varchausky, contrabajista y presentador del grupo instrumental.

La continuidad que consiguió esta orquesta durante estos cincos años de formación se convirtió en un valor agregado del sonido que reflejan en vivo. A pesar de que faltó el primer violín Ramiro Gallo, fue más que bien suplantado por el segundo.

Para quienes no vivieron la época dorada de las orquestas, El Arranque permite disfrutar de ese sonido sin perder casi nada en el camino. Y lo más importante: es una orquesta que logra sacarse cualquier tufillo antropológico, para transformar su búsqueda en una experiencia genuina y muy vital.

Es por eso por lo que una pieza de 1911 como "Pollo Ricardo", de Fernández, suena con tanta frescura como si hubiera nacido ayer. O un tema "nuevo" del guitarrista Alejandro Swartz, "Gran Hotel Venus", suena con la esencia de esas composiciones de antaño. Entre las grandes virtudes de la orquesta está su cantor Ariel Ardit. Parece salido de una postal del ´40, por su traje, su pelo engominado y su expresión similar a la de voces como la de Angelito Vargas.

Con un caudal vocal bien aprovechado y un fraseo justo que sigue el compás de la orquesta, recuerda a la época de los viejos binomios, cuando la voz era un instrumento más para el director. Ardit igual se planta con una personalidad que se lleva los aplausos más entusiastas de la noche. "Ave de paso", "Mariposita" y "Yo soy aquel muchacho" son los temas en los que Ardit luce su estilo dúctil, expresivo y romántico, que arranca los suspiros de las señoras casadas y solteras que abundan en la sala.

Nombre y estilo

La orquesta, firme en su línea de bandoneones y cuerdas, tiene una dinámica y un swing que enfervorizan a los aficionados en el tema de Julio De Caro, que le da nombre y estilo a esta joven agrupación, que suena con una veteranía sorprendente.

El Arranque se entrega al cadencioso melodismo de "Monólogo", de Carlos Passo, (bandoneonista de Gobbi). La orquesta tampoco desprecia el ritmo bien marcado y bailable que arrastran contrabajo y piano, o los motivos de percusión que aportan los fueyes o los efectos de lijado en los violines en "Aerotango", de Fernando Cabarcos.

Para la segunda parte el grupo sigue exhumando piezas clásicas como "La bordona", de Emilio Balcarce, y temas un poco más contemporáneos en el sonido, como "Cabulero", de Leopoldo Federico.

El Arranque se reserva a Lidia Borda, otra voz de lujo, para completar una fusión enriquecedora en los tangos "Vida mía", "La noche que te fuiste" y "Fruta amarga".

La nueva incorporación completa la musicalidad de esta formación. Borda, que cuenta con otro instrumento privilegiado, aporta su color y estilo femenino, sin olvidarse de su rol dentro de la orquesta.

El anuncio del final con "El cantor de Buenos Aires", en una soberbia interpretación de Ardit, sirve de prólogo de bises para una noche en la que El Arranque (vienen trabajando con respeto todos estos años) sacó chapa de orquesta típica, con todas las de la ley; y se ubica como uno de los mejores representantes del género tanguero en la actualidad.

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